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El gen progresista: epitafio

El Vaivén de Rafael Cid

Somos <<cuatro gatos>> los que venimos denunciando la inútil exhibición jeremiaca con que la izquierda institucional (partidos de la obediencia debida y sindicatos verticales) se enfrenta al vendaval ultra. Porque se pone el foco en los efectos del revival populista más que en las causas. La infantil y recurrente <<alerta antifascista>> no explica por qué millones de trabajadores y un sector de la juventud votan a la extrema derecha en muchos países de Europa (el trumpismo rampante es una variante trasatlántica). Como esas masas hubieran sido abducidas por generación espontánea desde una galaxia sideral. Una retórica de sacristanes, un botafumeiro con el que los interpelados tratan de conjurar sus propias debilidades y carencias evitando rendir cuentas.

Ahora, cuando la avalancha ha trepado al grado de ciclón, en los ambientes intelectuales y periodísticos próximos a esas cúpulas apodícticas comienzan a surgir voces que admiten la prevalencia de hechos objetivos (macro) detrás de la sorpresiva <<cosecha facha>>. Modificaciones estructurales que explicarían el cambio de chaqueta de millones de electores, que de votar izquierda con el puño cerrado han pasado a hacerlo por la derecha irredenta con parecido voluntarismo. Pero rectifican a toro pasado, y como si las cuestionadas agrupaciones de la izquierda instalada fueran ajenas al caos que se estaba desatando ante sus ojos. Considerándose otras víctimas más del cambio de ciclo, sin aceptar su cuota de responsabilidad en la debacle. Y precisamente por aplicar el <<sostenella y no enmendalla>, lo peor aún puede estar por llegar.

Pongamos como paradigma el caso español, el único gobierno de coalición de izquierdas que persiste en el poder desde 2019 en la Unión Europea (UE). Aquí el modelo ha consistido en entonar un <<nosotros primero> a siniestra, depreciando a la sociedad civil que no se deja satelizar; ahogando el pluralismo al proclamar que la derecha del PP y la extrema derecha de Vox son lo mismo; diluyendo el papel de control y deliberación del parlamento; ocupando patrimonialmente las instituciones; estigmatizando a los medios de comunicación indóciles como <<máquinas del fango>>; justificando la corrupción como producto de extrañas conspiraciones; linchando públicamente a jueces entrometidos; en fin, devaluando hasta niveles bastardos los valores democráticos del Estado de Derecho. Que es tanto como poner una alfombra roja para el despliegue sin cortapisas de los bárbaros al acecho. Y ello por dos motivos, debido a las políticas reaccionarias realizadas por el gobierno progresista (algunas de las cuales la derecha nunca se atrevió a implementar), y por la devastación ética y antidemocrática perpetrada en las instituciones para zancadillear a sus oponentes. Adversarios políticos a los que desde su inicial <<no es no>> cataloga de enemigo, en línea con el ideario nazi de Carl Schmitt, lo que conlleva su fulminante muerte civil. La bunquerización que entraña el gen progresista de la política del <<no es no>> ha terminado haciendo del manual de resistencia de la izquierda en el poder una pista de aterrizaje para el populismo de extrema de derecha percibido como fuerza antisistema. Serendipia búmeran.

Uno de sus grandes logros, a decir del gobierno de coalición, es el <<escudo social>>, las políticas desarrolladas para enmendar el desmantelamiento del Estado de Bienestar. En este panel estaría el aumento del empleo y las remesas del Ingreso Mínimo Vital (IMV) para ayudar a los más vulnerables. Ambas son ciertas y reflejan aspectos favorables, pero tienen una cara oculta funesta. De hecho, España es la cuarta potencia económica de la UE (ponderación macro) y, sin embargo, según la OCDE es el país con la tasa de pobreza infantil más alta de la UE. El 17% de los hogares con trabajo vive en la pobreza (Save the Chidren). Y es que, a pesar de las subidas del Salario Mínimo Profesional (SMI), la renta per capital real (excluida la inflación) sigue a la baja. Según Eurostat (la Oficina de Estadística de la UE), solo dos comunidades de las 17 están por encima de la media europea, frente a las siete de hace dos décadas. Todo esto es compatible con que España creciera un 3,2% en 2024, más del triple que la media de la eurozona (0,9%), lo que permite a Pedro Sánchez afirmar que <<la economía va como un cohete>>. La democracia formato Tik-Tok, que se ha beneficiado del viento de cola que suponen esos 130.000 millones de euros de los fondos Next Generation (por cierto, gestionados en exclusiva desde el gobierno por la decisiva abstención en de Vox en el trámite parlamentario).

