Anarquismo e izquierda olímpica

Abel Ortiz


En el anarquismo ibérico actual hay muy pocos pensadores y comunicadores tan sólidos y solventes como Rafael Cid. La solidez y la solvencia le vienen, a mi entender, de un conocimiento exhaustivo, profundo y de primera mano de las vicisitudes libertarias durante las últimas décadas, de sus innumerables lecturas, de su brillante trayectoria profesional, y del trabajo conjunto con algunas de las figuras más importantes y nutritivas del anarcosindicalismo moderno, Eduardo de Guzmán, Peirats u Octavio Alberola, entre muchos otros.

En sus artículos, lejanos todos de eso que alguien, no recuerdo quién, llamó “lugarcomunismo”, presenta perspectivas diferentes, superadoras, de las que sirven de munición y catecismo a quienes nos bombardean sin descanso desde las troneras oficiales. Su honestidad intelectual y su independencia, están, para quien suscribe, fuera de toda duda (incluso de todo derecho a la duda). Mi gratitud personal hacia él es máxima como compañero en Radio Klara y como lector de sus trabajos. Cuando he acudido a él su respuesta siempre ha sido positiva. Gracias, Rafa (permíteme la familiaridad).

Los fines últimos del anarquismo, esos de los que hablaran Malatesta o Berneri, (la sociedad sin opresores ni oprimidos en la que todos alcanzan el máximo desarrollo posible) son el horizonte al que todos los que nos sumamos, más o menos torpemente, a “la idea”, queremos llegar. Por eso me ponen nervioso los artículos de Rafa Cid; me excitan. Esa excitación me resulta saludable, estimulante, intento desentrañar los recovecos por los que llega a conclusiones que a mí se me escapan o que directamente no comparto.

Partiendo de la misma, más o menos, realidad a nuestro alrededor y de que pretendemos llegar a sitios parecidos, de la comunidad de objetivos, intento explicarme cómo es posible que lleguemos a conclusiones en algunos casos tan dispares; especialmente en el análisis de la función de la izquierda más o menos parlamentaria, más o menos oficial.

Obviando mis posibles limitaciones cognitivas (difíciles de identificar para mí) encuentro en los márgenes menos marxistas y más personales del pensamiento de Walter Benjamin (a quien Rafa se parece incluso físicamente) una explicación o por lo menos un sucedáneo de tal cosa; la experiencia. Benjamin desarrolla una teoría del conocimiento anclada en el materialismo a la que añade de su cosecha, como factor clave, la experiencia.

Las experiencias personales explican muchas veces las divergencias entre quienes están próximos en la teoría. La experiencia es individual e intransferible. La llevamos puesta y es muy difícilmente trasladable.

El conocimiento, el saber, para ser tal, explicaba Castilla del Pino (marxista y psiquiatra, no necesariamente por ese orden) debe ser verificable y comunicable. La experiencia, que Benjamin pretende sumar al conocimiento teórico, sin embargo, es mucho más difícil de comunicar. Dicho de otra manera, menos Benjaminiana y un tanto pedestre, nadie escarmienta en cabeza ajena.

Podemos “saber” lo que pasó en Auschwitz. Pero la experiencia de Auschwitz, haber estado allí, es algo más; conocimiento.
Podemos leer a Eduardo de Guzmán contándonos lo que ocurría en Albatera. Eso puede acercarnos, darnos una idea. Pero eso no es conocer. La experiencia de Guzmán es intransferible y sólo quienes compartieron el cautiverio con él “conocen” lo que allí ocurría.

Esta digresión, no sé si muy oportuna, intenta explicar cómo las experiencias personales, evidentemente diferentes e incluso dispares, pueden explicar las distintas valoraciones de un mismo hecho incluso partiendo de presupuestos muy similares. Rafa Cid, más Kantiano, lo achaca, o así lo entiendo yo, a los prejuicios. No digo yo que no tenga razón.

Tengo la sensación, no la seguridad, de que cuando Rafa Cid, Alberola o Carlos Taibo, se refieren, desde sus experiencias (a su vez distintas), a socialistas, comunistas, socialdemócratas u otras variantes de la izquierda más o menos realmente existente, hablan de grandes magnitudes; gobiernos, aparatos, líderes. Es lógico que sea así pues por diferentes motivos han podido estar más cercanos a eso, desde el periodismo, la universidad o la militancia histórica. Cuando, por ejemplo, Alberola habla de poder popular, recriminando la idea y la expresión, (cualquier poder es por definición anti anarquista) se entiende que detrás surgen las imágenes de Chávez, Morales o Mujica. Da por supuesto, sus razones tendrá desde su experiencia, que no se habla de ranchitos, indígenas o derechos. Cuando Rafa Cid, también desde su experiencia, habla de socialistas parece que vemos detrás la figura de Felipe González flanqueado por Carlos Slim, de Solana dirigiendo la OTAN, de Zapatero indultando banqueros, de Toni Blair en las Azores o de Mitterrand mafioseando en África y en Mururoa. No se intuyen a los maestros socialistas de pueblo, o a los sindicalistas de base, no evidentemente porque no sepa que existen sino porque para él no son el primer plano, no son relevantes.

