Sobre Memoria Histórica; cosas que no hay que olvidar

J. Arteaga “Jipy”. (Grupo de trabajo por la Amnistía Social-Valencia)

J. Arteaga “Jipy”

Antes de ponerme a escribir sobre un asunto como la Memoria Histórica, tengo que reconocer el inmenso trabajo que realizan las personas y colectivos que intentan paliar los terribles efectos de la desmemoria que acompañó lo que se conoció como “transición a la democracia” (ese momento histórico se sitúa entre el final de la dictadura franquista y la restauración de la Monarquía borbónica). Es un reconocimiento, diría que insignificante, a una labor de un valor tan enorme como intangible, que está consiguiendo actualmente abrir las fosas comunes en Paterna (Valencia) y cuestionar dónde debe seguir su momificación el Caudillo por la gracia de Dios, si en el Valle de los Caídos o en un panteón familiar.

Pero voy a lo que es mi intención; ejercitar la memoria. En concreto sobre un momento crucial de la historia reciente en el que debió resolverse de manera definitiva un drama, tanto individual como colectivo, que todavía nos causa dolor y consternación; hacer justicia con las víctimas de la represión franquista.

LA TRANSICIÓN FUE DESMEMORIA.

La renombrada y exportada transición democrática española (1976-1982) se concretó en un pacto entre distintos actores políticos (tanto del franquismo en decadencia, reconvertido de manera forzada a la democracia, como de las fuerzas políticas que emergían de la clandestinidad) sobre cómo había que llevar a cabo el proceso de dejar atrás la dictadura, acoplándonos a un nuevo escenario y establecer en la sociedad postfranquista el imperio de la “paz social”.

Lo que pudimos comprobar con el transcurso del tiempo, es que ese pacto llevaba implícito el olvido y un alto grado de resignación, todo en pro de lo que se conoció como “reconciliación nacional”. Esto suponía que no sólo era cosa de olvidar a las víctimas del fascismo, sino que diéramos por bueno, o en su defecto por inevitable, que los torturadores y asesinos se salieran de rositas de sus fechorías tuteladas por el régimen, en muchísimos casos condecorados y acoplados a la nueva versión del poder político (Suárez, Fraga, Martín Villa, Billy el niño, etc).

Qué el aparato derechista del franquismo no iba ha establecer ese equilibrio llamado justicia persiguiéndose a sí mismo está más que claro; al contrario, ese aparato estaba salvando el culo de los suyos… y lo consiguió, primero con UCD y Alianza Popular y luego juntando todo el franquismo residual en el Partido Popular. Por supuesto, la responsabilidad de restablecer algo de justicia en lo que tenía que llegar, era -generalizando- de las organizaciones de la llamada izquierda…política, social o sindical.

¿Por qué no lo hizo cuando podía y además debía?

¿Qué la llevó a no imponer (a un fascismo en decadencia y temeroso de que se repitiera aquí algo parecido a la Revolución de los Claveles de Portugal en 1974) reparación y justicia para con las víctimas y una depuración de los cuerpos represivos y del poder judicial?

¿Por qué se renuncio a la ruptura por el pacto? Y una pregunta más… ¿Por qué, quienes negociaron la Amnistía de 1977 (toda negociación conlleva intercambio) no exigieron, por lo menos, desenterrar a las víctimas y devolver la dignidad y tranquilidad a las familias de l@s fusilad@s ?

Pero pasó que, después de muchos años de luchas, llegó la transición pactada y le dio una patada a la ruptura democrática, al tiempo que a la reparación y justicia para con las víctimas del franquismo. Pasó que el pacto social exigía la desconexión de parte de nuestra memoria en lo referente a los crímenes que llevaron a miles de personas a fosas comunes, a las cárceles, al miedo más tenebroso en miles y miles de familias. También teníamos que olvidarnos de los episodios de represión más recientes cometidos en la postrimería de la dictadura.

No fueron las familias, ni la clase obrera ni las bases de las organizaciones quienes exigieron el ejercicio de la desmemoria; lo impusieron las direcciones y las vanguardias de las organizaciones mayoritarias con argumentos pantalla y por parcelas de poder. La Constitución salvaba a la Monarquía y a la patria entre todas las patrias; España. Los llamados pactos de la Moncloa amparaban la domesticación social para “evitar un nuevo enfrentamiento entre españoles”.

