Apuntes sobre Mierdología

Abel Ortiz

La palabra mierda es, según el diccionario, polisémica y tiene muchos usos coloquiales casi todos metafóricos. No es, o no lo parece, un término científico. En los escritos de los grandes pensadores homologables como tales (el adjetivo, no el señor de Mileto) aparece poco. Sin conocer a fondo las obras completas de Voltaire, Sartre, Kant, Proudhon, Marx, Herzen, Bakunin, Bertrand Russell o Walter Benjamín, por citar, a modo de ejemplo, sólo unos pocos pensadores, me atrevería a decir que no utilizan, la mierda, como concepto, ni la manejan como categoría. En matemáticas, física o química, materias en las cuales mi ignorancia también es transoceánica, no suele aparecer mucho, o eso afirma, y lo haría ante notario, un preclaro amigo, genio de las ciencias, que hizo, con asombrosos resultados, primero de veterinaria por la UNED.

Es pues, me arriesgo a lanzar como hipótesis original, (aunque podría inventarme un sociólogo húngaro de entreguerras o un semiólogo canadiense, alumno de Lacan, que me avalara) una palabra literaria, casi poética, utilizada sobre todo en la creación artística.

La mierda de artista enlatada por Manzoni en los sesenta y vendida a precio de oro, o la mierda que comería el coronel de García Márquez como último recurso gastrolírico, son algunas de las utilizaciones creativas más famosas de la «idea» mierda. No parece, a pesar de su reiterada aparición en la literatura a lo largo de los siglos, que exista una mierda platónica, ejemplar, sub specie aeternitatis, una mierda que suscite consenso descriptivo; la mierda total y definitiva.

De esta manera no es raro encontrar disparidad de opiniones a la hora de usar el significante o/y el significado con algún método o patrón. Para algunos participantes en el experimento que el Departamento de Ciencias de la Probabilidad llevó a cabo, durante el verano de 2009, en la Universidad Politécnica de Nasdrovia, aleatoriamente elegidos, la música de Mozart resultó ser una mierda, sin más explicación, mientras otros, igualmente respetables, no admitieron como posible, ni cómodo, excretar por el ano, aún siendo este de Salzburgo, un réquiem o una opera, ni siquiera una sonatina, por muy molto vivace que fuera. Es decir, el criterio para utilizar correctamente el sustantivo, o la interjección, no ha sido fijado por escuela, academia o universidad ninguna, ni existen masters o cursos de verano donde puedan acudir los sedientos de saber, que de todo hay. El rigor y la mierda pues, salvo quizá en la nueva cocina y en el movimiento fílmico dogma, se repelen.

En política, como en la guerra, el amor y las hipotecas, vale todo. Es aquí donde la mierda se vuelve polémica. Una mierda polémica, para la mayoría de politólogos, incluidos chinos y mormones, que no suelen posicionarse en público, puede arrastrar sociedades, soliviantar masas, azuzar revoluciones, calentar ambientes globales o no, y, por supuesto, apoyar a un candidato a lo que sea. Para eso se produce la mierda artificial en laboratorios de última generación. La mierda real, indiscutible, unificadora, la que huele en Avellaneda, o en los tribunales, valencianos en particular y españoles en general, está fabricada en las usinas más rentables de la escuela de Chicago por ingenieros rubios con ojos azules y obreros renegridos, la última actualización de los esclavos negros.

En algunas, bastantes, plazas ibéricas, con denominación de origen, la mierda es motivo de controversia. El slogan igualitario utilizado por algunos, muchos, no todos, de los asamblearios es lacónico: PSOE-PP la misma mierda es. Aquí, donde quería llegar, es donde detecto un posible error de concepto; la identidad, lo idéntico. Parece claro que la idea básica, que ambos partidos son una mierda, es mayoritaria en las manifestaciones indignadas y, en tanto que opinable, se puede discutir, hasta el hartazgo, sobre matices, cromatismos o grados de pureza. Sin embargo, deducir de semejantes premisas que las dos mierdas son la misma, iguales, idénticas, es difícilmente sostenible.

