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Vivir del cuento

Ángeles Sanmiguel

“Tan pronto como vio la sangre correr, bebió la crueldad y no apartó los ojos (…), desde ese instante, Alipio ya no fue el mismo que había entrado en el circo, sino uno más del populacho que allí concurría”, narra san Agustín en el Libro VI de sus “Confesiones”. “La gente está cansada de la imagen taurómaca como icono nacional”, un “cliché abochornante”. ¿Nadie del colectivo veterinario taurino siente repulsión por la violencia y tortura ejercida? En un reciente evento por parte de profesionales de esta licenciatura se premió a “la corrida de toros más completa lidiada durante la temporada” señalando el presidente del colectivo “la importancia del toro en el espectáculo”. ¿Cómo no va a ser relevante siendo como es la víctima imprescindible de tal abominación y escatológico divertimento?

“Escenas brutales han creado un mensaje profundamente atractivo”, se lee en “Las semillas de la violencia”, tanto que se ha convertido en peligrosísimo contenido que viraliza cualquier chifladura. ¿Acaso no es violencia la tauromaquia? A mediados del siglo dieciocho, según escribe Luis Gilpérez Fraile, vicepresidente de Asanda (Asociación Andaluza para la Defensa de los Animales), “algunos ganaderos se dan cuenta de que el criar reses especialmente para la lidia puede ser tan rentable o más que para carne (…) y comienzan a producir toros condenados de nacimiento a la lidia”. El mismo autor señala razas bovinas autóctonas extinguidas como la campurriana, pasiega, lebaniega mientras otras agonizan como la albera, blanca cacereña, cachena o murciana “y no son precisamente los taurinos los que destacan pidiendo su protección (…) es evidente que a los taurinos lo que les preocupa es la desaparición de las corridas, no de los toros”.

¿Cuántos licenciados y graduadas en Veterinaria viven de la tauromaquia siendo propietarios de ganaderías y rubricando actividades callejeras o en plazas de toros? ¿Velan por el bienestar de toros, novillos, vacas y caballos rebelándose contra la pasión para la que han sido traficados? ¿Impiden que sean cosificados? “Los únicos veterinarios que pueden justificar la barbarie son los que saben que están trincando del negocio y eso “justifica” mentir a sabiendas pues cualquier persona con una mínima empatía y sentido común sabe que los animales son seres sintientes que no quieren ser utilizados en diversiones humana”, declara el activista Diego Nevado. “Es muy importante que todo el mundo mire en su zona más cercana, donde firmar la iniciativa “noesmicultura.org” para alcanzar las quinientas mil firmas y derogar la Ley 18/2013 que regula la tauromaquia como patrimonio cultural. Desde la ciudad italiana de Turín hasta el veintinueve de agosto en Madrid una vuelta ciclista recorre dos mil setecientos kilómetros en el “Basta Corridas Vegan Tour”, la sexta edición, con actos antitaurinos en cada etapa como en la plaza del Ayuntamiento de Valencia.

“Los permisos para los mal llamados eventos taurinos o cualquier otro evento con animales, dependen de la voluntad política, cuando la alcaldía no quiere, no se hacen y no hay mayor problema y de hecho la mayoría del pueblo incluso lo agradece”, apunta Nevado tras la protesta ante el Ayuntamiento alfafareño para que “se dejen de autorizar los toros embolados, en cuerda y la cagada del manso” en dicha localidad. Violencia genera violencia. ¡Basta de estimular descontroladas brutalidades donde se enarbola funestos mensajes como la más tóxica masculinidad tribal que a pie de calle puede convertirse en juego de rol despachándose sin remilgos contra cualquier representación institucional o personas.

¿Defender desde la ciencia la agresividad folclórica e innoble? “Muchas de las personas que se meten a estudiar Veterinaria lo hacen porque aman a los animales pero normalmente estas personas se suelen dedicar a los pequeños animales, serían las personas que luego tienen clínicas, que atienden a animales de compañía, perros, gatos…, pero luego está la rama de veterinaria de producción que como su propio nombre indica se trata de que los animales produzcan, es decir, las personas que se meten en esta especialidad veterinaria lo hacen para trabajar en la industria, en la industria ganadera, en la industria que cría a los animales, los explota y después saca provecho de ellos, los animales son simplemente una manera de tener dinero y de hecho se dedican también a modificar a los animales para que produzcan más y mejor, para optimizar beneficios, más carne, más leche, más huevos, cuando vemos esos animales con un exceso de lana, excesivamente corpulentos todo eso es producto de selección y de manipulación que se ha hecho a lo largo de los años, de los siglos y sería también por parte de las personas veterinarias porque ya digo su función sería que estén los animales medianamente bien, lo justo, para que produzcan mucho más, es como aquello del esclavo feliz, una persona era una esclava y en ese momento producía más o trabajaba digamos con más entusiasmo si no se excedían en los castigos, en el caso de estos animales es lo mismo, exactamente igual, se le dan determinadas condiciones de alimento, de refugio, le proporcionan agua, una serie de elementos que son los más mínimos para garantizar la supervivencia pero siempre con el objetivo de que produzcan más. En Biología pasa los mismo, en Biología no se estudian los ecosistemas o los animales para respetarlos y dejarlos en paz, al contrario, se estudian como si fueran un parque temático al servicio del humano, todas estas carreras -y yo he hecho Biología- buscan de qué manera se puede utilizar la naturaleza y a sus habitantes para que produzcan un beneficio para los humanos”, declara la científica Rosa Más.

