Ángeles Sanmiguel
“La Universidad Popular a los barrios, no los barrios a la Universidad Popular”, dictamina un vecino de Orriols. “El Ayuntamiento de València, en la primera programación de actividades que realiza de la Universidad Popular para el curso 24/25, nos ha suprimido la actividad de baile, asignatura que está desde el principio en la UP de Orriols”, detalla uno de los párrafos de hechos y razones en la solicitud presentada por un grupo del alumnado de dicho barrio valenciano, personas mayores, mujeres, que han visto como de un plumazo la actividad cultural que tanto les ayudaba a ejercitarse rítmicamente en movilidad, agilizar la sincronía acompasadamente y producir proteínas que alivian, en este curso, no se impartirá obviando lo dictaminado por el psiquiatra Luis Rojas Marcos de que: “El ejercicio físico regular no sólo nos permite resistir mejor la contrariedades que pueden minar nuestro entusiasmo, sino que aumenta la producción de endorfinas, las hormonas que ejercen efectos agradables, y además favorece la calidad de nuestro reposo”. ¿Abandono, humillación ad infinitum para con las personas mayores? “¡Yo quiero moverme, para estar sentada ya estoy en mi casa viendo la tele!” comenta una alumna de la UP de Orriols donde se han aumentado las clases de informática básica y “han puesto teatro”. Pero, ¿qué hay del baile? del baile nada, “tenemos que ir a Benimaclet y coger el doce (autobús)” apunta otra afectada mientras comenta que: “Sólo faltaría que no me cogiesen en los jubilados” dejándola a todas luces sin actividades.
“¡Uy! ¡Si lo han quitado!”, exclamó una tercera afectada la cual ya no podrá reunirse con personas del entorno ni solazarse a ritmo de lindy hop, samba, bachata, rumba, chachachá o pasodoble. ¿Por qué se toman decisiones institucionales tocantes a la población sin informarla, ¡de sopetón! ¡siempre! ¡en todo! cualquiera que sea el volumen del proyecto? Tras el chasco y desilusión el alumnado pasó a la movilización sondeando en las oficinas pertinentes donde les indicaron la posibilidad de otra práctica sociocultural. “¡Pero yo quiero baile!” pedía una perjudicada a la que remitieron al remodelado centro de Nou Moles, “pero, he de coger dos autobuses” clamó la señora quien además apuntaba el trecho a recorrer para acceder al susodicho centro. ¿En manos de quién están nuestras personas mayores? ¿Existe algún recodo de empatía y análisis sobre el impacto fisiológico y psicológico de privar de esas denominadas pequeñas cosas de la vida a personas mayores por las que tal parece nadie vela? ¿Puede existir en el trapicheo presupuestario de cuello blanco y los puntos ciegos de la gobernanza el respetar los derechos de la ancianidad como seres humanos o es fantasear? Stephen R. Covey licenciado estadounidense en administración de empresas y escritor, reseña que “las pequeñas bondades y atenciones son muy importantes”. ¿Implementar inquietantes tópicos del cariz de “aguantar a las personas mayores” que desde muchos frentes se publicita? ¿Cuál es el plan a corto, medio y largo plazo para con la ancianidad? ¿Por qué incitar a la polaridad entre juventud y vejez siendo que cada etapa es única e inestimable?
Con los años se reexperimenta la vida por lo que tanto personas mayores libres y también las cautivas de sistemas, roles, religiones, pensamientos contaminados y egoísmos han de tener bien presente que “El tiempo de su vida le pertenece”. Jonas F. Salk biólogo neoyorquino descubridor de la vacuna contra la poliomielitis cuando tenía setenta años afirmó: “Si hoy fuese yo un joven científico, seguiría trabajando en el campo de la microbiología pero en lugar de vacunar a las personas contra las infecciones las inmunizaría psicológicamente para que resistan mejor los males de la mente”.
