MENA

La Veranda de Rafa Rius

Las siglas en muchos casos ocultan eufemismos. La palabra mena nos remite al campo aséptico de los minerales, pero si en lugar de MENA decimos Menores No Acompañados, un vago malestar nos recorre las vísceras. Una de las más terribles consecuencias, demasiadas veces ignorada, de los flujos migratorios es la existencia de menores que, perdido todo punto social de referencia, vagan atónitos y dispersos por los mas insospechados territorios.

De ordinario deambulan por las ciudades, subsistiendo de la picaresca y de las migajas que la sociedad de hiperconsumo o sus sórdidos organismos asistenciales permiten hacer llegar hasta ellos, pero también frecuentan los espacios rurales, resistiendo con lo que pillan en los campos o mediante la ayuda de las gentes de los pueblos, por lo general más solidarias frente a situaciones que conocen bien. Aunque por ley los menores en casi todos los países supuestamente democráticos tienen derecho a ser protegidos por el sistema de asistencia social, muchos de ellos están en las calles, teniendo en cuenta que para los políticos de turno, no son una prioridad que afecte a sus expectativas electorales y además constituyen un problema difícil de manejar.

Por otra parte, no se trata de procesos aislados ni de adolescentes aventureros que deciden seguir el camino de los adultos hacia las utópicas posibilidades de Europa o EEUU. Estamos ante un tipo de migración, que sigue las trayectorias geográficas de las migraciones adultas, pero tiene su propia dinámica y naturaleza teniendo en cuenta que hay quien ha iniciado su periplo solo y otros que en cambio, han perdido sus estructuras familiares en el camino. Lo único que parece claro es que, como en el caso de los mayores, se establece una nítida relación causa-efecto entre las migraciones y la globalización económica, entendiendo ésta como respuesta a las exigencias del capitalismo y su acción predadora en los países de origen.

Desde otra perspectiva, es preciso matizar al analizarlos para actuar, la variabilidad de sus perfiles (sexo, procedencia, proyecto migratorio), sobretodo tomando en consideración la escasez de datos y de estudios al respecto y por tanto la dificultad para el análisis de sus especificidades y su evolución.

En ese sentido, por lo que se refiere a una perspectiva de género, los menores no acompañados son en su mayoría de sexo masculino teniendo en cuenta los factores socioculturales que ponen de manifiesto las diferencias de roles de género en las sociedades de origen y por tanto la menor presencia de las mujeres en los movimientos migratorios. Así, desde esta perspectiva, la inmigración se produce como resultado de sociedades con modelos masculinizados diferentes, donde las mujeres parten de restricciones estructurales que dificultan en gran medida su movilidad.

Una vez en el país de destino -si no están entre los que mueren en el intento- estos menores padecen una triple vulnerabilidad, como menores, como inmigrantes y como indocumentados. Por lo que se refiere al Pais Valencià, y a pesar del pomposo nombre de la Conselleria correspondiente: Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas, ésta no contiene en sus medidas de protección incluidas en su página web, ninguna específica referida a los menores migrantes no acompañados, aunque desde 2006 las instituciones españolas de Defensores del Pueblo consensuaron una declaración sobre responsabilidades de las Administraciones Públicas sobre los menores no acompañados, que estableció una serie de principios de actuación, como:

a) La asunción inmediata de la tutela del menor por las Comunidades Autónomas, de manera que el estudio de cada situación no suponga una privación temporal de recursos sociales, educativos y formativos.

b) La iniciación del proceso de documentación del menor cuando se acredite la dificultad de retorno con su familia.

c) Los menores no deben ser repatriados a sus países de origen si no existen garantías de retorno a su núcleo familiar o de los recursos de protección alternativos.

Según fuentes del INE, de los 80 000 menores inmigrantes oficialmente reconocidos como residentes en el Pais Valencià, 166 son MENA atendidos en el sistema de protección de la Generalitat entre 2015 y 2017. Los no atendidos que deambulan perdidos, representan un número difícil de cuantificar, pero es de temer que sean bastantes más de los recogidos en las estadísticas oficiales. En cualquier caso, siguiendo las directrices europeas, se trata de una política donde las medidas de control e identificación, y en su caso de expulsión, se imponen claramente sobre las de protección y dignificación. Como ejemplo, la reducción en los últimos años del número de pisos tutelados implica el aumento de los periodos de estancia en residencias masificadas afectadas por numerosos problemas de convivencia.

Así las cosas, se impone una mayor visibilización del problema y una más decidida actuación no represiva y sí de protección efectiva, por parte de las autoridades competentes, pero también por parte de cada una de nosotras que no podemos mirar hacia otra parte y sí pensar qué podemos hacer desde nuestros diferentes ámbitos de socialización.

2 comentarios sobre “MENA

  • el 18 noviembre 2018 a las 23:48
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    un enemigo del pueblo
    La autoridad es y será siempre en su ejercicio un acto contra natura, lo ejerza quien lo ejerza: sea la derecha, sea hombre o mujer, feminista o de izquierda. La autoridad no es otra cosa que la prepotencia a través de la imposición. Cosa muy diferente es la “autoridad” que se pueda ejercer desde el conocimiento de un buen maestro hacia su alumno, o el diagnostico acertado de un médico, el cual es inapelable.
    La historia de la humanidad es la historia de las migraciones, sin ellas la humanidad no hubiese podido subsistir. El pretender dar legitimidad un territorio por aquello de que “YO LLEGUÉ PRIMERO”, el tener la fea costumbre de hacer rayas sobre el territorio para clasificar ” a los de dentro” como diferentes de los de fuera, pues no es muy de recibo, aún poniendo como descargo “la particularidad” de su lengua diferenciada, sus diferencias en las costumbres, etc. Esto no hay quien lo pare, es una ley natural que dicta que la vida tiende siempre a reproducirse, como sea y donde sea.
    Con una edad cercana a los setenta y dos años me da la suficiente “AUTORIDAD” ( es cachondeo y cochineo cargado de toda la ironía de que soy capaz) como para recordar mi niñez en una Valencia de posguerra devastada. Con una infancia de alpargatas rotas y de calzones rotos o remendados en el mejor de los casos, con un estómago cantarín y unas tripas protestonas, pero con esas ganas de vivir que da la inocencia y el ánimo de todo niño a ser revoltoso. En la vida, uno es lo que ha hecho de bueno en su vida, lo bueno y lo malo siempre cuenta. Cosa que nunca podrán decir esa caterva ansiosa de poder para joder al prójimo. Dicho en Román Paladino; En Política nadie es quien dice ser… sea hombre o mujer, feminista o sindicalero. La humanidad no la frena, no la detiene ni “DIOS ASISTIDO DE TODA SU COORTE CELESTIAL”.

    Emili Justicia

  • el 19 noviembre 2018 a las 12:54
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    He de recordar que en el 1949 hubo una riada en Valencia, que se ventiló todas las chabolas que se hallaban en el cauce del rio Turia, cuajado de chamizos habitados por los desahuciados de la guerra incivil, de los que en dicha riada pereció un gran número de esos desahuciados. Sin Embargo la vida siguió, cumpliendo el viejo adagio de: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Es de pesar en la desgracia de las gentes que desaparecen en circunstancias un tanto trágicas, pero lo que verdaderamente importa son los vivos, solo ellos, los que superan esa dura prueba tienen ganado su derecho a permanecer allí donde desean y la obligación personal de ganarse la vida ( la suya) con toda la dignidad de que son merecedores.

    Emili Justicia

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