Retórica, populismo y poder

La Veranda de Rafa Rius

Ahora que se nos avecina inexorable un dilatado periodo electoral, tan variopinto como presumiblemente inane en lo que se refiere a mejorar las condiciones de vida de la mayoría, hay una palabra en el campo de la retórica electoral que ocupa los primeros lugares del hit parade: el populismo. Y, ¿Qué es populismo? Me preguntas mientras fijas en mi mirada tu mirada enrojecida. Populismo eres tú, porque populista siempre es el otro.

En el lenguaje, como en la ropa, también hay modas. Ahora mismo, ya no hay demagogos, ese término está “demodé”, ahora lo que hay son populistas y en cualquier caso, lo único que parece evidente es que el término “populismo” siempre es peyorativo, descalificativo y reduccionista, dentro de la lógica de un pensamiento político binario. De un lado lo populista y de otro lo políticamente correcto; sin que en ningún caso los que lo utilizan tengan claro en absoluto cuales son los límites que enmarcan la expresión ni cual es su exacto contenido ideológico, si es que posee alguna identidad propia, lo cual parece cuanto menos dudoso. Al carecer de una sustancia conceptual definida, se aplica como escarnio y provocación a lo largo de todo el espectro político, así, suelen ser tachados de populistas Trump y Bolsonaro, pero también Iglesias y Maduro. No importa qué demonios quieren significar, porque lo que importa es insultar y descalificar pero también expulsar a los márgenes del sistema. En España, Sánchez o Casado, nunca serán populistas (salvo en periodo preelectoral donde vale todo), como tampoco en su tiempo lo fueron Cánovas o Sagasta porque unos y otros, formaban y forman parte del buen orden democrático del sistema vigente: con dos partidos que se turnen en el poder para dar la sensación de que de cuando en cuando algo cambia, es más que suficiente para mantener la ficción democrática y que los dueños del garito sigan haciendo caja.

En algunas ocasiones, como a partir de la segunda década de nuestro siglo, ante la debilidad de los partidos tradicionales surgen a derecha e izquierda outsiders cuya máxima novedad consiste en renunciar expresamente al nombre de “Partido…”, véase Podemos o Ciudadanos, pero que en el fondo no son sino más de lo mismo; sus supuestas novedades se disuelven en la insignificancia como los Círculos de Podemos o la renovación centrista de Ciudadanos y rápidamente devienen en sus estructuras una copia exacta y piramidal de las viejas formaciones políticas, con su líder carismático e indiscutible al frente. Los partidos instalados en el poder bipartidista, no ven con buenos ojos que nadie ocupe su nicho electoral para disputarles unos votos complicados de conseguir; a partir de ahí, una de las estrategias de descalificación más habituales es tachar a los recién llegados de populistas. Nadie parece tener muy claro qué demonios quieren decir exactamente con ello, pero parece hacerles daño que es lo que importa.

Así las cosas y ante tanta simpleza estúpida con la que nos bombardean a diario, deberíamos replantearnos como es posible que en eso que llaman Estado Español, tras cuarenta años de engaños y falsas promesas, sigamos confiando de nuevo en que dentro del redil en el que nos recluyen, con populismo o sin él, esta vez algo pueda ser diferente.

Un comentario sobre “Retórica, populismo y poder

  • el 29 noviembre 2018 a las 21:59
    Permalink

    Un ácrata en camiseta

    O tal vez lo que hay son ambas cosas a la vez. Las modas, tanto en las costumbres como en el lenguaje vienen para seducir a los imbéciles de todo género, los hay a “manadas” son la marea oscilante que todo lo envuelve. Las elecciones autonómicas de Andalucía pasarán y poco importa quién las gane, qué más da. Acaso el obrero o ese sector importante por su número, e insignificante por su inoperancia se va a hacer oír, seguro que no. En el problema catalán la situación ha llegado a ser tan estúpidamente “ridícula” que los intereses encontrados entre explotadores y trabajadores ha llegado a ser lo que la realidad no se podía ocultar. Los tartufos de la oligarquía catalana, todos ellos travestidos de titiriteros al modo cervantino del “Retablo de las maravillas” confiesan ser todos quienes en realidad no son ni serán nunca, la Nuria emulando a Woody Allen en ¡Toma el dinero y corre! . No de balde tienen la cara dura de afirmar con rotundidad que Cervantes se apellidaba Sirvent y les sirve a ellos. (ja, ja, ja,) La situación política de todo el país es una descomunal obra cómica tan grande, que dudo que quepa en territorio que pretende ocupar. Pero no se abandonen en el alborozo, la extrema derecha ha aparecido con la suficiente fuerza y con el firme deseo de trastocar esta farsa en tragedia. Agárrense que viene curva…
    Al tiempo

    Emili Justicia

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