Europa, náufragos y atunes

Abel Ortiz

Puesto que según machaconean, por lo terrestre y por lo digital, los Goebbels cañís, vamos todos, una mierda de Estambul, de aquí a Troya, en el mismo barco vestido de amargura, convendría ser realistas y, como dice el nuevo Gauleiter, Herr Mariano, llamar al pan, pan, y no, por ejemplo, alimento básico cuyo precio desbocado provoca muertos en Egipto, y al vino, vino, no brebaje cultural identitario productor de beneficios maximizados para empresarios con bodegas subvencionadas en las anchas Castillas nacional-sindicalistas, la Andalucía de Alba o las múltiples Riojas autónomo-carlistas. Es decir, acabáramos, esto, en lo que se supone que navegamos no es, para casi nadie, un barco; malamente llega a patera carcomida de madera podre.

En una balsa que se hunde, como ha descrito Strauss Kahn Europa desde Asia, conviene tener claras algunas nociones básicas sobre naufragios y navegación.

Hacer caso, o simplemente escuchar, a los que aconsejan desde el yate con un martíni en la mano, sin hacer ni intención de descolgar el flotador de la reluciente barandilla, no parece oportuno aunque, como es el caso, a la fuerza ahoguen.

No es mucha mejor opción, parece, agarrar el cabo que tiran otros náufragos, tan chapoteantes como nosotros, al grito, desmotivador, de debajo del agua están los adoquines, debajo de los adoquines la playa, y debajo de la playa el carrefour, donde venden aletas de Hello Kitty y manguitos con elefantes de colores.

Aunque empiece la hipotermia, tan familiar para los africanos, indignados o no, tampoco resulta estimulante esperar pataleando la aparición, con banda sonora cantada por la familia Trapp, no confundir con los Krupp, más Wagnerianos, de una costera de la benemérita con sus mantas militares y sus entradas con descuento para los CIES.

La remota posibilidad de nadar hasta la costa, con moros y cristianos o sin ellos, al alcance sólo de físicos privilegiados, sigue dejando a la mayor parte del pasaje al borde del hundimiento. Es altamente improbable, aunque sin duda sería un suceso de alto impacto, que Namor, el capitán Nemo, Neptuno o Poseidón, intervengan en el asunto.

Descartada unánimemente en la asamblea anfibia, por histriónica e ineficaz, la aparición de una fragata de porespán, en la que Gene Kelly y Frank Sinatra escenificarían un trío con Marta Sánchez, regalando Lucky Strike y chicles a la marinería, financiado todo por Carlos Slim, las salidas, ya que no airosas por lo menos algo defendibles, se reducen.

Algunos, los más osados, hablan de abordaje. Solían tener, otros tiempos, un ojo tapado, pata de palo y un fierro bien afilado entre los dientes. Los de ahora necesitan toma de corriente y conexión a la red. En la terraza del puerto deportivo banqueros de ojos azules lucen moreno rayban, comen gambas rojas de Santa Pola, registran propiedades, disfrutan el paraíso. Sus capataces, bichero en mano, vigilan la almadraba.

Resulta que, contra nuestro parecer, más que náufragos, somos atunes.

Abel Ortiz

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