Rimbombantes blablablas

Marc Cabanilles

Marc Cabanilles

Mientras desde la instituciones públicas se hacen multitud de llamamientos a la igualdad de trato y la no discriminación, mientras se generan voluminosos informes sobre pluralidad y diversidad, mientras se habla incluso de derechos humanos, sus actuaciones van en sentido contrario a esa igualdad, esa diversidad y los derechos humanos. Para salvaguardar la no discriminación, resulta que en vez de suprimir la enseñanza de la religión del ámbito público, la última ocurrencia de unos políticos mediocres y sin visión de futuro es introducir islamismo y protestantismo en la enseñanza pública y concertada.

El acceso a la enseñanza es un derecho común a toda la ciudadanía, y por tanto, el rimbombante blablabla de la igualdad de trato y no discriminación, debería sustanciarse en no privilegiar ni promocionar instituciones que aprovechan esos privilegios para impartir doctrinas y creencias particulares en sitios públicos. El rimbombante blablabla de la pluralidad y diversidad debería servir para ser conscientes de que en el espacio público siempre hay personas con formas particulares de vivir, costumbres diferentes, creencias e ideologías distintas y, por tanto, para lograr una convivencia pacífica, en armonía, para lograr respeto a todas las convicciones, dicho espacio público debe ser neutral, no resaltando unas ideas y menospreciando u ocultando otras. En un espacio público nunca debería permitirse que acciones o ideas de un grupo estén por encima de las de otro.

El rimbombante blablabla de los derechos humanos, especialmente en lo relativo a la infancia, debería tener en cuenta la especial protección de un colectivo en proceso de maduración psicológica y desarrollo de la personalidad, con el fin de posibilitar que reciba una formación veraz, científica y contrastada, en vez de supercherías sobre la vida y obra de seres imaginarios que nunca nadie ha visto ni demostrado su existencia. Si el derecho de los progenitores a elegir la educación de sus vástagos prevalece sobre el de la infancia a una educación científica, al menos que se haga en ambientes privados (parroquias, catequesis, hogar…) y con recursos particulares.

Por no hablar de la aplicación práctica de esas enseñanzas religiosas. Al igual que con la secta católica, la elección de los profesores, el diseño del temario a impartir y los materiales didácticos quedan en manos de las diferentes autoridades religiosas, o sea, la Comisión Islámica y el Consejo Cristiano Evangélico. Y por supuesto, para rematar la igualdad de trato, el salario y las cotizaciones de esos propagandistas van a cargo del presupuesto estatal, o sea, de toda la ciudadanía.

Espero que entiendan la indignación de quien por ser ateo considera que los llamados libros sagrados, dogmas religiosos y demás preceptos, no son más que cuentos de hadas, supercherías, fábulas sobre seres imaginarios y delirios de personas individuales que necesitan ser introducidos en los cerebros de la infancia para perpetuar privilegios y poder a lo largo del tiempo. Cuando tantas necesidades hay, destinar recursos públicos a enseñar creencias particulares, no sólo es un sinsentido, sino que supone un fraude económico y moral.

Un comentario sobre “Rimbombantes blablablas

  • el 25 noviembre 2018 a las 22:28
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    Un ácrata en camiseta
    El Estado necesita de aliados y no los va a ir a buscar en el conjunto de la ciudadanía o sociedad civil. El ventajismo y el choteo del Estado se mide por su jeta a la ora de vendernos esa burra vieja y sarnosa del “dialogo” que este brinda a sus gobernados. Sitúa en sus discursos al vulgo en la categoría de vulgar guiñapo, el cual malea a capricho. Claro, para ello necesita de la complicidad de otros poderes mediáticos, sea sé, la religión y partidos de toda laya, que en ausencia de inteligencia de estos, como buenos tahúres, encuentran la necesidad corporativista de la asociación de todos estos malhechores en pura asociación criminal. Claro, aquí nadie queda al margen de la irresponsabilidad. En este juego peligroso y lo que representan los invites de esta gente, llámese religión (la que fuese) y que en su tramposo relato hace caer en la estulticia a sus victimas incapaces de ver o pensar más allá de sus narices. Es de necesidad reivindicar el libre pensamiento y salir a la arena política a contrarrestar con ideas racionales y razonadas a esa caterva de zumbados, pero que si saben lo que hacen. Retomando el grave problema de las religiones, si la cristiana o judaica son perniciosas, es de necesidad sospesar y valorar a la más perniciosa de todas, el islamismo y la monstruosidad que representa la palabra escrita de su Dios, Hallàh. El Corán no es otra cosa que un tratado político religioso para la gobernanza de la humanidad, bajo la férula del Islam de forma o manera incuestionable. No le falta razón al articulista el señalar la penetración de las religiones en la enseñanza pública. Estas han conseguido tumbar largos años de laicismo y racionalismo con la mayor naturalidad del mundo, como ellos mismos afirman, “Que Dios nos pille confesaos”.

    Emili Justicia

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