Así, cierta izquierda se hacia monárquica para redirigir la historia, aunque nadie se lo pidió. Las nuevas élites pasaron, del discurso seudo revolucionario contra Franco, al discurso del posibilismo reformista, y dieron por bueno que los aparatos represivos (cuerpos y fuerzas armadas y parapoliciales) quedaran intactos, lo mismo que el entramado “faccioso” incrustado en el poder judicial. Pero como diría la canción de Lluis Llach, “no es això companys, no es això pel que varen morir tantes flors”. Lo cierto es que “contra Franco se luchaba mejor”, ¿pero contra el capitalismo? …eso era otra historia.

Otra parte de la izquierda (la mal llamada extrema izquierda) se dedicó a dividirse y fragmentarse todo lo que pudo en todo tipo de tendencias, en prácticamente todas sus corrientes y expresiones, llegando al ridículo y esperpento político; cuatro PCE’s auténticos, 6 o 7 partidos maoistas, 5 troskistas, etc. La mayoría acabaron disolviéndose y muchos de sus lideres hiper radicales sucumbieron a lo que les ofrecían; cargos y protagonismo en las instituciones (tocar poder). Las que estaban fuertes, y mostraron resistencia a lo que se estaba fraguando e imponiendo, fueron víctimas de montajes policiales y de la represión más dura, como la CNT con el Caso Scala (que también acabo fraccionada en dos), el movimiento autónomo o el independentismo.

La cuestión es que, entre unas cosas y otras, estos sectores de la lucha contra el franquismo no tuvieron capacidad de cambiar el trayecto trazado por los que se atribuyeron la cualidad de dirigir la salida pactada. Era un contexto que ya no contaba con ir mas lejos y que se echaba encima como una pesada losa sobre quienes creíamos que era la hora de hacer justicia. Este es un asunto que habría que recomponer en este puzzle que es el ejercicio de la memoria, sobre todo para recordar el origen de una represión tan desmedida y brutal.

RESPONSABLES DEL OLVIDO.

Normalmente, cuando hablamos de Memoria Histórica nos remitimos a las terribles injusticias de todo tipo cometidas por el franquismo desde que se inició la Guerra Civil Española, secuelas que ha día de hoy todavía son dolorosas heridas abiertas.

Cuando me exijo memoria, lo que recuerdo muy bien es como algunas formaciones de izquierda, (concretamente y por orden de responsabilidad, el Partido Comunista de España y el PSOE, así como sus correas sindicales CC.OO y U.G.T) colaboraron de manera decisiva en obligarnos a olvidar, en hacer posible que casi cuarenta años después de la transición siga pendiente un asunto tan serio como es encontrar los cuerpos de las víctimas y recobrar su dignidad; de sus personas y de sus luchas. Primero el P.C.E, de Carrillo y la Pasionaria, que era el partido mayoritario y hegemónico en la oposición al régimen. El PSOE empezó a dejar de ser una organización con cuatro cuadros militantes y con poca implantación a partir 1977, gracias al dinero de la socialdemocracia alemana con el que se pagaron las campañas electorales que al final lo llevaron al gobierno. CC.OO y UGT, que estaban entonces fuertemente copadas por dirigentes de ambos partidos, emprendieron su recorrido entreguista y burocrático, camino que no han abandonado hasta el día de hoy.

La decepción y la impotencia hicieron estragos en los ánimos de muchas personas que pusieron la esperanza en que el cambio democrático sería justo. Justo lo que no pasó… y por eso estamos ahora donde estamos. Fue la década del desencanto… y de confiar en las urnas.

¿Cómo se puede explicar que tras catorce años (1982-1996) de Gobierno del PSOE con Felipe González como presidente, no se moviera nada para establecer algo de justicia para con las víctimas que aun siguen en las cunetas y fosas comunes, para anular todas las sentencias de los jueces fascistas, para clausurar el Valle de los Caidos, etc?

Sí hubo una guerra civil, no fue solo en defensa de una República y contra el fascismo, sino también en defensa de una transformación revolucionaria de la sociedad que promovieron las clases trabajadoras y campesinas, que se pusieron manos a la obra en la tarea de construir una sociedad nueva basada en la justicia social, en la autogestión y en la abolición de la explotación, al tiempo que combatían contra los militares golpistas Las clases explotadas ya no querían cambiar sólo de amo… querían dejar de tenerlo, poner en práctica una nueva forma de entender la vida en una sociedad libre con personas libres. Es cierto, duró poco tiempo… pero lo hicieron. Y ese fue el terrible pecado que los nacional-católicos de entonces y sus versiones adaptadas de hoy no les perdonaron nunca, ni a las generaciones revolucionarias de la guerra ni a las posibles que estubieran por venir.

