La historia no se repite, se reproduce en 140 caracteres

El Vaivén de Rafael Cid

Rafael Cid

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del chovinismo.

Carlos Marx, de cuyo nacimiento se cumple ahora el bicentenario, en asuntos relacionados con la filosofía de la historia hipotecó su inmenso talento a la impenetrable charlatanería de Hegel. Aquello de que la historia se repite primero como tragedia y después como farsa, que el gurú del oscurantismo escribió pensando en la diacronía de los dos Bonapartes, ha terminado convertido en axioma del catecismo marxiano (aunque el de Tréveris nunca fue marxista). E igual que otros epigramas de su cosecha variaría con el desarrollo de su extraordinaria obra (en el Primer Tomo de El capital publicado en 1867 la clave era el valor-trabajo, mientras en el Tercero y póstumo, que vio la luz en 1894, sería una cierta forma de valor-utilidad). Miserias de la ideologización historicista de uno de los dos autores del Manifiesto Comunista, cuyo primera edición al ruso fue realizada por Bakunin en 1860.

Viene todo esto a cuento (aunque sea circunstancialmente), de lo que está ocurriendo en la Unión Europea (UE) con la llegada al poder a través de las urnas de gobiernos donde cohabitan la extrema izquierda y la extrema derecha, respetándose sus propias zonas de confort. Por aquello de que ambas son fuerzas antisistema gozan del favor de un electorado mayoritariamente integrado por clase trabajadora, en buena medida procedente de votantes comunistas, y en menor medida de estamentos socialistas. Es lo que recientemente ha acontecido en Italia con el combinado del Movimiento Cinco Estrellas y La Liga, agua y aceite desde el punto de vista de la doctrina política, ahora compartiendo (y no compitiendo) la “casa común” antisistema. El punto G de la segunda Ley de Newton, aquella que contraponía pendularmente una acción con una reacción diferida.

Algo que tiene registros en los años treinta del pasado siglo, cuando nazis y estalinistas se compincharon contra las potencias imperialistas desencadenando la Segunda Guerra Mundial, suceso registrado en los anales como “el pacto del diablo” (Ribbentrop-Molotov), que sucede cuando los polos opuestos confraternizan por “razón de Estado”. El Hitler del “nacionalsocialismo” y el Stalin del “socialismo en un solo país” puntualmente unidos frente al enemigo capitalista. Una alianza que venía rodada tras el Tratado Brest-Litovsk de 1918 y el Pacto de Rapallo de 1922 entre las cúpulas dirigentes de la URSS y el Alto Mando alemán. A reseñar que entonces prácticamente solo el mundo libertario (anarquistas y anarcosindicalistas) mantuvo firme una posición doblemente antifascista no vergonzante. Un caso de libro en el que la historia parecer volver donde solía, aunque calificarlo como tragedia y farsa sucesivamente parezca una frivolidad. Sobre todo porque en ambos casos el desencadenante estuvo en sendas crisis económicas. La Gran Depresión de 1929 y la Gran Recesión de 2008. Ambas dos con efectos traumáticos mucho más allá de su epicentro de ignición.

Es cierto que antes del sorpasso a la romana ya se habían detectado movimientos tectónicos similares en las políticas de otros gobiernos de la UE. Pero se circunscribían en buena medida a países de la antigua órbita comunista, como la Hungría de Viktor Orbán o la Polonia de Mateusz Morawiecki, lo que en la distancia de su pasado institucional como miembros del Bloque del Este también permitía interpretarse en clave de ese extraño apareamiento político. Perspectiva que se refuerza al añadir el caso de Alemania, donde el fulgurante ascenso de los postnazis de Alternativa por Alemania (ha superado en expectativa de voto al SPD) procede sobre todo del granero electoral que tienen los nostálgicos del Tercer Reich en la antigua RDA comunista. Incluso algo de ese estigma se puede rastrear en el currículum del primer partido que llegó al poder como respuesta progresista a la crisis. Hablamos del caso de la coalición de izquierda radical Syriza, que no tuvo empacho en formar gobierno en la Grecia tres veces hipotecada por la troika con el partido ultranacionalista y xenófobo Griegos Independientes, repartiéndose carteras y competencias.