Una mierda socialdemócrata y una mierda cristofascista, mierdas las dos para millones de excluidos, no son idénticas, por eso tienen apellido, para diferenciar el producto a la hora de comprar, para rastrear al fabricante. Detrás de esta controversia late la idea fuerza del bipartidismo, el turnismo, como eje del sistema. Igualando las mierdas se pretende aludir, con acierto, a la complicidad necesaria de los socialdemócratas para con los ultraliberales a la hora de encender el ventilador que esparce la materia pringosa objeto de este estudio, embadurnándonos a todos.

La imagen ha cundido y funciona porque es hiperrealista. Pero no se sujeta, va más allá de la realidad, se adelanta. Cuando en Argentina, después del saqueo llevado a cabo, entre otros, por “emprendedores” españoles, acabaron hartos de políticos chorros, inventaron el «que se vayan todos», obviando el donde, antecedente inmediato del «la misma mierda es», afinando mucho más. Todos significa todos, hallazgo. No hay nada que matizar, que entender, ni que explicar, es clara y taxativa: Todos, sin exclusión.

Cuando se dice que el PSOE es la misma mierda que el PP, salen de inmediato injusta y peligrosamente beneficiados todo el resto de partidos, tan mierdas como esos, algunos incluso más, que no caben en la consigna. Convertir el bipartidismo cortijero en la máxima fuente de males es una idea atractiva pero dudosa. En los países en los que entran en cuestión más formaciones políticas a la hora de formar gobierno y las coaliciones son habituales, algunas de hasta seis partidos, las cosas no son mucho mejores; Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Grecia o Italia pueden servir de muestra. El que la derecha y la izquierda parlamentaria se subdividan no arregla mucho, quizá algo si, las cosas; mejorismo. El famoso arco parlamentario podría mantener los mismos límites, a izquierda y derecha, con ocho partidos o con catorce. A la transición de la nada, o el Todo, que viene a ser lo mismo, a ninguna parte y siguientes me remito.

Si Convergencia i Unió, el partido de Rosa Diez, Bildu o el foro de Cascos crecieran por esta lucha antibipartidista, la cantidad y calidad de la mierda permanecería, a mi corto entender, estable, más repartida, eso si. De la misma manera, y con el mismo razonamiento, es honesto pensar que si Izquierda Unida, la gran beneficiada, fuera mayoritaria, sería el PSOE, o al menos tendría un discurso muy parecido, y la formula serviría en contrario. O hablamos de revolución social, con un futuro siendo optimistas problemático, como no puede ser de otra manera, o nos contentamos con crucificar al PSOE y dejar las manos libres a todos los demás.

Mezclando los diferentes tipos en la probeta parlamentaria, jugando al quimicefa, la mierda siempre acaba saliendo azul. Este efecto termodinámico es difícil de evitar. Por eso se llenaron las plazas de gentes protestantes. Por eso cortaron rutas los piqueteros u ocuparon fábricas los parados. Peronistas, justicialistas, socialistas o populares. Apellidos para cartografiar el pasado, tan difícil de predecir.

Que los socialistas han cometido, y cometen ahora mismo, errores históricos, en algunos casos directamente canalladas, está fuera de discusión. Como todo el mundo. La diferencia es que la mayoría de la gente se equivoca en su casa, o en la calle, y ellos lo hacen, cuando pueden, en el gobierno. Las críticas no son de ahora, no son oportunistas, son serias y fundadas. No son acusaciones nihilistas de jóvenes inflamados de ardor revolucionario. Deberían escuchar más.

Chicho Sánchez Ferlosio en su romancero de Durruti: “Malditos socialistas vendidos al patrón, jugando con nosotros al gato y al ratón. Nos habéis traicionado sin ninguna vergüenza. Nos habéis desterrado y matado también. Habrá que hacer la cuenta de tantas injusticias, las cuentas de la sangre y de la libertad”. Malditas elecciones, siempre azules.

Los demás, beneficiarios del descalabro socialista, miopes, se frotan las manos; no hay razón. Todos tienen pasado, todos tienen su ración de mierda en el frigorífico preparada para servir. Mientras tanto, el pentágono, el vaticano, el fmi, y otras multinacionales exportadoras de mierda de primera calidad hacen caja.