Eso fue lo que originó una represión tan dura y sostenida tanto tiempo; la profundidad y alcance de la Revolución Española; abolir la propiedad privada y el poder del dinero, cargarse la influencia de catolicismo y la religión a base de una educación laica, creando escuelas y haciendo desaparecer iglesias, generando milicias obreras y populares frente a un ejercito lleno de nazi-matones, repartiendo de manera justa los beneficios de la producción industrial y agrícola y poniendo el control de los medios de producción en manos de quienes trabajaban y no en las de quienes sólo hacían que explotar y robar. Un proceso que transformaba las estructuras del sistema económico-político y se vapuleaba los valores ideológicos que lo sostenían. Y los señoritos feudales, la burguesía, la iglesia y el ejercito, (poderes fácticos) recurrieron al matonismo del nazi-fascismo español, italiano y alemán ( lo de “los moros” es otro cantar) para que salvara los privilegios que veían como se esfumaban ante la actitud revolucionaria de quienes siempre estuvieron sometid@s aguantando la miseria, el hambre, las guerras coloniales y la soberbia monárquica.

Fue el alcance de la experiencia revolucionaria lo que estimuló la aparición del fascismo como brazo armado de las diferentes burguesías y clases dirigentes españolas.

Ya paso en Octubre de 1934 en el aplastamiento de la Comuna de Asturias, que dirigió Franco al mando de las tropas de la Legión y que acabó con 1800 obrer@s muert@s y entre 30 y 40.000 detenciones. Un ejercito de vergüenza que perdía todas las guerras en la que se metía, por intereses de las élites de la nobleza y los ricos; Marruecos (que ya le costo a las clases populares una Semana Trágica en Barcelona en 1907), Cuba, Filipinas, etc. El ejercito español sólo ha tenido como méritos el machacar a sus propios pueblos y clases trabajadoras, en la península y en sus colonias. Sus mandos y oficiales siempre encontraron en la bandera y la Patria un refugio ideal para disimular su cobardía.

Lo que vino después del alzamiento militar fascista, desde el mismo momento que se declara la sublevación, fue pura venganza y no acabó tras la guerra civil sino que se mantuvo durante décadas. La venganza cruel fue una política oficializada que se mantuvo hasta el final de la dictadura, porque una cosa fue la intensidad de la represión, y como se aplicaba, y otra es que el franquismo abandonara el castigo y la venganza como política del sistema autoritario, cosa que no hizo nunca. Cuarenta años atemorizando, torturando y matando son muchos años, demasiados. Mientras transcurría el tiempo, los diferentes pueblos del estado español soportaron como pudieron el terror del vencedor y sus fanáticos seguidores, sin abandonar en muchos casos la resistencia al régimen. Sobre todo en los primeros 25 años, tras perder la guerra civil, estuvimos sufriendo un genocidio consentido por la llamada comunidad internacional (ONU, OTAN, C.E.E, etc).

La represión siempre fue el principal recurso de la dictadura. Pese al terror, otras generaciones le perdimos el respeto; eso si, con un coste muy alto en sufrimientos. Los asesinatos en las cárceles y comisarias, en las calles en manifestaciones no permitidas, los muertos en la Iglesia de Vitoria y en Rentería, Valentín González, Gladis del Estal, German Rodriguez, los últimos fusilamientos del 27 Sep, el caso Almería, los asesinatos de abogados de Atocha, Yolanda, Arturo Ruiz, Agustín Rueda, etc. (Se estima que 188 personas murieron durante la transición a manos de la violencia institucionalizada y de los grupos de la extrema derecha). Fueron tantos los casos de represión en los días de su agonía, tantos los zarpazos criminales de la bestia herida que no voy a nombrarlos todos, pero sí puedo recordar la mezcla de rabia e impotencia causada por la consecución de muertes…una tras otra. Eso no se olvida.