¿Qué criterio prima al elaborar calendario y programa en los treinta y un centros del organismo municipal de desarrollo cultural UP? Si es por número de matrículas, en Orriols, las clases de baile han sido exitosas y, aunque así no fuese, ¿por qué no ha de primar el servicio público? ¿por qué se ha reducido el plazo de preinscripción a cinco días? Las clases de baile son molécula de deleite vital hay que respetarlas abandonando relatos escapistas que excusan puntos ciegos en pos de anular derechos cívicos, no limosnas, no tapabocas. En una fábula referida a las apreciaciones en la vida cierto gatito perseguía incansablemente su cola donde centraba la felicidad y un “gato viejo le dijo: Hijo mío, yo también le he prestado atención a los problemas del universo, yo también he pensado que mi cola era la felicidad. Pero, me he dado cuenta que cuando la persigo se me escapa y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer ella viene detrás de mí por doquiera que yo vaya”. Dejen señorías de los “sillones” de perseguirse la cola y honren, respeten y cuiden a quienes la vida les ha otorgado un doctorado que sólo los años validan.
“¡Queremos el baile que esta desde el principio de la UP Orriols! La actividad de baile rogamos que la incluyan, estamos más que indignadas porque además es un centro el de Orriols al que nos gusta ir y los profesores son de lo mejorcito”. “De los 150 participantes -de baile- que están conmigo, sólo algo más de 40 –los grupos de Orriols- sois los que estáis mal”. ¿Realmente “la zonificación (once zonas) permite que cada sector disponga de prácticamente la totalidad de la oferta de cursos y talleres”? ¿Tantos compromisos existen como para darle la vuelta al bombo de las recolocaciones de plantillas?
“La vejez no es un final” fraseaba la escritora francesa Simone de Beauvoir, “para que la vejez no sea una parodia ridícula de nuestra existencia, sólo hay una solución, que es continuar persiguiendo fines que den sentido a nuestra vida: dedicación a individuos, comunidades, causas, trabajo social o político, intelectual, creador”. Patrones de estímulo son cruciales, así, con la música, el baile y el ambiente de grupo se reacciona positivamente tanto mental como físicamente. ¿Por qué se multiplican actitudes patológicas en la espina dorsal de los poderes infringiendo a personas mayores maldades arrogándose el dominio sobre ellas y posibilitado la impune actuación de mutaciones, “Engendros del Caos”, -seres de la órbita Wahammer juego ambientado en la distopía-, capaces de perpetrar un senicidio y afirmar, como cualquier charlatán de feria, que “no se salvaban en ningún sitio” refiriéndose a siete mil doscientas noventa y una personas ancianas recluidas en residencias geriátricas de Madrid que fueron sentenciadas a muerte en el año dos mil veinte, durante la pandemia de la COVID-19. Por ser mayores, sin seguro privado y porque la vida más allá del círculo de capitostes no importa. ¿Cuándo se aplicará el Código Penal por la “denegación del deber de socorro” en este caso? Obstinarse en establecer la amnesia traumática en la sociedad y hacer viajar las denuncias por los despachos no servirá de nada para alejar a los siete mil doscientos noventa y un fantasmas dolientes que transitan por entre los “sillones”. A ochenta ancianos, “inquilinos de renta antigua”, de los apartamentos de San Francisco, el ayuntamiento de Madrid quiere desalojarlos por obras de “mejora y mantenimiento”, ¿martingalas de gran tenedor para desahuciar? ¿Cuántos retratos de “Dorian Grey” se almacenan en los sótanos políticos? El dublinés Oscar Wilde escribiría: “¡Ah! ¡En qué monstruoso momento de pasión y orgullo había rogado que el retrato soportase la carga de sus días…!”.
¿Por qué en entornos de la sociedad satisfecha las personas ancianas pierden su identidad? y así, sin nombre, acaban en el olvidadero, en la desconexión y silencio que prologan su muerte. La vejez ha pasado a ser meramente otro macro negocio del sistema en manos distantes y deshumanizadas. Un video divulgado por redes sociales muestra a una residente encamada con sábanas, empapador y la propia ropa recorrida por hormigas. “La residencia de mayores reconoce que había hormigas y culpan a un trabajador”. Refiere Roberto Martínez de Movimiento Residencias y SAD de Cataluña que “¡pueden hacer lo que les dé la gana!”.











































