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La tortuga

José Nieto

El auto del juez Pedraz ha puesto el dedo en una de las llagas más sangrantes del momento sociopolítico de este país. Y la clase política,  sintiéndose atacada, ha dado el lamentable espectáculo de poner en práctica, una vez más, la táctica de la tortuga. Esta técnica de las legiones romanas consistía en agruparse en formación muy cerrada protegiéndose unos a otros, por los cuatro costados y por encima de sus cabezas, formando con los escudos una especie de caparazón hermético.

Debajo de la tortuga, nuestros políticos, sin distinción de ideologías, se sienten bien protegidos y parecen  deglutir sin inmutarse los sapos de gran tamaño que arrojan una y otra vez sobre ellos las últimas encuestas de opinión, incluyendo lo barómetros del CIS. En ellos, los ciudadanos perciben a la clase política como el tercer problema de la nación después del paro y de la situación económica. A esto hay que añadir que, en cuarto lugar a la gente le preocupa la corrupción, que está, directa y mayoritariamente, relacionada con cargos públicos. El grado de desconfianza hacia ellos va del 78% que ostententa el presidente del Gobierno hasta el 84% que adjudican al líder de la oposición.

No resulta sorprendente que el auto haya desatado, hasta el insulto, las iras del PP. El haber desmontado la falacia del gobierno, que ha desmontado la falacia del gobierno, que ha querido presentar las pasadas manifestaciones como un intento de golpe de estado, choca frontalmente con su idea de la Justicia: Para ellos, igual que el poder y la riqueza la Justicia les pertenece por designación divina (como todo el mundo sabe) y por lo tanto tiene que estar siempre a su servicio.

Sin embargo, sí sorprende, y mucho, la reacción de los demás partidos del arco parlamentario. Parece que sólo hubiesen leído una frase del auto, la única por la que se han sentido afectados, la única digna de mención «[…] la convenida decadencia de la denominada clase política […]»

Y tan dentro de la tortuga están, tan ciegos, tan sordos, tan insensibles, tan aislados, que no se han dado cuenta que con su reacción solo han demostrado precisamente eso: su decadencia.

José Nieto

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