Desde la plataforma antitaurina de Alfafar publican que: “El PP de Alfafar continúa dando total cobertura a estos mal llamados festejos taurinos. Ni siquiera han atendido nuestra petición de que al menos se dejara de realizar el toro embolado” arguyendo que “hay veterinarios que dicen que no sufre el toro y otros que sí”. “Sé que pidieron que, como mínimo, los controles veterinarios se hagan para velar, por lo mínimo, de lo mínimo” refiere Nevado. ¿Qué maquinaciones le dan la vuelta a un cerebro instruido para consentir académicamente el horror y la violencia? ¿Cuál puede ser el “papel del veterinario en las plazas de toros” más allá de certificar macabramente que un rumiante, de tres o cuatro años, que ha vivido libre comiendo en ocasiones de la mano de su cuidador, pastando en la dehesa, acercándose tranquilamente a los abrevaderos está en condiciones para ser martirizado hasta ahogarse en su propia sangre? AVET (Asociación de Veterinarios Especialistas en Espectáculos Taurinos), con sede en Madrid, ya tiene programada sus próximas jornadas, a celebrar en Salamanca, “una localidad tan taurina”, se lee en la web. “¿Acaso el veterinario hace un juramento hipocrático en servicio a los otros animales? Es evidente que no, porque, si así fuera, la inmensa mayoría de ellos debería autoinculparse e irse al paro” escribe Òscar Colom para uno de los libros de la Fundación Altarriba. AVATMA (Veterinarios por la Abolición de la Tauromaquia y de Maltrato Animal) apunta que “los toros de lidia pueden perder en el transporte hasta 50 o más kilos de peso (solo en 100 Km de recorrido), y hasta 5 kilos durante la lidia (…) el toro es un herbívoro y como tal no tiene el fondo ni la preparación adecuada para aguantar físicamente la lidia (…) de hecho las hormonas que nos sirven para cuantificar el sufrimiento de los músculo, la CPK, la LDH, la AST y el cortisol, están muy elevadas en estos animales tras su muerte en el ruedo (…). ¿Saben ustedes que este estado de sufrimiento orgánico es una de las causas principales de que se descarguen betaendorfinas en los mamíferos? ¿Saben ustedes que este estado de acidosis es un marcador inequívoco de sufrimiento en los herbívoros rumiantes?”. “Todos los toros durante la lidia padecen una evidente insuficiencia respiratoria” y pérdida de sangre por las puyas, banderillas, estocadas, descabellos y puntilla.

“Las peleas de gallos, las luchas de perros, de toros contra perros o los duelos entre hombres y animales, como las corridas de toros, han constituido durante cientos de años ceremonias carnavalescas despiadadas aún hoy entramadas en la fibra cultural de muchos pueblos”, dictamina el octogenario psiquiatra sevillano Luis Rojas Marcos quien sería máximo responsable de salud mental de los servicios municipales neoyorquinos y actualmente docente voluntario de su especialidad.

En una tesis doctoral puede leerse que: “Se enfatiza la falta de subvenciones que rodea a la investigación del Toro de Lidia, sobre todo a la hora de publicar en el extranjero, porque el tema es rehusado en las revistas”. ¡Obvio! ¿a qué país normalizado en su progreso le puede interesar académicamente este negocio? Asociaciones veterinarias sortean entradas para corridas de toros, se organizan congresos taurinos de veterinaria y academias de ciencias veterinarias no dudan en encumbrar a profesionales ligados a la tauromaquia otorgando premios a trabajos de profesionales con intereses en este mundillo. ¿Se sigue multando al staff veterinario de las plazas de toros como cuando dieron el visto bueno a una res incapacitada, el “tal Calcetero”, que “tenía en el ojo izquierdo una queratitis que imposibilitaba la visión y por consiguiente confirmaban que el animal estaba tuerto”? Toros drogados, purgados, con “manipulación fraudulenta de sus defensas”, golpeados en los riñones, con el hocico taponado. “Al toro se le “prepara” para el último momento de su vida, untándole los ojos con vaselina para dificultar la visión”, denunció la Sociedad Mundial para la Protección de los Animales (WSPA). “Ahora falta que los veterinarios -profesionales a los que falta un juramente análogo al hipocrático- , cumplan su extraña labor de control y de denuncia”, argumenta un artículo de ADDA (Asociación Defensa Derechos Animal). El citado Colom, representante de la Asociación Naturista de Barcelona, escribió en el año dos mil siete: “La descomunal jauría de tontos endiosados en la que los humanos “civilizados” nos hemos convertido, han triunfado y con ellos, el nazismo de la más pura cepa, focalizado mental y socialmente en el maltrato, la explotación y el sacrificio indiscriminado de los otros animales”.

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