A nosa terra en clave feminista y libertaria

El Vaivén de Rafael Cid

Ya no hay locos, amigos, en España ya no hay locos.

Se murió aquel manchego, fantasma del desierto, ya no hay locos.

Todo el mundo está cuerdo, terrible, horriblemente cuerdo…”

(León Felipe. Ya no hay locos)

Rafael Cid

El 25 de Julio en Galiza no es un día cualquiera. La fecha se inspira en la asamblea de las Irmandades da Fala celebrada en Santiago en 1919 donde se adoptó el gallego como lengua franca y seña de identidad. Tiene por tanto un significado profundamente político, casi subversivo, dado el desdén con que es tratado este idioma por las instituciones y las clases altas. Por eso desde el poder, durante el franquismo con especial saña, siempre se intentó aparcarlo como una efeméride de exclusivo simbolismo religioso. Igual que el Caudillo mutó el Día del Trabajo en la Fiesta de San José Obrero.

La ofrenda al Apóstol, con botafumeiro incluido y todos los Años Santos peregriños que al nacionalcatolicismo convenga, son los métodos punitivos de esa estrategia pía en Galiza. Pero a duras penas logran su cometido los inquisidores. Por encima de todo, el Día da Patria Galega es un cita reivindicativa y solidaria, con la vista puesta en la memoria colectiva del pueblo de Castelao y Rosalía, y de sus hijos e hijas más abnegados.

La prueba es el bando que este 2018 ha hecho público el Ayuntamiento de Santiago presidido por Martiño Noriega y el grupo En Marea. Consistió en un homenaje a la mujer gallega, sumándose así al orgulloso pleamar feminista que irrumpió en la sociedad española con la manifestación del 8-M. Pero no solo eso. Lo ha hecho recuperando la imagen icónica de dos de las víctimas más conocidas del terror del 36, las hermanas Fandiño Ricart. “Maruxa e Coralia: bandeira revolucionaria da dignidade”, inmortalizadas en una famosa escultura levantada en el parque de la Alameda. Mujeres que en su tiempo fueron tildadas de “piradas”, “rojas” y “putas” por la gente de orden debido a la provocadora desinhibición con que proclamaban su exilio interior como modo de disidencia.

Pertenecientes a una familia duramente represaliada por sus convicciones anarcosindicalistas, tres varones Manuel, Alfonso y Antonio fueron destacados dirigentes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Maruxa y Carolia lograron convertir su sola presencia en la calle en un sordo desafío a las nuevas autoridades y al tenebrismo social que inspiraba el régimen. “Las Marías “o “Las dos en punto”, como eran conocidas por mostrarse a la misma hora en su recorrido cotidiano, iban desde la Rúa Abaixo hasta la Alameda con vestidos de colores chillones hechos por ellas mismas y maquilladas como máscaras a modo de protesta ante un régimen que amordazaba la vida tras los visillos de los hogares.

Cuenta el pregón del Concello que cuando las hermanas Fandiño salían de paseo los estudiantes galleguistas y republicanos que las veían susurraban “libertad, igualdad y fraternidad” en muestra de complicidad y rechazo de la mordaza imperante. Evidenciando, añade el texto, que para ellas el bien más preciado era la libertad, y que la defendían con fe y valor, sin importar las burlas y las ofensas recibidas. Como dice la letra del popular himno ácrata ¡A las barricadas!, escrita por el teórico del anarquismo Valeriano Orobón Fernández.

El ferrolano Eliseo Fernández y el coruñés Dionisio Pereira tienen ampliamente documentado el papel jugado por el anarcosindicalismo gallego en la historia del movimiento obrero. Como ejemplo del grado de compromiso, en su libro “O movemento libertario en Galiza (1936-1976)” relatan que de los 30 delegados que la CNT regional mandó al Congreso de Zaragoza casi la mitad sucumbieron a manos de los sublevados (8 fueron asesinados y otros 6 ejecutados). La tragedia de las hermanas Fandiño Ricart representa un eslabón más en esa historia de lucha y oposición a la barbarie. Fueron pioneras en la resistencia pasiva de género. Pagaron con el desprecio de los poderosos su jubilosa denuncia de la mediocridad cuartelera y la sordidez de sacristía impuestas por el Alzamiento y la Cruzada.

Tras la oportuna y políticamente incorrecta reivindicación del legado rebelde de Maruxa y Coralia por el consistorio compostelano, quizás las generaciones venideras entiendan que cuando la cordura añade sumisión la lucidez acampa en los márgenes. Con faldas y a lo loco.

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