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La inelegancia especista

Ángeles Sanmiguel

Vulgaridad y violencia son elementos entroncados. ¿En apogeo en el siglo veintiuno? A ciencia cierta. Y no es menor la exaltación del sadismo especista. Se cuentan por miles de millones sus usuarios en sociedades denominadas avanzadas por seguir el modelo cursi cosmopolita capitalista norteamericano.

“El especismo está incrustado en la sociedad de una manera totalmente normalizada, natural, forma parte del sistema económico de los países”, comenta Pablo González del Colectivo ARDA (Asociación Animalista por el Derecho Animal) de Alicante. Mediante recursos como coloquios en colegios e institutos se viene tratando el antiespecismo convenientemente, al igual que en charlas con las protectoras de animales “donde metemos un poquito el tema, aunque no de lleno, porque las imágenes de granjas y mataderos son muy violentas”. A través de las redes sociales “vemos cada vez a gente más joven convertirse al veganísmo, el veganísmo es la causa del antiespecismo”.

¿Se podría hablar de una moda?

“Sí que hay gente que le parece una moda, la sigue y de repente ¡venga! soy vegano, ¡soy vegano desde hace un mes! es como que es algo chulo decir que has dejado de ser cómplice de la explotación animal, es algo que suena bien”, refiere Pablo. “Luego hay otras personas, -gente joven también-, que tomaron la decisión y están enviando su mensaje a miles de personas”, aunque “por la televisión, evidentemente, no se va a ver nunca, porque no conviene, no se va a ver una información que anima a la gente a dejar de ser cómplice de la explotación animal”. Empresas del sector alimentario “no van a poner imágenes reales de cómo se matan a los animales, evidentemente”, no lo permitirán.

Tauromaquia y otros terrores no son más que el prêt-à-porter (listos para usar) de corporaciones y grupos de presión fachosos y emburrecedores, instalados en España.

Silencio publicitario, intereses empresariales, políticas acordadas y dinero van de la mano.

A “los medios estándares habituales ahí no se puede llegar porque tampoco el mundo animalista y antiespecista tiene recursos económicos para poder poner anuncios en televisión ni en radio”, puntualiza el miembro del colectivo animalista alicantino.

España es cada vez más crítica, ya no le sirven interesados discursos panolis de involución, esos que utilizan cualquier seña de castiza prosapia apelando a los sentimientos más primarios y viscerales del individuo. Actualmente, “muchos jóvenes se toman muy en serio” el antiespecismo, declara Eva, joven activista presente en la manifestación contra los “bous a la mar” celebrada recientemente en Dénia. “Algunos llegan al antiespecismo después de informarse y reflexionar mucho sobre como tratamos a los animales, otros se acercan por redes sociales o por su entorno, cada vez hay más jóvenes que lo viven como una convicción y no como algo pasajero”.

Opiniones confluyentes retratan la actualidad juvenil.

La violencia especista es kistch (pretenciosa y rancia) y plasma esas inmundicias que cada cual atesora en su yo más profundo como la banalización de la crueldad mediante subterfugios de tronío o valentía, de hombría, porque estos negocios de sangre son netamente machistas.

En Dénia (Alicante), contra los “bous a la mar”, se manifestaron unidas muchas personas llegadas de poblaciones cercanas y otras extranjeras residentes en la localidad portuaria “que se echan las manos a la cabeza viendo lo que hacemos aún aquí en España, porque somos un poco referentes de maltrato animal en Europa”, puntualiza Pablo.

Allí “todo sucedió muy bien, nos viene pasando durante muchos años, la gente que está en las terrazas, en las calles por donde pasamos, nos hacen gestos de apoyo, aplauden” y levantan el pulgar indicando “okay, estamos con vosotros”. Pero la realidad es que muchas personas aún ignoran lo que sucede en esa infame modalidad taurina. “No se puede ver si no entras al recinto. En Dénia no hay una publicidad por las calles y siempre van los mismos”.

Recuerda Pablo que en la manifestación antitaurina de Alicante hubo “algún encontronazo, aunque no sucedió nada, dos o tres taurinos nos increparon”. Chulada y desplante son recursos de soez fanfarronería en popes y vulgo de la España furibunda al contemplar escenarios donde la población abomina la violencia. Una ingente ciudadanía que, “aunque no acude a las manifestaciones sí apoya el rechazo a esta práctica que debiera haber desaparecido hace tiempo”.

La tauromaquia es algo camp (teatral), pura nostalgia y snobismo (aparentar cierta clase) del quiero y no puedo. No es usual en la jet set (club de ricos) el exhibirse en escenarios de crueldad animal.

¿Qué elegancia puede haber en contemplar el tormento de otros seres vivos?

En Dénia (capital de la Marina Alta alicantina) están cansados de tal ignominia. Tal como apunta Julia, activista animalista dianense, todo aquél que se acercó a la manifestación mostraba “el hartazgo por la continuidad de este espectáculo sin razón de existir” mientras los aplausos atronaron hasta por la avenida principal de la ciudad, -la calle Marqués de Campo-, donde “la reacción del público fue de adhesión y de estar de acuerdo con la causa”. Múltiples nacionalidades “comprometidas y sensibles ante cualquier tipo de maltrato” mostraron su rechazo a “esta anacrónica costumbre, aunque no pinta nada su opinión ya que no han nacido en esta tierra y por lo tanto no deben opinar al respecto”. A lo que Eva añade que “Dénia es una ciudad donde es habitual que personas extranjeras participen o apoyen estas concentraciones”. Aunque no las dejaron firmar la ILP (Iniciativa legislativa Popular) “No es mi cultura”. Aun así, se lograron seiscientas sesenta mil firmas que fueron rechazadas chulescamente. A día de hoy, todas las boquitas cerradas por parte de los “sillones”.

