Sin vergüenza

El dedo en el ojo de Félix García Moriyón

Félix García Moriyón
Félix García Moriyón

Para asombro de la ciudadanía, se suceden las noticias con un desparpajo inusitado. Parece que cada día vamos a descubrir algo peor que el día anterior, en una crisis que no acaba y que ya se parece más a una larga depresión en la que son muchas las cosas que han quebrado. Quizá lo que más asombro me produce es la poca vergüenza con la que muchos miembros de la élite en el poder están transmitiendo la información. No les da ninguna vergüenza contar lo que cuentan y, lo que es peor, no se consideran culpables de nada, sino más bien personas que están haciendo lo que pueden en un escenario excepcional. En la ética más tradicional, las personas que actuaban sin vergüenza ni pudor eran llamados, con cierta razón, sinvergüenzas. Según el Diccionario, el sinvergüenza es un pícaro o bribón, aunque creo que es más adecuada la segunda acepción: persona «que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades».

Nuestras élites no sólo son pícaras y bribonas, sino que además no sienten la más mínima vergüenza por serlo y no consideran que deban asumir ninguna responsabilidad por sus actos. Son un contraejemplo de lo que debe ser un buen gobernante y un buen ciudadano.

El asunto es grave porque parece una epidemia que asola a todos los personajes de la élite dominante. Chistopher Lasch, un sólido crítico de la izquierda, ya lo definió en 1995 en un libro titulado La Rebelión de las élites y la traición a la democracia, título prestado de un libro de nuestro pensador emblemático de la derecha bienpensante, Ortega y Gasset, La rebelión de las masas. Su tesis central es clara: las élites se han entregado a un hedonismo codicioso y han roto el compromiso moral que les vincula a la sociedad a la que en definitiva le deben lo que son, renunciando estar a la altura de las circunstancias, no asumiendo las responsabilidades que les corresponden y mostrando tanto en su vida pública como en la privada una ejemplaridad que se da de bruces con las virtudes que sustentan la democracia real como ideal de vida. En un artículo publicado hace unos meses, comparaba el comportamiento de esta élite poderosa con el de los miembros de la familia de la Mafia, la cosa nostra.

Repasemos noticias recientes y veamos cómo estamos. Podemos empezar con aquellos indultos ya comentados en esta sección concedidos entre otros a Alfredo Sáenz, un eximio representante del poder financiero español. Recordemos como nuestros dos últimos presidentes de gobierno —la cúpula del poder ejecutivo— pasaron a formar parte de la élite de poder, asociados con algunas de las mayores fortunas de la Tierra, como Murdoch (José María Aznar) o Carlos Slim (Felipe González). Su «desinteresada y altruista» dedicación a la cosa pública, ha sido muy bien remunerada una vez dejado el cargo. En absoluto se avergüenzan de esas connivencias con los poderosos y más bien parecen sentirse personalmente gratificados por su inclusión entre la élite mundial

Pasemos luego a los que están en activo. Nuestro Jefe de Estado fue «pillado» en un safari al que había ido con su amante oficiosa. Supongo que, tras haber dicho que el paro no le dejaba dormir muchas noches, necesitaba un descanso. Apenas unas breves palabras dichas de pasada le parecieron suficiente explicación. Y eso por no hablar de su yerno y su hija; o de sus amistades peligrosas. Vamos, que mucha vergüenza no tiene, aunque a estas alturas, quizás termine pareciéndonos un comportamiento laudable.

El jefe del poder judicial, Carlos Dívar, es pillado con una abultada agenda de viajes que tienen toda la apariencia de ser viajes de recreo, no de trabajo. Y pagados, claro está con fondos públicos. A pesar de la denuncia, el asunto no prospera porque no ha hecho nada ilegal; desde luego si ha hecho lo que dicen que ha hecho, su comportamiento es inmoral e ilegítimo. En todo caso, ni siquiera hay una mínima explicación ni una aclaración. Parece ser que se considera más allá del bien y del mal. Vamos, le falta tener un poco de vergüenza. Por cierto, el ministro Gallardón considera que su comportamiento es irreprochable.

Para seguir con el poder legislativo, cerrando el círculo de los tres poderes democráticos, ahí tenemos a nuestros eurodiputados que en masa (46 de 50) en contra de viajar en turista. Tampoco se sienten especialmente avergonzados, pues deben pensar que merecen viajar en clase preferente, y sólo hay una patética rectificación del PSOE tras la presión recibida en Twiter y de UPyD, que no lleva a ningún sitio. Tampoco ene ste caso muestran mucha vergüenza.

Damos una vuelta de tuerca más con el ejemplo paradigmático de la colusión entre los diferentes poderes, los políticos y los económicos, las Cajas de Ahorro. Ante el desastre de Bankia, su nuevo presidente, Goirigolzarri, declara sin inmutarse que no se van a exigir responsabilidades a los anteriores gestores. Parce que los gestores solo asumen responsabilidades cuando se trata de embolsarse beneficios. Los dos grandes partidos tampoco consideran que sea necesaria una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados. Ni siquiera el representante de Izquierda Unida en el anterior consejo parece dispuesto a salir a la arena pública a rendir cuentas de lo ocurrido. Lo dicho, no sé cómo no se les cae la cara de vergüenza.

Todo pastel debe tener su guinda, y este artículo también. Christine Lagarde le pide a los griegos que paguen más impuestos y que no se quejen mucho, pues a ella le preocupan más los niños de los pequeños pueblos de Níger. Por cierto, ella, con un salario superior a los 300.000 € anuales, no paga impuestos. Y parece ser que Aurelio Izquierdo, exconsejero de Bankia quiere reclamar 14 millones de euros por su despido. No debemos seguir asombrándonos: igual la ley le ampara y tendremos —Bankia ya está nacionalizada por un liberal puro como Guindos, quien fiel a su programa privatiza beneficios y socializa pérdidas— que pagarle esa indemnización.

Como todo indica que actúan sin vergüenza, quizá sea más correcto, y también más justo, llamarlos sinvergüenzas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies