El País nos quiere gobernar

Impasible el ademán. El diario El País sigue en racha de contraofensiva para revertir el actual conflicto social. No sólo no amaina su campaña sino que cada día que pasa la incrementa. Peldaño a peldaño, incluye nuevos elementos, más fuerzas vivas, otras dotaciones de refresco para su causa general anti 15-M y demás sublevados. Quiere reconducir la protesta hasta puertos más seguros. Hacerla deflagrar en zona de nadie. Proceder con su teórica impronta como los mansos que escoltan de vuelta al corral a los astados. El País, ese BOE del progresismo virtual, trata a marchas forzadas de evitar que el otoño se convierta en un ocaso para el sistema. Su apuesta es por redireccionar en placebo el creciente malestar y la indignación ciudadana. Con tal fin utiliza sus páginas para minar al 15-M y los sectores radicales, recauchutando con su aval como agentes del cambio precisamente a las instituciones y dirigentes que sembraron el expolio que nos corroe. Juega a la ceremonia del olvido unilateral, a minutar la confusión. Quiere dar vidilla al PSOE dinástico y a sus acólitos sindicales CCOO y UGT con la ayuda de una corte de intelectuales mediáticos.

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Un gran acuerdo nacional (Refundar la dictadura)

El diario El País patrocina un golpe de timón. Descaradamente. En defensa de las esencias de la transición. Para frenar el descrédito de las instituciones comprometidas con el codicioso sistema financiero y los sectores que desataron la crisis. Como en su día hizo El Alcázar, órgano de los ex combatientes, para también proteger los intereses del criminal franquismo en retirada. Y para vender ese trágala antidemocrático e inconstitucional, uno de los articulistas de cabecera del periódico que controla Juan Luis Cebrián y los grandes de la banca, el veterano periodista felipista Miguel Ángel Aguilar, utiliza la excusa de que ”un clamor generalizado aboga por un gran acuerdo nacional de PP, PSOE, CiU y PNV”. Cuando la realidad manifiesta es que las propias encuestas que publica ese medio indican que los ciudadanos desprecían olímpicamente al oligopolio partidista dominante. Con una arrogancia y un cinismo que raya en lo delicuencial, el texto de Aguilar, “Buscando a Leopoldo desesperadamente”, llama a una operación para descabalgar a Mariano Rajoy de la presidencia del gobierno. Utilizando las mismas armas de la conspiración y el chantaje con que en su día se expulsó a Adolfo Suarez con una moción de censura promovida por el PSOE y apoyada desde dentro por la propia UCD. Una vez más está meridianamente claro que los poderes fácticos están dispuestos a todo tipo de abusos y desmanes para perpetuar el statu quo. Lo nuevo es que en esta ocasión el abanderado del golpe es la izquierda dinástica a través del diario El País, revelado como nunca la verdadera arma secreta de la transición. Y que el partido al que se intenta fulminar ganó las elecciones por mayoría absoluta hace siete meses.

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