La hora de la provocación

Rafael Cid
Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

En el 2000 Zapatero llegó a la Moncloa a lomos de los indignados del Prestige, de la Guerra de Irak y de las mentiras del 11M. Era un movimiento ciudadano que había ocupado la calle apoyado por partidos de izquierda, CCOO, UGT y parte de intelectuales y famosos, eso que la derecha llamó los de La Ceja. Entonces íbamos de buena fe, y creíamos que había políticos de izquierda y políticos de derecha, diferenciados.

Ahora las tornas han cambiado. Defraudados por las políticas reaccionarias del gobierno socialista, la calle brama de nuevo. Pero esta vez no sólo carece del apoyo de aquella progresía profusa y difusa sino que la protesta se dirige también contra ella, la izquierda instalada, porque ha sido cómplice de esas políticas matapobres que han cosechado 5 millones de parados, dejado sin futuro el 45% de los jóvenes, devuelto otra vez a los fogones del hogar a muchas mujeres, expulsado por las bravas a los emigrantes que protagonizaron el boom inmobiliario para beneficio de bancos y constructores, y elevado la muerte por suicidio a primera causa de fallecimiento no natural en España. Por supuesto, nada de esto es violencia para el poder y los telediarios.

Y claro, todos a una: las instituciones, los partidos, los bancos, los empresarios, los sindicatos mayoritarios y los medios de comunicación han decidido implosionar esa zigzagueante luna de miel con los indignados. Ahora toca criminalizarlos y tratar de aislarlos socialmente. Tras los enfrentamientos de 15-J en Barcelona, que se incubaron en la provocación de los mossos de esquadra de hace días, los titulares del statu quo salen cínicamente en tropel para quejarse y denunciar la supuesta violencia de los indignados contra “los legítimos representantes del pueblo español”, como ellos mismos prescriben.

Pero es al revés. Quienes justificaron las medidas antisociales, impuestas tras ofrecer en sus programas electorales pleno empleo, paz y prosperidad, con la teoría funambulesca de que las circunstancias habían cambiado, el ciclo famoso, no pueden reconocer que precisamente es esa gran estafa lo que legitima a los indignados y les deslegitima a ellos. Por eso la calle grita “no nos representan”. Ellos gozaron de la legitimidad de origen que otorgan las elecciones, pero han perdido la legitimidad de ejercicio al mentir al pueblo y cargar sobre los trabajadores la crisis desatada por el sistema financiero. Una votación no es un cheque en blanco durante 4 años. La última encuesta del CIS lo dice claramente: la gente está ante el gorro de ser mercancía en manos de políticos basura. Porque otra vez, el Estado son ellos.

9 comentarios en “La hora de la provocación

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