El lugar sin límites

XIII Edición de Cabanyal Portes Obertes

Abelardo Muñoz
Abelardo Muñoz

Abelardo Muñoz

En esta ocasión las puertas del barrio milenario del Cabanyal están más abiertas que nunca. No sé cómo demonios expresarlo en palabras pero la siniestra iluminación que la fascista alcaldesa Barberá, insólita heredera de una saga valenciana que lucha contra su propia tierra, no consiguió este año deslucir el acto festivo de presentación de la decimotercera edición de una lucha ciudadana que es icono de la resistencia de la gente ante los abusos del poder. El barrio sigue hecho unos zorros pero la gente acude porque le tiene cariño.

Se han lucido en esta ocasión los organizadores editando un hermoso volumen de textos e imágenes sobre el futuro de una ciudad que quiere ser mediterránea y no un puerto de atraque de yates. La magnífica editora Media Vaca ha sido la encargada de dar lustre al evento.

Era una noche de finales del verano y las callejas del barrio marítimo exhibían ese estilo genuino entre pringoso y descreído que suele adoptar. Agazapado al fondo de la avenida de Blasco, tras ese monumento al mal gusto que es la estación de metro, iban llegando al Escorxaor los de siempre y algunos más.

Maribel, la legendaria líder del movimiento vecinal recibía a los de siempre y en el recinto no cabía un alma. Varios centenares de valencianos del centro se acercaron a comer los bocatas suculentos, a escuchar los parlamentos y comprar el libro editado. No faltaron los líderes políticos de la izquierda inmóvil que llegaron para hacerse la foto, dar unos cuantos besos apresurados y largarse a cenar a un buen restaurante. Llamó la atención el atavío chirriante de una diputada socialista que, de la mano de su novio, parecía acudir a una boda de postín. Estaba también el coordinador de Izquierda Unida repartiendo sonrisas y exhibiendo las mismas ideas del año anterior. La Alborch era inevitable y sus sensuales labios se abrían como un buzón de correos.

Un decorado decadente

Visto en escorzo, bajo la luz tristona de las farolas graueras, aquel sarao tenía el inequívoco tono de un decorado de una cinta de Arturo Ripstein. El lugar sin límites, sin ir más lejos, colosal cinta sobre el desarraigo y la marginación.

Si hubiese estado Graham Greene entre nosotros habría escrito que aquí, en el Escorxair, se olía la decadencia. Y es que más allá del mundano tumulto de las copas, las sonrisas displicentes y la autocompasión de aquellos que se saben derrotados de antemano, observaban .las familias del barrio. Ajenas por completo al acto cívico.
Familias gitanas acomodadas a la fresca de la noche, observaban el sarao como quien ve pasar la fanfarria de un circo. Un cardumen de zagales se arremolina ante los comensales y pide monedas. Un padre de familia se pregunta qué demonios hace esa gente brindando con vino barato.

Pese a que los habitantes de la calle condenada a la piqueta señorean la calle nadie se acerca a hablar con ellos. Son dos mundos distintos. Un muro invisible los separa. Los progres, arquitectos, pintores, políticos y periodistas lagrimean lo arduo de su lucha. Los gitanos no entienden nada. Lo único que les preocupa de verdad es que la trituradora cívica del equipo de Rita Barberá está alojando a familias rumanas en la zona y eso puede crear problemas.
“Nos han dicho que nos darán nuevas casas pero aun las estamos esperando”, dice Manuel, el gitano que vive a cuatro pasos del Escorxaor.

Esta XIII edició de Cabanyal Portes Obertes sostiene de nuevo “El objetiu, una vegada més, és cridar l´atenció sobre aquest extraordinari indret que cal protegir i conservar; un dels pocs al món fet a escala de xiquets”.

Suena perfecto, pero los xiquets gitanos, que son los auténticos habitantes del barrio amenazado siguen sin tener pelotas de reglamento con las que jugar al fútbol. Y mientras esos señoritos de izquierdas no se ocupen de la población gitana del barrio, ofreciendo alternativas laborales que eviten la delincuencia, todo esto será un cuento chino. El lugar sin límites.

Abelardo Muñoz

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