El quince M, el conjunto de asambleas extraparlamentarias, en las que participo, de evidentes e innegables influencias libertarias, tiene el peligro de entrar a algunos trapos falangistas de gentes que mezclan mierda y sangre. Es conveniente volver a recordar que falange se creó, no lo digo yo, lo dicen ellos, para neutralizar a la CNT y conseguir masas que respaldaran el proyecto fascista. De ahí que su bandera sea roja y negra, sus camisas azules, de obrero, su discurso sindicalista y revolucionario. Su lema: Ni izquierdas ni derechas, el yugo y las flechas (creo que fue el Sartre de su época más libertaria, la última, quien dijo aquello de l’esprit est a gauche). Después colarían de rondón, como vimos, el verdadero objetivo, su patria, su dios y su justicia, la gran mierda y de las Jons. La revolución quedaba pendiente hasta nueva orden. Es el mismo sistema que utilizaron las contrapartidas de Gutiérrez Mellado y otros militares de la inteligencia franquista para acabar, en los cuarenta y cincuenta, con las partidas, los del monte, el maquis. Para paisanas y paisanos eran indistinguibles. Unos estaban disfrazados, otros no.

Para ilustrar la idea central “que se vayan todos a la mierda”, unos versos visionarios de la Polla Records:

Putos políticos del mundo entero
siempre a la orden del puto dinero
no nos dejáis ninguna otra salida
que hacer del mierdo nuestra forma de vida

Putos imbéciles, «correveidiles»
prostituyéndose de tapadillo
justificando lo que otros deciden
putos estómagos agradecidos

Siempre trapicheando con los votos
para cagarnos en nuestra miseria
viviendo alegremente de nosotros
siempre a nuestro servicio ¡¡Vaya jeta!!

Me la trae floja, títeres de Marte
si traéis pilas o vienen a parte
pero tengo una duda, que me pone malo
¿sois de madera o es que vais de palo?

Iros todos a la mierda, estamos hartos de la corrupción
Todos a la puta mierda, estamos hartos ¡Mecagüen dios!

Cobardes y ladrones escondidos
siempre al calor del sol que mas calienta
cada vez que sacamos la cabeza
mandáis la policía y nos revienta

Cuando la muerte es mejor que la vida
salen las ratas de la alcantarilla
cuando la desesperación estalla
llega la hora de la venganza

Iros todos a la mierda, estamos hartos de la corrupción
Todos a la puta mierda, estamos hartos ¡Mecagüen dios!

Iros todos a la mierda, estamos hartos de la corrupción
Todos a la puta mierda, valientemente con decisión.

Iros todos a la mierda, estamos hartos de la corrupción
Todos a la puta mierda, estamos hartos ¡Mecagüen dios!

Abel Ortiz

2 comentarios en “Apuntes sobre Mierdología

  • el 9 febrero 2012 a las 18:21
    Permalink

    Ésa noche cantábamos asi; ¡QUE SE VAYAN TODOSSSS, QUE NO QUEDEEEE, NI UNO SOLOOOO!, si querés ver como termina esta situación en toda europa mirá este video
    http://www.youtube.com/watch?v=XZWTG2gjRDM
    Pero no te confundas, NO SE FUE NINGUNO, hay que luchar mucho para dejar de ser UN BOLUDO CRÓNICO.
    Buenísima nota Abel
    (El que dictó la ley para dejar de pagar la deuda externa, llámese FMI o la paridad con el dólar, léase Euro aquí, fue Rodrigues Saa, un gobernador latifundista y medieval, no fue el hermano mellizo del Che, entendes?, lo próximo es salir del Eu, porque la rueda de hacer dinero sigue y no para nunca, cuando se llega a esta situación, se baraja de nuevo y adelante, se comprende?)

  • el 9 febrero 2012 a las 19:53
    Permalink

    Es verdad, Oscar, no se fue ninguno. Ahí están, rebozados. Temo que aquí sólo lo entenderemos cuando sea tarde, cuando se lo hayan llevado todo. Nunca se escarmienta en cabeza ajena. Boludos crónicos, aquí y allí.

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