Entonces, ¿por qué lo de Italia es diferente, un punto y aparte? Porque por primera vez, un Estado miembro de la Unión Europea, y en concreto la tercera economía de la eurozona, introduce la formula racista “los nacionales primero” como seña de identidad de su estrategia política. El programa de gobierno del M5E y La Liga parece inspirado en el que llevó a la Casa Blanca a Donald Trump, solo que en el caso de Estados Unidos fue enarbolado por un solo partido, el republicano. Los mismos guiños redentoristas a los perdedores de la crisis; idéntica obsesión contra emigrados y refugiados y a favor de un mayor control de fronteras; parecida tendencia a militarizar la sociedad reforzando las atribuciones de la policía y endureciendo las normas penales para reprimir la delincuencia. Esas son sus principales credenciales

El Contratto per el governo del cambiamento Lega-5 Stelle supone un coctel explosivo que colisiona con algunas normas rectoras de la Europa de los Veintiocho. Incorpora una Cara A de sesgo progresista en el paquete atribuido al M5E, que incluye temas como revertir la prolongación de edad de jubilación; introducir una renta ciudadana de 780 euros al mes; aprobar pensiones para las personas que vivan por debajo del umbral de la pobreza o la prohibición por ley de prácticas laborales no remuneradas. Y otra Cara B debida a La Liga con asuntos punitivos como la expulsión masiva de refugiados e inmigrantes; la persecución de las actividades de las ONG que hacen labores de ayuda y salvamento; la discriminación de los masones para cuestiones relacionadas con la participación institucional; y la catalogación de la autodefensa como siempre legítima, dando por supuesto que existe una amenaza de agresión interna, dentro de la comunidad civil. De nuevo el conflicto causal en carne viva: medios que prefiguran fines.

Algunas de estas disposiciones recuerdan las de regímenes de corte fascista del periodo de entreguerras (aquella “conspiración judeo-masónica” del franquismo) y otras se sitúan directamente en el embrión de dónde surgieron las milicias paramilitares de esos estados totalitarios (las SS hitlerianas, las camisas pardas mussolinianas o los comisarios políticos del comunismo soviético). Y es aquí donde la sospecha de afinidad con aquel pasado se revela más preocupante. Recordando al mismo tiempo algo que a menudo solía taparse para deslegitimar aquellas ideologías en el acervo de la memoria histórica. Y es que tanto la Alemania nazi como la URRS desarrollaron procesos políticos de alta aceptación y representación social. Lo que explica el gran respaldo recibido de la población durante algún tiempo y la espiral de silencio cómplice que permitió su consolidación política. Y llegados a este punto, de nuevo la pregunta sería: ¿estamos condenados a repetirlo, mutatis mutandis, en el siglo XXI? ¿Por qué? Resumiendo: ¿cómo se puede evitar?

Aquí, como ya ocurrió en el pasado, los hombres y mujeres libertarios tenemos mucho que decir y hacer, actuando en consecuencia con la ética política indispensable para polinizar un auténtico humanismo democrático. En tanto no aliniados ni alienados, nuestro rol puede ser determinante para frenar, o al menos problematizar, la deriva autoritaria y xenófoba en marcha. Ya sea en fase de hechos consumados o en potencia larvada. Y eso pasa por poner al mismo nivel que los derechos que tienen que ver con la igualdad, la libertad y una democracia de responsabilidades autónomas compartidas, con la solidaridad guiando al pueblo. Un ecosistema social, una cadena trófica de valores sustentados sobre el principio de la dignidad humana, no un sistema de resignación. Aunque cuando hayamos muerto solo permanezcamos en el memorial de los que animosamente persistan en la porfía emancipadora, sin aparecer en el fútil medallero de las esquelas del ABC o los obituarios a la carta de El País. Estamos, pues, en pleno eclipse de la fraternidad. Una de las tres virtudes cívicas, junto con la libertad y la igualdad, alumbradas por la Revolución Francesa. Nos jugamos el último reducto de aquel internacionalismo que lideró el primer movimiento obrero autogestionario y pervirtió el mortífero estallido nacionalista de la Gran Guerra. Y ello como contribución póstuma al instinto del estatismo totalitario pontificado por Hegel y luego experimentado por sus discípulos a diestra y siniestra. Con las consecuencias ya sabidas pero, al parecer, olvidadas. Más allá del bien y del mal, la sombra de Hegel se proyecta en el marxismo vulgar desde sus inicios. Incluso cuando en Los manuscritos económico-filosóficos de juventud el padre del materialismo dialéctico afirma que “la humanidad solo se plantea problemas que pueda resolver” está traduciendo a su propio ADN lo que sobre la invención de la pólvora sostenía el autor de La Filosofía de la historia: “la humanidad la necesitaba y entonces hizo su aparición”. Una variante más de aquel otro juego de palabras “todo lo racional es real, y todo lo real es racional”, de la misma escuela.

