Al sur de Despeñaperros: cuando tú te hayas ido…

El Vaivén de Rafael Cid

¿Sabemos por qué gana el PSOE en Andalucía?

Porque quiere a la gente”

(Susana Díaz en un mitin)

Rafael Cid

El reñidero político está lleno de lugares comunes. El de “tenemos los gobernantes que nos merecemos”, con su carga de responsabilidad añadida, es uno de los más socorridos. Sin embargo, nadie discutiría la obviedad que refleja: ellos gobiernan porque nosotros les elegimos. Y aquí paz y después gloria. Eso en abstracto. Aunque cuando se desciende a la pedestre realidad el relato se complica. Sobre todo si, como ocurre en la Andalucía del susanismo rociero, se constata la perversidad de su lógica. El instinto de conservación dice que nadie en su sano juicio se quiere mal. Así que habrá que buscar en otra parte la razón de qué la comunidad más poblada de España vote religiosamente durante 36 años un monocultivo ideológico que lidera el ranking de retraso, pobreza, desempleo y mandanga. Por puro masoquismo no será.

Emulando al Hegel de “todo lo racional es real y todo lo real racional”, Marx decía que la “humanidad solo se plantea problemas que puede resolver”. De comprárselo habría que deducir que en Andalucía faltan problemas, cosa a todas luces incierta, o humanidad, algo igualmente descabellado. Lo que nos lleva a focalizar la causa eficiente del trauma en la incapacidad de ruptura con esa inercia. Y de ahí a pensar que el inmovilismo político y la reiterada aceptación de un statu quo tóxico tendría mucho que ver con una dopada adaptación al medio. Lo que en otros páramos se conoce como “servidumbre voluntaria”, por autoinfligida. También sobrevenida, ya que la conformidad no radica en la naturaleza de las cosas ni se trata de un fenómeno al margen de la evolución histórica. En línea con el pio argumentario de Susana Díaz que corona esta nota, el siempre boyante socialismo andaluz actuaría como ese “ogro filantrópico” con que el poeta Octavio Paz calificaba al PRI mexicano.

¿Y cómo quiere a la gente el PSOE de Despeñaperrros abajo? Ahí van algunos datos. Tasa de paro en el tercer trimestre de 2018: 22,85% (nacional 14,55 %); en Huelva 25,98% y entre menores de 25 años 46%. Riqueza per cápita: 18.000 euros (española 25.000). Umbral de pobreza: 37,3% de la población (21,6% resto).Sanidad: la comunidad que menos invierte por habitante. Todo ello en la región más favorecida por los fondos estructurales de Bruselas. Más de 102.000 millones de euros de una Unión Europea (UE) que acaba de situarla entre el grupo de zonas en desarrollo, aquellas que tienen un PIB por debajo del 75% de la media comunitaria. Educación: el último informe PISA por autonomías colocaba a Andalucía en la cola en ciencias y en el penúltimo en lectura y matemáticas. Y para finalizar, según el índice de calidad de gobiernos (EQI) de la Comisión Europea (CE), la Junta se sitúa en el nivel más bajo de toda España, comparable al de algunos territorios polacos. Fuego amigo, a medio camino del flechazo a primera vista y el síndrome de Estocolmo.

Aunque tan distópico panorama, una foto fija que camina hacia la cuarentena, no solo tiene que ver con el modelo clientelista de las instituciones andaluzas dependientes del palacio de San Telmo. También fomenta la complacencia una estrategia cultural e informativa que ensalza tradiciones populares de charanga y pandereta, haciendo de su idiosincrasia una reivindicación del nacional-folklorismo de rancio abolengo. Desde la feria de Sevilla y sus casetas personalizadas a la cabalgata endomingada del Rocío, pasando por el circuito procesional, las cofradías de penitentes, los festejos taurinos (una dirigente de Podemos tuvo la ocurrencia de sugerir su abolición y a punto estuvo de ser linchada; por eso ahora su camarada se exhibe de nazareno en Semana Santa) y un rosario inacabable de castizos saraos. Sin olvidar la inaudita contribución a ese rosario de valores patrios de Canal Sur, la tele del régimen, que inocula un continuum de espacios para el entontecimiento, entregando su parrilla a médiums Los Morancos, Juan y Medio y Pepe el Marismeño. Por cierto, en aquella demarcación el PSOE no aplica los mismos códigos que en el Estado. Mientras Ferraz utiliza un decreto-ley para designar una nueva dirección de RTVE, sorteando así el bloqueo de meses de PP y Cs en la mesa del Congreso, Canal Sur TV mantiene en funciones un consejo de administración cuyo mandato venció en 2014.

