Martes 26 de febrero de 2008, por
Ni el guionista más depravado, en la peor de sus resacas y harto de mescalina, habría sido capaz de imaginar escena tan inquietante como la que describió Rajoy sin despeinarse y mirando de reojo a Pontevedra: Una metafórica niña indefensa, convenientemente evangelizada por obispos visigodos, elegida como becaria para trabajos basura por pijos de Serrano inopinadamente reconvertidos en jefes de personal, pretendidamente educada por opusdeistas privatizadores para quienes el sexo es una enfermedad, alegremente adoctrinada por falangistas de la FAES enganchados a la cocaína y a los machetes, inquisitorialmente juzgada por niñatos con master en Georgetown que deciden sobre el cuerpo de los demás, diariamente insultada por federicos rapados y demás patulea de ultracentro, se convierte, por obra y gracia del espíritu santo, y de Mariano, como un capullo en una crisálida, en la española sin complejos que cuando besa, como todo el mundo sabe, no es por frivolidad, sino por orden de la autoridad competente, militar, por supuesto.
Una familia española, una vivienda española, trabajo español para sus padres españoles y el orgullo de ser española; casi ná. Que gazpacho de Don Pelayo, el Cid, el guerrero del antifaz, María Pita, Agustina de Aragón, Cossío, Foxá y la quinta del buitre. Al lado de semejante esperpento patriótico la matanza de Texas parece una comedia amable, romántica y “tolerada”, que se decía cuando cerillita, el de las tres españas, tres, y demás gritos de rigor (mortis), ponía a las niñas españolas a coser, y bailar jotas, en la inolvidable sección femenina. Todo un indudable servicio a la patria; folklórica si, pero patria al fin y al cabo. Por el imperio hacia dios pasando por el macramé, el tamboril y la dulzaina. Pura modernidad.
El discurso de la tradición que intenta promocionar Mariano para seguir vendiendo apartamentos en Marina d´or y sellos de Forum Filatélico, o para quedarse con hospitales públicos, tiene un problema; huele a pies de Aznar, a cura pedorro, a pis de monja, a vomitona de hooligan. Mariano Rajoy, registrador de la propiedad en Santa Pola, amenaza con convertir a las niñas españolas en superespañolazas como Isabel Sansebastian, Curry Valenzuela, Carmen Tomás, Cristina López Schlichting, Isabel Pantoja o Esperanza Aguirre. Yo que Mariano, y demás lumbreras de la hispanidad, dejaba a las niñas tranquilitas. Con semejantes modelos puede haber un alud de solicitudes para pedir asilo político en Papua-Nueva Guinea.