“Durante la protesta en Dénia la televisión valenciana À Punt, volvió a brillar por su ausencia, además de que el nuevo líder tiene una obsesión clara por constantemente emitir corridas de toros, incluso en históricas protestas de la comunidad educativa”, manifiesta Diego Nevado colaborador en prensa de Dénia Animal Save. “El nuevo alcalde de Compromís tiene que suprimir estos actos sin pensárselo un momento”, dictamina.

¿Todo pactado y bien pactado antes del photo opportunity (herramienta de marketing) el día de su toma de posesión?

Gritos de “¡Ánimo!”, “Tenéis toda la razón” y “Seguid así” acompañaron a la marcha.

Acabar con la tauromaquia es voluntad mayoritaria y un deber de salud democrática. ¡Torres más altas han caído! aunque “las administraciones, -inelegantes por método-, temen llevarle la contraria a simpatizantes de esta barbarie y legislan con tibieza no haciendo uso de la lógica, la razón y la evolución que debe primar”, esgrime Julia. Usar y abusar de seres inocentes -como toros o vaquillas-, “así como enjaular y a base de plomo ejecutar cobardemente a jabalíes o a un inofensivo arruí” (muflón del Atlas, -oveja salvaje) quien “ha sido ultimado a balazos en la ladera del castillo (en Dénia), días pasados” es infame.

Nuevos ricos, -los parvenu como se designan en Francia-, se blasonan escopeta en ristre o aposentados en el coso taurino para proclamar su artificio coronado, el ramplón “sillón” o la chabacana dictadura.

“Las cabezas de toros, tan presentes en las casas de los toreros” estos las justifican “diciendo que así les brindan su cariño por haber contribuido a una tarde de éxito. Pero ¿os imagináis que a todos los profesionales les diera por hacer lo mismo? ¿Qué los cirujanos colgasen los apéndices exquisitamente operados? ¿O que los dentistas colocasen en una estantería las muelas extraídas?”, discurre el presentador televisivo Jorge Javier Vázquez.

“Sobre el antiespecismo la juventud no tiene suficiente información, desde pequeños se nos normaliza algo que no es normal, que los animales están a nuestro servicio y que podemos usarlos a nuestro antojo para beneficio humano”, expone Nevado.

El antiespecismo es un término relativamente reciente. Pablo González aclara que “significa el rechazo a la opresión a otros seres de otras especies igual que el antifascismo rechaza la opresión a otras personas de distintas etnias o distintas vertientes ideológicas o sociales”. Es un movimiento que crece y al que puede sumarse quien rechaza “toda clase de explotación animal ya sea a humanos, animales humanos o animales no humanos, igual que en su día la gente se cuestionó la esclavitud o el veto a la mujer”.

“En general, las administraciones todavía no apoyan el antiespecismo como forma de entender la relación con los animales”, afirma Eva. “El antiespecismo no tiene ningún apoyo por parte de las administraciones, entrando en contradicción con la propia ciencia”, añade Nevado.

Privatizar y mercantilizar la protección animal se ha convertido en gestión sanchopancesca política, propia de glebas vividoras sin actitud. Hostigar a la persecución de la fauna conciudadana prueba la falta de excelencia en la gobernanza municipal, -léase valenciana-. ¿Ínfulas de ringorrango cuando hay mayordomía hacia los negocios?

“En política, como en todas partes, el estilo hace al hombre (o a la mujer)”, escribiría el periodista francés Bruno Frappat en el periódico generalista Le Monde.

“Era una anomalía que estuviéramos concentrados -más de un millar de personas en València- por el rechazo a la mercantilización de los animales, los animales no solo de compañía, los animales pertenecientes a la fauna urbana propia de la ciudad. Es un retroceso absoluto. El Ayuntamiento, con esta decisión, lo que hace es considerar a los animales como cosas” (que se lo pregunten al allanador, miembro asalariado de la actual gobernanza). “¿Cómo se puede dar una gestión a una empresa de plagas que incluso está en proceso de juicio por maltrato animal?”. “¡Es un empresa!”, exclama Pablo.

¿Hasta cuándo ignorar que “los ayuntamientos van haciendo sus gestiones, sus contratas y la gente no lo va sabiendo”?

Como persuade el refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”.

No están solos”. “Cada vez somos más”. “Hay que seguir luchando”. “No podemos rendirnos”. “Algún día esto cambiará”.

Las protestas animalistas se viene convirtiendo en una hazaña, “la gente no está mucho por la labor, bien por miedo, por cuidar a sus animales o por un montón de motivos”. Ángela Molina, la presidenta de la Coordinadora Animalista de la Comunidad Valenciana (CACV) obró un discurso “muy certero explicando muy bien todo lo que está sucediendo en València”, apunta Pablo.

En la historiografía la gente que loa el martirio y la violencia es mediocre, son quienes dicen: “No sabe usted con quién está hablando”. Personas extremadamente chabacanas que tienen el dolor ajeno como señorío.

Anuncia Nevado que “el 1 de agosto, a las 18:45 horas, espero que todo el mundo acuda a protestar frente al Ayuntamiento de Alfafar (València) contra el toro embolado, en cuerda y la cagada del manso”.

Citaría la ensayista y escritora barcelonesa Margarita Rivière que: “Desde la Inquisición a Ruíz Mateos, desde la “España y yo somos así, señora” hasta el Valle de los Caídos, desde los toros, la fiesta del machismo, hasta el entierro de Tierno Galván, la España negra fundamentalista asombraría al mundo y dejaría la huella de su cursilería negra en los cerebros de cualquier español, sin distingo de origen social o territorial”.

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