Cosas del querer de la izquierda andaluza en el poder. El mismo troquel político que en 2006, bajo el mandato del EREmita Manuel Chaves, designó hija predilecta de Andalucía a la duquesa de Alba, la mayor latifundista del continente. Ni en la Galicia pepera se llegó a tanto durante tanto tiempo, a pesar de lo que piensen mis amigos galegos, con ser mucho y proceloso. La resistencia al cambio en Andalucía no tiene solo que ver con la escasa credibilidad e indigencia social de las oposiciones en liza, que también. Es ante todo una prueba de la eficacia de la mainstream oficialista que ha conseguido inocular en la conciencia de los votantes la idea del “más vale malo conocido”. Posiblemente temiendo que, como dice la canción de Alberto Cortez, “cuando tú te hayas ido, nos envolverán las sombras”. En ese sentido, la tercera vía de Evita Díaz copia a la dama de hierro británica y su “there is no alternative” (no hay alternativa).La extraordinaria resiliencia de este modelo andalusi proviene en buena medida de una hábil campaña de comunicación emocional. Un calabobos pertinaz y paternalista que ha inoculado la anestesia local necesaria para cohesionar un grupo de pertenencia identitario (“espíritu de cuerpo”) inhibidor del cambio. Por supuesto, retrasando la operatividad de una verdadera sociedad civil autónoma.

Todo lo anterior, por estrafalario que parezca, no justifica el hecho de que vaya a ser precisamente en la Andalucía socialista donde se estrene el partido xenófobo Vox, pero tampoco lo exonera. Y ¡ojo!, el bautismo político de esa ultraderecha emergente se produce precisamente en el principal lugar de entrada de los migrantes que intentan el salto a la península y con ello a la UE. Al fin y al cabo, las formaciones populistas de corte parafascista arramplan allí donde el sistema de la sediciente izquierda ha corrompido los cimientos de la democracia mediante el clientelismo (el dilema imposible de Navantia entre fabricar armas o comer). La Andalucía del destino manifiesto es experta en convertir la penuria en radiante porvenir. Los casi 80.000 millones de euros comprometidos en la rifa de los ERE desde la cúspide de la Junta la contemplan. Mientras, en su declaración de bienes la presidenta Susana Díaz dice tener 80,69 euros en sus cuentas bancarias. Seguramente porque la camaradería económica con los subordinados (gobernados-representados) es la mejor guía del liderazgo consentido. La forma antropófaga de hacer de la necesidad virtud.

Un comentario sobre “Al sur de Despeñaperros: cuando tú te hayas ido…

  • el 7 diciembre 2018 a las 23:50
    Permalink

    Un enemigo del pueblo

    El caso Navantia es una cuestión de imaginación y de tener ganas de querer renovarse. Son tan ceporros sus ingenieros que no son capaces de reinventarse y se capaces de cambiar la manera de producir, haciendo maquinaria pesada para la minería, la obra pública, navíos para cabotaje con tecnología punta o latas para anchoas, etc. El limitado bagaje intelectual y práctico de todos los políticos sin excepción, es tan extraordinariamente pobre que no da para nada, solo ven su interés particular. Pero claro; el andaluz liderado es un sujeto parroquiano de un sistema clientelar y no dan para más que para ser unos serviles en el mejor de los casos, en el peor, votan a VOX. A Andalucía le hace falta dar un sesgo a su manera de entender la vida y tiene una gran ocasión para hacerlo, solo tienen que deshacerse de tanto gañan y darle utilidad a ese potencial de riqueza que posee, que otros más aprovechados se lo llevan crudo y con disimulo. Pero claro, la tradición pesa y si esta está tan estereotipada hasta el punto de transvestir a los andaluces en artistas del hambre. Es muy poco edificante el llegar a tal extremo de pueblo decadente e indolente y amodorrado. que queda por decir.. a tal pueblo, tales gobernantes..

    Emili Justicia

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