Sin embargo, es en los datos relativos al binomio empleo/paro donde el contraste entre los números absolutos (macro) y los relativos (micro: el poder adquisitivo) está lejos de ser halagüeño. Porque, a la euforia gubernamental por haber alcanzado una cifra de afiliados que no se lograba desde hace 17 años, hay que contraponer que España es el país de la UE con mayor índice de paro (casi el doble de la media). Todo ello sin entrar a valorar la calidad del empleo de nuestro modelo productivo, basado en el turismo, la construcción y los servicios (paletas, camareros, repartidores, reponedores, teleoperadoras, servicio doméstico…). Incluso se trata de una comparativa espacio-temporal viciada, porque desde el 2008, cota de referencia del optimismo oficial, la población activa no ha permanecido estancada, aunque solo fuera por los millones de inmigrantes que se han incorporado al mercado laboral en esos años (600.000 anuales desde el fin de la pandemia). Trabajar ya no es sinónimo de llegar a fin de mes y el pluriempleo ha reaparecido en muchas familias como un complemento vital. Además, en la última década el precio de la vivienda ha subido un 53%, y mientras los salarios se han elevado un 17% la cesta de la compra lo ha hecho un 43% desde que Sánchez llegó a La Moncloa. La dualización laboral, la precariedad, la desigualdad y <<la condición homeless>> (los sin hogar) son hechos probados aquí y ahora. Cuando el Banco de España revela que el 73% de los puestos de trabajo creados entre 2019 y 2024 han sido ocupados por inmigrantes y llega al 90% entre 01/2014 y 03/2025, nos está mostrando cual es la filosofía del modelo económico del gobierno progresista. Facilitar al capital privado una masa laboral dispuesta a trabajar en condiciones de mínimos dejando que sea el Estado (socializar los costes) quien sufrague (vía deuda e impuestos) a través de subsidios varios (ayudas, nuevas prestaciones, IMV, empleo público, etc.) las bolsas de menesterosos. Un amortiguador social que sin esa beneficencia sobrevenida podría encubar revueltas (como los contratos fijos-discontinuos, que dan cobertura de desempleo flexible en el tramo de reposo sin figurar como parados en las estadísticas).

A más más, hay un ramillete de resoluciones gubernativas de la <<era progresista>> que la derecha nunca osó acometer porque habrían ardido las calles. En este apartado figuran la entrega del pueblo saharaui a su histórico enemigo marroquí, vulnerando las resoluciones de la ONU; la rebaja del delito de malversaciones de caudales públicos; la modificación de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA), excluyendo la evaluación ciudadana, para inundar de parques eólicos y fotovoltaicos todo el territorio como pedían los <<ultrarricos>> del conglomerado energético; el comercio clandestino de compra-venta de armamento a Israel durante el genocidio de Netanyahu sobre la Franja de Gaza mientras Pedro Sánchez hablaba públicamente en favor de Palestina. o la cínica vulneración del embargo dictado por la Unión Europea a Putin por la invasión de Ucrania, hasta el punto de convertir a España en el primer importador de gas de Europa en 2023. Acciones de un gobierno sedicentemente progresista que logran el casi imposible metafísico de soplar y sorber al mismo tiempo.

Uno de los aspectos que suelen testimoniar la calidad de participación democrática de un gobierno es la apertura social con que gestiona la red de instituciones que forman el entramado de la Administración del Estado. Aunque todos los partidos que han tocado la cúspide del poder en España han tratado de poner a esos organismos a su servicio, nunca como hasta ahora el Ejecutivo había colocado a tantas personas de su estricta obediencia ideológica en tantas instituciones a la vez, al margen de su mayor o menor competencia para dirigirlas (comisarios políticos). A modo de ejemplo, ahí va una relación de los organismos clonados por el sanchismo (no están todos los que son): Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Tribunal de Cuentas, Correos, Banco de España, Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Agencia EFE, RTVE, Consejo de Estado, Fiscalía General del Estado, Abogacía del Estado (no del Gobierno), Patrimonio Nacional, Renfe, Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC), Instituto Nacional de Estadística (INE), AENA, Red Eléctrica Española, Paradores, Indra, Telefónica…

Como los hechos tienen consecuencias (otra cosa es cuándo se visualizan), la acusada falta de pluralismo e independencia en muchas de nuestras instituciones públicas ha sido denunciada desde diversas instancias supranacionales. El informe de Transparencia Internacional (TI) del 2024, respecto al Índice de Percepción de la Corrupción, situaba a España en el puesto 46 de un total de 180 países analizados, en bajada de 4 puntos y 10 posiciones respecto al anterior estudio del 2023, donde ocupaba el puesto 36. El estudio del TI también señala un empeoramiento de esos valores a partir del año 2019, fecha de llegada al poder del actual gobierno de coalición de izquierdas. Una tendencia que también ha sido destacada en 2025 por el Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECCO) del Consejo de Europa al abrir un expediente de incumplimiento al Ejecutivo, ya que << España aún no había aplicado plenamente ninguna de las recomendaciones que realizó al país en 2019 (de la V ronda)”.

Nada de esto parece importar a la izquierda apodíctica (la institucional y la sincronizada: ese estanque de ranas, organizaciones Potemkin). Ha hecho divisa de aquello que decía Jack Lemmon en Primera Plana:<<Nunca dejes que la verdad te estropee una buena historia>>. Ha eliminado el canario en la mina que significa una sociedad civil proactiva, dando carta de naturaleza al supremacismo vernáculo. En el franquismo, ese solo responder <<ante Dios y ante la Historia>> porque los villanos eran la antiEspaña, culminó con el psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera y su teoría del <<gen marxista>>. Doctrina funambulista y maniquea que el sanchismo ha recuperado en formato de <<gen progresista>>. Lo ha declarado sin rubor el ministro de Justicia Félix Bolaños para conjurar los numerosos casos de corrupción que acosan al Gobierno de coalición de izquierdas: <<Son persecuciones injustas, orquestadas por los ultras y por la derecha contra personas honestas que no han hecho nada; solo por ser progresistas>>. Esta nueva demostración de <<devotio ibérica>> alcanza su clímax más perturbador en el hecho de que el Tribunal Constitucional, máximo garante de los derechos y libertades, esté presidido hoy por un ex juez de la dictadura gracias a la cuota sanchista. A la sazón, Cándido Conde-Pumpido, que juró los Principios Fundamentales del Movimiento cuando aquel régimen criminal fusilaba a los últimos luchadores antifranquistas. La mano invisible del <<gen progresista>>.

(Nota. Este artículo se ha publicado en el número de Julio-Agosto de Rojo y Negro)

Rafael Cid

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