Colisión nuclear a velocidad de crucero

Marcos Pla

Ayer por la tarde atrapó mi curiosidad, mi atención, el accidente en la costa de la pequeña isla de itialiana de Giglio, del crucero Costa Concordia.

Ya desde bien pequeño el hundimiento del mítico Titanic me fascinó, y devoré ávido una enorme cantidad de historias y detalles del naufragio, bastante antes incluso del film de James Cameron.

Seguramente porque representaba como ningún otro suceso que yo hubiera conocido hasta entonces, la ruptura, el resquebrajamiento entre el frágil equilibrio entre el hombre y la Tierra.

Por otro lado, recientemente asistí a la formación sobre energía nuclear que impartía la Plataforma Tanquem Cofrents, en la que argumentaban basándose en la teoría del caos, que la propia complejidad del despliegue tecnológico, del despliegue de recursos humanos de una central nuclear, constituyen en sí mismas un motivo para un posible accidente atómico y por lo tanto un motivo para pedir el cierre de estas instalaciones comerciales. Dicen que con un número tan elevado de variables a controlar y estando tan presente el elemento humano, las personas, por más que los sistemas de seguridad estén multiplicados, la concatenación de errores humanos y fallos tecnológicos es posible, y ocurre con mucha más frecuencia de lo que nos pensamos. La historia se empeña tozudamente en recordárnoslo.

El caso es que tras conocer el desenlace del Costa Concordia, me vino a la mente la lógica expuesta en esta charla y se estableció en mi mente una conexión entre los dos colosos, entre los dos complejos tecnológicos y auténticas proezas del ‘ingenio’ humanos: Una conexión entre la colosal central nuclear de Cofrentes y entre el coloso crucero de 292 metros de eslora de la italiana Costa Cruceros.

Algunos datos para ilustra la dimensión de estos gigantes:

CENTRAL NUCLEAR DE COFRENTES

Ubicación Cofrentes (Valencia)
Propiedad: Iberdrola 100%
Tipo: BWR (reactor de agua en ebullición), diseño General Electric (EE.UU.)
Potencia térmica (MWt): 3.237
Potencia eléctrica (MWe): 1.096
Refrigeración: circuito cerrado: torres de refrigeración
Vertido de efluentes líquidos radiactivos: al río Júcar
Autorización construcción: 09/09/1975
Autorización puesta en marcha:n 23/07/1984
Permiso de Explotación Provisional: 20/03/2011, valido por 10 años
Residuos radiactivos alta actividad (combustible gastado): en piscina en la propia central
Año de saturación de la piscina de combustible gastado: 2021
Ocupa 300 Ha
Utiliza uranio enriquecido para generar calor

Y ahora volvamos al gigante de acero con las tripas rajadas, varado, atrapado con sus 4229 personas en una islita de no más de 100 habitantes en invierno.

Algunos datos de este nuevo Titanic:

En servicio desde 2006
Construido en Italia a un coste de 450 millones de euros
Capacidad para 3.780 pasajeros
1.500 camarotes, cinco restaurantes y 13 bares
114.500 toneladas, 292 metros de largo por 35,5 metros de ancho
Cuatro piscinas, spa con gimnasio, sauna, baño turco y solario, sala de cine, casino, teatro y discoteca

Como con el Titanic, se hubiera podido afirmar que el final de este coloso italiano llegaría únicamente al final de muchos años surcando los mares, con sus materiales envejecidos, su tecnología obsoleta y con un último destino marcado en su bitácora: el desguace.

Aparentemente nada nos hubiera podido hacer sospechar el prematuro final de esta grandiosa obra tecnológica, de este monumento de la ingeniería naval.

Por otra parte tampoco nadie (menos los ‘hippies’ de siempre) sospecharon nada de Chernóbil, Fukushima, Vandellós I, Tree Miles Island…

Cuando sucedieron todas estas tragedias, tanto las marinas como los nucleares, la historia nos desvela que además de evitables, incontables detalles demuestran como los desastres se vieron terriblemente agravados por la cicatería, por la avaricía de las diferentes empresas propietarias. Veamos:

La White Star Line, propietaria del Titanic, a pesar de que a bordo del barco viajaban 2.227 personas, sólo había dispuesto botes salvavidas para 1.178 personas, y aún así sólo se salvaron 705 personas.

En el caso de del Costa Concordia de la empresa italiana Costa Cruceros, que ya contabiliza 5 víctimas y 17 desaparecid@s; entre otras muchas cosas, tras el impacto, se dijo a los pasajeros que no se preocuparan, que los problemas se debían a una incidencia eléctrica e incluso en algunos casos se les pidió que volvieran a los camarotes. Camarotes que en algunos casos, horas más tarde estarían sumergidas bajo las gélidas aguas invernales del Mediterráneo.