https://15mpedia.org/wiki/Lista_de_personas_muertas_en_manifestaciones

O eso creía yo, que no lo íbamos a olvidar, y que cuando tuviéramos una oportunidad reclamaríamos justicia y restauraríamos la dignidad de la gente fusilada, desaparecida en cunetas y muros de los cementerios, restableceríamos la dignidad de l@s maestr@s desaparecid@s, de las personas exiliadas. También de las mujeres que sufrieron la crueldad de los falangistas, que fueron violadas, rapadas y torturadas en público. Pensábamos mas, en recobrar las dignidades arrebatadas por la fuerza que en el castigo a los culpables; en restablecer, a través de la memoria, la grandeza de l@s vencid@s en su intento de cambiar una sociedad llena de agujeros negros en los que caían siempre las clases humildes y pobres; el capitalismo, el catolicismo, el militarismo y el totalitarismo.

La cuestión es que el tiempo llegó. Llegó el momento de sacudirnos al infame tirano y a sus fieles servidores. Y es aquí donde la empezamos a liar. Sin saber cómo, dirigentes de PCE y del PSOE (que era testimonial en la realidad) firman una ley de Amnistía que dio como resultado que las fuerzas represivas (jueces, policía, guardia civil, militares, bandas fascistas, etc) salieran impunes y no fueran ni juzgadas ni depuradas. Fue muy triste comprobar como militantes de base de estas organizaciones claudicaron ante sus direcciones elitistas, ver como por la fuerza retiraban de las manifestaciones las banderas republicanas e imponían su argumentario político para intentar borrar todo atisbo de reivindicación anticapitalista.

Era tiempo de instaurar una democracia complaciente con lo marcado y establecido para el Estado Español en los marcos internacionales (F.M.I y Banco Mundial), los mismos que mantuvieron vivito y coleando al régimen a cambio de que el despótico tirano vendiera la soberanía de su “amada patria” por bases militares de EE.UU en nuestro territorio y que abrazáramos euforic@s el modelo en auge; la sociedad del consumo. De hecho el franquismo siempre fue la mejor guarida de los vende patrias.

COMPLETAR UNA HISTORIA QUE NO ACABA.

No hubo ruptura democrática y se estimuló una reconciliación que llevaba implícito que olvidáramos tantos y tantos crímenes. Y casi lo consiguen.

Es por eso que más de cuarenta años después de este periodo seguimos siendo un territorio plagado de fosas comunes y monumentos fascistas, infecto de herederos del franquismo que se reconvirtieron apresuradamente en demócratas de pastel, unos para salvar su culo y otros para reubicarse en el poder…o las dos cosas a la vez. Pero no se puede olvidar cuando no se ha pedido perdón, no pueden pedirnos nuestro consentimiento al silencio y que estemos callad@s.

Gracias al trabajo, que durante estas décadas mantuvieron pequeños grupos de personas (familiares, amistades, personas de distintas generaciones, organizadas para no olvidar y mantener encendida una llama que los verdugos quisieran que se apagase) en estos momentos se está poniendo sobre la mesa de la “actualidad mediática”, qué ha llegado el momento de establecer justicia a través del recuerdo. Porque hay que recordar; donde están sus cuerpos, cuales fueron sus nombres, en que circunstancias se les arrebato la vida. Recordar a quiénes callaron cuando tenían que hablar (la Iglesia y los jueces sobre todo). Hay que recordar las causas que motivaron que nuestros pueblos intentaran sacudirse a tantos “parásitos y liendres” que les absorbía la sangre y la vida. Hay que recordar que no tuvieron mas remedio que combatir por la fuerza, sin que esa fuera su aspiración, a la fuerza de de unos militares que ya habían dejado ejemplos de como se las gastaban con l@s débiles. No hay que olvidar, que lo que pretendían era una sociedad basada en la suma de los sueños y la evolución, en una forma de vida digna como seres humanos y no como esclav@s.

Después de tanto tiempo, es un orgullo estimulante ver que son miles de personas las que no olvidan y que actualmente ejercitan la solidaridad con las generaciones que se jugaron la vida por un cambio social que fue abatido con crueldad. Generaciones que van desapareciendo físicamente y que como dice la canción de La Raíz “fueron tanto siendo nada”.

