Cuando comprar lo convierten en una dependencia

Artículos Perecederos de Antonio Pérez Collado

El sistema, que tan bien nos exprime, ignora nuestras necesidades reales y nos crea otras de cuya satisfacción sus gestores sacan pingües beneficios. Y entre esas necesidades inventadas, ninguna tan superflua y eficaz al mismo tiempo como la de comprar compulsivamente. A este fenómeno, a esa pulsión insaciable, se le denomina consumismo y de su promoción y desarrollo se encarga el propio régimen capitalista.

Aplicando esta táctica están consiguiendo darle la vuelta a nuestra escala de valores, como clase trabajadora, de tal forma que el hecho de comprar (aunque sean cosas que verdaderamente no necesitamos) sea más importante y nos proporcione más satisfacción que estar con los amigos, la familia, el vecindario o en otras actividades de ocio que no implican transferencia de dinero a las grandes empresas. Han llegado a su modelo ideal de sociedad: les estamos dando un gran rendimiento mientras permanecemos en el trabajo y, ahora también, cuando nos pasamos nuestro tiempo de descanso consumiendo.

En este contexto el anuncio de la apertura de nuevos e innecesarios centros comerciales o la ampliación de sus horarios de venta a los fines de semana no responde a una demanda social ni a los auténticos interesas de las poblaciones a las que pretenden seducir. Sólo obedece al intento de hacernos aún más consumistas y con ello aumentar sus cuentas de resultados. Si de verdad pensaran en el bien de nuestras familias se preocuparían por nuestros salarios, por la vivienda, por la sanidad, por las personas mayores y por la gente precarizada por su modelo económico, etc.

No hay otros argumentos que justifiquen la ampliación de horarios comerciales que no sean el aumentar los beneficios de las empresas y la explotación de sus plantillas. Y es que si como sociedad ni necesitamos ni nos beneficia la apertura en festivos, el otro aspecto negativo –que por solidaridad no podemos ignorar- es el que sufrirán las personas que trabajan en las citadas grandes tiendas, obligadas a sacrificar su tiempo de convivencia familiar y social.

Durante las últimas décadas -y no sin duras luchas- la clase trabajadora ha ido conquistando la reducción de las largas y extenuantes jornadas de trabajo, a la par que el descanso semanal. Dicha libranza durante los domingos y festivos no solo representa la satisfacción de la necesidad de descansar y reponer las fuerzas quemadas en el puesto de trabajo; también significa desconectar mentalmente del entorno laboral y sus tensiones, poder dedicarnos a asuntos y actividades personales, cuidar y cuidarnos en casa, etc. No podemos olvidar que con la frenética vida que llevamos por culpa de los trabajos, los estudios, los desplazamientos… el fin de semana es el único tiempo que podemos pasar con nuestras familias y amistades.

Pero aun siendo la libertad horaria que estas empresas buscan un riesgo para la salud física y emocional de quienes trabajan en estos sectores, tendríamos que aceptarlo e intentar minimizarlo si respondiera a una necesidad social; tal y como se aceptan y regulan las jornadas y condiciones de servicios esenciales como bomberos, hospitales, farmacias, mantenimiento, etc. El caso del que estamos hablando no tiene nada que ver con estas actividades que requieren un buen funcionamiento permanentemente.

Comprar lo imprescindible para la vida diaria es algo que se puede hacer en los horarios “normales” puesto que hoy existen infinidad de productos alimenticios que se conservan varios días y, además, en nuestros domicilios disponemos de eficaces frigoríficos que nos aseguran alimentos abundantes y saludables para todo un fin de semana y más aún. No digamos ya de la ropa o el calzado que tiramos antes de que se rompa.

Por último, y como sindicato preocupado por el empleo y su calidad, queremos llamar la atención sobre el incesante incremento de todos estos grandes almacenes y centros comerciales. Y lo hacemos para recordar que suelen crean menos y peor empleo del que anuncian y, por añadidura, son una sentencia de muerte para el pequeño comercio, mucho más próximo, accesible y arraigado en la comunidad que todas estas cadenas multinacionales.

En CGT estamos habituándonos también a tener que denunciar todo tipo de prácticas abusivas de las empresas del sector del gran comercio: discriminación y persecución sindical, sanciones y despidos contra el personal menos sumiso o que, simplemente cae de baja médica, amenazas y lavados de cerebro para tener plantillas totalmente identificadas con la política empresarial, etc.

Nuestra organización debe apostar por otro modelo distribución, donde los mercados municipales, las tiendas de barrio, las cooperativas de consumo ecológico y los productos de proximidad sustituyan a las grandes superficies, los alimentos de agricultura intensiva y el consumismo irresponsable.

(Publicado en NOTICIA CONFEDERAL de diciembre)

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