En el caso de las nucleares, en Chernóbil, la URSS no desalojó Prípiat, la ciudad más cercana a la central hasta 36 horas después de la explosión del reactor nuclear. Cerca de 200.000 personas han perdido ya la vida debido o en parte a esta catástrofe atómica.
TEPCO la empresa japonesa dueña de Fukushima, retrasó unas preciosas horas la inyección de agua de mar a los reactores dañados para tratar de frenar las fusiones de los núcleos, que se estaban realizando, con el objetivo de que esta no quedara inutilizable para su uso comercial, aún arriesgando millones de vidas, con esta decisión.

Con la central nuclear de Cofrentes, sí pueden rastrearse en la red y en frecuentes protestas públicas, una fuerte oposición a este nuevo coloso tecnológico. Sin embargo y desgraciadamente, de momento no han sido lo suficientemente numerosas para lograr el cierre de esta vieja central atómica, que le hace ganar a Iberdrola, su empresa propietaria, de medio millón a millón y medio de euros diarios.

Si unimos todos los argumentos expuestos, la catástrofe en una central nuclear como la de Cofrentes parece inevitable. La pregunta entonces no es si ocurrirá o no, sino cuando. ¿Qué llegará antes, un accidente debido a la complejidad de operación de esta vieja central atómica o su fecha de cierre?

¿Qué podemos hacer?

¿Es necesario que nuestras vacaciones soñadas sean en un crucero de este tipo?

Por supuesto que no. Además de la posibilidad real de un accidente como el de hace unas horas, el impacto ambiental de un gigante como el Costa Concordia es muy alto. Pensemos por ejemplo en los materiales necesarios para construir esta mole con 23m más de eslora que el Titanic y en el combustible necesario para mover sus casi 115.000 toneladas.
En cuanto al impacto social, podemos leer en la ya gran cantidad de artículos sobre el siniestro, que a pesar de ser una compañía italiana, la mayor parte de la tripulación y el personal de servicio del barco, eran trabajadores y trabajadoras ‘barat@s’, es decir mano de obra inmigrante, paquistaníes y tunecinos sobre todo.

En mi opinión cabe preguntarnos si conocemos a fondo los maravillosos rincones que tenemos a pocos kilómetros de nuestra residencia. El impacto del transporte, en cuanto a emisiones de CO2, infraestructuras y materiales necesarios para la construcción de vehículos que me lleven hasta esos rincones locales, sin duda es mucho menor. El impacto social también es mucho más positivo y a medio plazo seguramente pueda ver un retorno de esa inversión. Es decir, si yo me gasto mi dinero en los alojamientos, bares, restaurantes, museos, empresas de educación ambiental… locales, de mi entorno cercano, estoy posibilitando con ese gasto que esa gente pueda vivir tranquilamente en el entorno rural que probablemente les ha visto nacer, y del que muchas veces han de escapar con gran tristeza pero acuciados por las nulas perspectivas de futuro. Además con esa apuesta por el turismo de proximidad, por el turismo local, estoy potenciando un estilo de vida mucho más sano, de mucha mayor calidad, que el estilo de vida urbano.

Hay que sumarle, como decía, que ese dinero invertido a medio plazo puede llegar a retornarme, por un lado porque a mayor disponibilidad de dinero en el bolsillo de mi vecino es posible que acabe gastándoselo en el producto o servicio que yo venda, o bien al aumentar las recaudaciones impositivas, con una correcta gestión del sector público, podré ver mejorados y ampliados los servicios públicos de mi comunidad.

¿Es necesario que tenga que seguir pagando el funcionamiento de una peligrosa central atómica con mi dinero?

Por supuesto que no. Hoy puedo elegir en España la empresa que me suministra la electricidad, y tenemos la feliz y responsable posibilidad de contratar nuestro suministro eléctrico con dos empresas que te garantizan una producción 100% renovable, o lo que es lo mismo una producción 0% nuclear. Es muy fácil hacer el cambio, solo una llamada y un mail, y además la factura de la luz te va a costar lo mismo que te está costando ahora con Iberdrola, Endesa, Unión Fenosa…

Las empresas que ahora mismo ofrecen esta posibilidad en España son Gesternova y la cooperativa Som Energia.

Mi curiosidad infantil por el Titanic, elevándolo a la categoría de mito, seguramente encerraba la pregunta de si aquel desastre representaba la fatalidad determinista a la que está condenada nuestra especie por egoísta e irresponsable.

Hoy creo que no, hoy veo sendas, caminos, experiencias, gente que ya está viviendo de una forma más responsable consigo misma, con la colectividad y con el Planeta. Hoy creo que podemos cambiar.

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