Hablando con Rafa Cid en la radio con motivo de la anterior huelga general intentaba transmitirle, con poco éxito, lo diferente que se ven las cosas, esa movilización en concreto, pero también otras, desde Madrid o desde Mieres. Diferente experiencia, diferente percepción. En Mieres un socialista no es un subsecretario, un ministro, un asesor o un burócrata, es un vecino al que ves a diario y con el que comentas cosas sobre el poder lejano e inaccesible y al que cuesta mucho contemplar como enemigo. En Mieres, en Ponferrada, o en Marinaleda, un comunista no es un totalitario aspirante al poder, ni un desfilante atrabiliario portador de estandartes amenazantes, es una anciana amable que sufrió cárcel durante las huelgas del 62 y se sienta a tu lado en el parque.

Comparto con Carlos Taibo prácticamente todos sus presupuestos: El decrecimiento, el ecologismo hasta sus últimas consecuencias, el anti patriarcalismo….Y sin embargo, diferentes experiencias, no puedo evitar pensar…de acuerdo, pero mañana… ¿qué comemos?

Rafa Cid, y Taibo, insisten, en algunos casos como piedra angular de su discurso, en igualar las políticas de todos los grupos parlamentarios. Y culpan a la izquierda que ha gobernado, sobre todo al psoe, pero no sólo, del aumento de las desigualdades y de la situación actual. Es su experiencia. En la mía, de vuelo probablemente más bajo, como paciente y padre, no es lo mismo un hospital de Alicante que uno de Gijón, ni un colegio de Valencia y uno de Avilés. Probablemente los servicios públicos serían todavía mejores si gobernara IU, y mucho mejores si fueran autogestionados en una sociedad libertaria. Hay una gradación.

Uno de los líderes del black power, no recuerdo cual, Baldwin o Carmichael, explicaba que él no era marxista. No porque no estuviera de acuerdo con Marx sino porque no lo entendía. Eso me pasa a mí con Rafa Cid, Taibo o Alberola, no sé a dónde quieren ir a parar ¿desapareciendo la izquierda parlamentaria, incluso la extraparlamentaria, estamos más cerca de la anarquía? ¿La derecha se volatiliza una vez desaparecida la izquierda? ¿si el psoe desaparece habremos cruzado el Rubicón? ¿O, tal vez, otro partido, con otras siglas, ocupará su espacio electoral con presupuestos muy similares y vuelta la burra al trigo?

El antiparlamentarismo lo comparto pero debo compaginarlo, por ejemplo, con mi admiración por Ángel Pestaña que fundó un partido, el sindicalista, se presentó a las elecciones y ocupó su escaño. O el partido socialista libertario de Horacio. M. Prieto, o el partido libertario de José Leiva. Si no recuerdo mal o estoy mal informado también García Oliver, con Jover y García Vivancos, formó un partido político, el pot, partido obrero del trabajo.

Durante los últimos años el problema para todos, izquierda y derecha, era Zapatero. Los más demoledores ataques contra Zapatero surgieron del propio Psoe, del aparato, de los rescoldos del felipismo, hoy reavivados. Los de Prisa, supuestos amigos, por tierra, mar y aire, utilizaron todas sus baterías contra la descentralización, las leyes más sociales. Preferían a Rubalcaba, Bono, Ibarra o Chaves. También para Rafa Cid o Taibo, Zapatero era fuente y principio de todos los males o de buena parte de ellos. Zapatero ya no está, gobierna Rajoy…. ¿En qué hemos mejorado? ¿ha merecido la pena el esfuerzo para acabar con él?

El problema, la discrepancia es ¿Qué debemos hacer cuando gobierna el psoe, tirar de él hacia la izquierda o empujarlo a la derecha? ¿inhibirnos? ¿ignorarlo?

En teoría estamos de acuerdo sobre la valoración de la socialdemocracia, sobre el papel del psoe. Es parte del sistema, es complice necesario, ha traicionado sus propios principios. Pero las preguntas siguen ahi…¿es mejor que exista una ley de dependencia o no? ¿nos da igual o no que exista una ley de matrimonio gay? ¿nos da igual o no que se pague con dinero público la educación segregada en los colegios del opus?. Son minucias, claro, el sistema no se resiente, las desigualdades persisten, los banqueros no desaparecen…Sin embargo las preguntas no se desvanecen. La dialéctica del bueno o malo, la dialética del mejor o peor. ¿No se puede ser crítico con el psoe sin renunciar a esas migajas? ¿No podemos pensar que a pesar de que los anarquistas no apoyaban la república preferían ésta a la dictadura de Primo de Rivera?. El psoe tiene material para ser criticado como para escribir más volúmenes de los que tiene la enciclopedia británica. ¿No es injusto y no da lugar a confusión y a maximalismos achacarle también la caida del imperio romano?.

Rafa Cid acababa sus artículos, hablo en sentido figurado, no literal, con un delenda est Zapatero, igual que Ortega acababa los suyos con aquel famoso delenda est monarchia recogido a su vez del célebre delenda est Cartago de Catón el censor. Cartago ya no existe, Zapatero ya no está. Lo de la monarquía mejor no menearlo….

Seguiré escuchando, leyendo atentamente e intentando comprender a Rafa Cid como fuente de conocimiento y cómo estimulante. Renunciar a mi experiencia, contraria al cuanto peor mejor, me va a resultar más difícil.

Un comentario en “Anarquismo e izquierda olímpica

  • el 26 octubre 2012 a las 15:58
    Permalink

    Estoy bastante de acuerdo contigo.

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