Ahora es tiempo de no perder la esperanza y de continuar con mas fuerza que nunca, de intentar conseguir un reconocimiento justo que nunca se debió aplazar y mucho menos traicionar. Es momento de establecer lazos históricos entre las generaciones que sufrieron las penalidades de una derrota y las que pagaron las consecuencias sin haber sido actores del conflicto, entre las que padecieron el final del acoso del fascismo franquista y las que vivieron el desencanto de la seudo democracia impuesta entre las generaciones del “todo va bien”, que han descubierto que sí… que ha ido y va muy bien a unas cuantas y pequeñas elites pero no a la mayoría, en especial a las mujeres y jóvenes en los barrios y pueblos empobrecidos.

Pienso que no es bueno ocultar, a esas personas que han ampliado su conciencia política y reivindicativa en la última década, las circunstancias que han hecho posible que hoy en día estemos reclamando justicia sobre lo que sucedió hace tanto tiempo. No hay que privar a la gente joven de un relato necesario para entender, que si estamos en estas es porque el poder impuso su visión sobre lo pasó y ha estado pasando en realidad. Y en eso colaboró la izquierda institucionalizada y autoritaria, contribuyo por acción o por dejación…pero facilitó el olvido de partes de la historia que no hay que olvidar. Porque la historia la tenemos que escribir los pueblos y no sus tiranos.

No sólo es cuestión de resarcirnos de nuestras impotencias y debilidades pasadas; es qué esta historia está inacabada. Es la continuación de procesos enlazados que forman parte de un todo, de algo tan complejo pero estimulante como es la lucha por la justicia social y la abolición de la explotación de las personas y del medio natural. Se luchó ayer, se lucha ahora y se luchará mañana… aunque caigamos en el empeño.

No es bueno parchear conscientemente la historia. Por eso creo que cuando hagamos memoria histórica no podemos olvidarnos de nuestros errores y de nuestras debilidades como movimientos transformadores que pretendemos ser. En este sentido oriento esta reflexión, que no pretende apuntar negativamente al trabajo de las plataformas que trabajan por mantener viva la memoria.

Lo que pretendo es señalar algunos huecos y sombras que mucha gente dentro de la izquierda no quiere recordar. No hago una crítica para cuestionar lo que se está haciendo hoy, si no lo que no hicimos ayer. Critico lo que permitió que unas pocas vanguardias y líderes hicieran a su conveniencia; el seguidismo y la dejación de responsabilidades, la delegación en dirigentes que no controlamos ni están dispuestos a control alguno por sus bases. Da igual el movimiento, la organización o el partido; es desde la participación de la gente, de forma horizontal y a través de mecanismos asamblearios, como las responsabilidades deben ser controladas… es como debemos ejercitar eso de “mandar obedeciendo” del zapatismo.

El mayor homenaje que les podemos hacer a nuestros antepasados, aparte de encontrar sus cuerpos, es recobrar el espíritu que les llevó a intentar el cambio social que tanto anhelaban. Sí ell@s vieron claro los porqués y la necesidad de ese cambio, hoy nosotras tenemos 80 años más de argumentos, tan de peso como los que les empujaron a ell@s a intentarlo. Por supuesto y como entonces, sin pensar en la derrota. Por que la peor derrota es resultado de la batalla que no se produce por miedo a las consecuencias. Luchar se convirtió, para los clases explotadas y empobrecidas, más en una necesidad que un idílico deseo. Nuestr@s antepasados, a quiénes queremos recordar, vivieron unas circunstancias que les llevó a tener que perderle miedo al miedo, tuvieron superar la desesperación que producen el hambre y la miseria y convertirla en esperanza e ilusión liberadoras a través del apoyo mutuo y la solidaridad.

Antes de acabar me reitero en el agradecimiento a las personas jóvenes qué, a través de las últimas luchas llevadas a cabo en el Estado Español, se han implicado en el ejercicio de recordar y recobrar la dignidad de varias generaciones de luchador@s que no deben pasar a la oscuridad de la indiferencia histórica. Vuestro relevo es necesario para dar continuidad a sus aspiraciones de conseguir un mundo más justo y digno de ser vivido.

Decía un historiador que no habría historia sin relato y eso no debemos dejarlo en manos de quienes falsean, en beneficio de sus propios intereses, lo que hay que contar. Matar la memoria es la mejor manera de pudrir la Historia. Y no hay que consentirlo.

Bueno…pues esa era mi intención, relatar parte lo que todavía contengo vivo en mi memoria antes de que se me muera u olvide.

Mucha salud tengamos.

J. Arteaga “Jipy”. (Grupo de trabajo por la Amnistía Social-Valencia).

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