Crónica eufórica de una revuelta. La ciudadanía en acción

Abelardo Muñoz
Abelardo Muñoz

Abelardo Muñoz

Decenas de miles de valencianos claman contra el sistema en la calle.

Compañeros, me embarga una euforia revolucionaria desconocida desde los tiempos que luché contra la policía franquista en los 70 con cócteles molotov. Son las nueve de la noche de un domingo diáfano y las calles de València están literalmente ocupadas por decenas de miles de manifestantes pacíficos que protestan contra el sistema. Ni los más viejos de la disidencia, o sea mi quinta hippie y beat, no conocían semejante movilización gozosa y agresiva contra la maldad capitalista. Hasta las fuerzas de la Local simpatizaban con esa movida de aformación popular, de ciudadanía y revuelta. Mañana los medios comprados por el sistema no darán debida cuenta de lo acontecido pero el que esto escribe, testigo accidental, sí. Salí a las seis de la tarde a comprar el diario a la calle San Vicente, la escritura de mi libro anoche me había hecho olvidar la convocatoria. Ya había estado en la de la Enseñanza el sábado. El caso es que al salir bajo la estatuta ecuestre de mi Santo comunista San Martín, que corta la capa con el proletario, llegaron a mis odios las trompetas de la internacional disidente. Encaminé raudo mis pinreles hacia la plaza de Castellar y cual fue mi sorpresa al verla tomada por una masa de gentes de todas las edades y condiciones que enarbolaban banderas y eslóganes. Me acordé en el acto de Noveccento, la peli de Bertolucci y de aquellas colosales manifestaciones antifascistas y socialistas de la Italia de los 60.

Levanté el puño y con el corazón palpitante me integré en la gente. Sin embargo, acostumbrado a cubrir por cuestiones de oficio, estos eventos. Caminé serpenteante, siguiendo la mani. Llegué a Játiva y seguí la comitiva hacia las torres de Quart, por la circunvalación. Miles de personas paseaban cual domingueros risueños al tiempo que coraban consignas antisistema , irónicas, divertidas y sarcásticas. Es una revuelta sin armas y con humor.

Las pancartas que portaban los manifestantes eran haikus o gregerias de don ramón de la Serna, o a manera de poemas brechtianos. La imaginación de verdad en la calle.

“Pienso, luego estorbo”, decía una; “Entre rosas y gaviotas nos toman por idiotas”, rezaba otra; “Poco pan para tanto chorizo”; “Nos sobra mes al final del sueldo”… y otras lindezas como esta. Las charangas de tambores, dolzainas y trompetas, clarinetes y acordeones no cesaban. Era una manifestación sin prisa y ni siquiera se escuchaba el ominoso motor de un helicóptero policial. Hubiese hecho falta, empero, pues semejante mogollón de ciudadanos que ocupaban literalmente el centro de la ciudad, exigía una vigilancia por seguridad. Pero el desdén del fascismo municipal no lo consideró necesario. Los pelotones de la nacional permanecían invisibles. Esas son movidas que desarman a los violentos.

A la altura de la sede del PSPV, en Blanquerías, un indignádo literalmente en bolas, lanzaba consignas contra el edifició. Un par de municipales lo observaba con simpatía. “En condiciones normales eso es punible pero comprenderá que ahora no es de recibo…”, dijeron.

Anochece y la ciudad es un clamor. Entre el gentío ni un solo líder político. Antes de abandonar la concentración y meterme en el Carmen, divisé a Rafael Plá, secretario general del Partit Comunista valencià y legendario luchador antifranyista; también a Rosalí Sender, otra héroe de la vieja resistencia. Abracé a ambos y dije: “Los esfuerzos y el sufrimiento que padecisteis cuando la represión han florecido en esta maravilla. Esto es el futuro, viejos luchadores. El mundo es nuestro”.

Abelardo Muñoz. Domingo 19 de junio 2011

Un comentario en “Crónica eufórica de una revuelta. La ciudadanía en acción

  • el 20 junio 2011 a las 10:36
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    A mi ayer también me embargo la emoción.Lo único que espero es que este movimiento no sea solo fruto de la situación precaria que vivimos, me explico.Yo, cuando tenía diecisieta años y era estudiante ya pensaba como pienso ahora, con veinti siete o treinta y siete y trabajando pensaba igual que pienso ahora, y hoy, en paro y con casi cincuenta sigo pensando igual, lo que quiero decir es que espero que si la situación cambia minimamente y el sistema, que no es tonto, abre un poco la mano los que ayer estabamos en la manifestación estemos siempre, esos y muchos mas, no por que se encuentre trabajo, o los salarios aumenten lo minimo la gente se contente con eso y no pida nada mas.Esto no debe parar, debemos seguir exigiendo que los privilegios de los politicos y los bancos cesen y la riqueza se reparta equitativamente, que los que han ganado y siguen ganando millones repartan con los que les hacen ganar esos millones, los trabajadores explotados y que cuando ya han cumplido su misión son despedidos sin apenas derechos.Por que la crisis es la ruina para unos y el negocio de otros, yo pienso que nada es casual….. y las crisis tampoco.Dos recomendaciones el documental Inside job, auque creo q ya lo ha visto casi todo el mundo y otro que a mi casi me ha gustado mas, la doctrina del shock de naomi Klein perfecto para entender como funciona el poder y el sistema capitalista.

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