Ocurre que casi dos siglos después de aquella supremacía hegeliana en el universo de la filosofía política sus tesis recuperan vigencia encarnadas en nuevos aprendices de brujo. Por tres razones principales. La primera, porque el sistema de democracia liberal y capitalismo neoliberal ha construido un imaginario esencialmente cuantitativo-materialista (extractivo, productivista, consumista y ecocida) sin presencia de valores éticos. Y a su vera han germinado formas de gobierno aupadas al poder por unas masas sin atributos que contribuyen a esa “banalización del mal” que hace posible la emergencia de “alternativas del diablo”. Con un soporte teórico básico que bebe en aquella idea-fuerza del Estado como supremo bien (“no hay nada más excelso y más sagrado que el modo de sentir y de querer del Estado”), compartiendo así el mismo método disciplinario de organización caudillista, jerarquizada, autoritaria, delegativa, plebiscitaria y verticalista.. En ese nudo gordiano se reconocen la extrema izquierda y la extrema derecha, con sus propias legitimidades clientelares. Karl R. Popper lo expresaba así en La sociedad abierta y sus enemigos: “el ala izquierda reemplaza a la guerra de las naciones incluida en el esquema historicista de Hegel por la guerra de clases, y la extrema derecha la reemplaza por la guerra de razas”.

En segundo lugar porque al menospreciar el vector libertad como sentido último de la política, y con ello de una democracia no falaz, se produce una deshumanización del adversario que le convierte simple y llanamente en enemigo a destruir si consideramos que amenaza nuestros bienestar (y eso vale para el villano explotador y también para el inmigrante, el refugiado, el mantero o los sin techo). Estado donde el instinto de supervivencia se activa haciendo que el fin justifique a todos los efectos los medios a emplear. De esta manera, los antisistema bípedos del siglo XXI entroncan Hegel con Carl Smith, el teórico del nacionalsocialismo (a menudo el acrónimo “nazi” sirve para disimilar su despliegue nominal “nacionalsocialismo”) que formuló el precepto amigo-enemigo como baluarte de la nueva política. En esta línea de pensamiento están las elucubraciones de postmarxistas como el ex peronista Ernesto Laclau (“el significante vacío”) y el antiguo forofo maoísta Alain Badiou (“la hipótesis comunista”), hoy estrellas del “pensamiento matrix” en ascenso, tanto en los púlpitos de los movimientos progresistas como en de los movimientos xenófobos

Y en último término tenemos la desmemoria recepcionada como amnesia. Sería realmente una hecatombe que la humanidad repitiera aquellas experiencias cainitas que pasan por ser algunos de los momentos más destructivos de la historia, cuando todavía quedan algunos testimonios vivos del infinito horror provocado. Sin embargo, en unas circunstancias críticas que han hecho aflorar como enemigo común al capitalismo neoliberal los contornos empiezan a difuminarse. Los cambios producidos en todos los órdenes han hecho variar rotundamente el eje espacio-tiempo existencial. Hoy ya una persona que nazca no muere en el mismo hábitat que le dio a luz. Muy al contrario, en la actualidad quince años es una eternidad en el sentido de los cambios producidos en el entorno vital. Estamos en la era de los 140 caracteres, no en la de los grandes relatos, la existencia marcha a ritmo de tuit. Por eso no resulta nada extraño que las últimas generaciones alcancen la madurez política ajenas al pasado reciente, por muy impactante y terrorífico que haya sido. Basta comprobar el escaso recorrido que han tenido conmemoraciones de momentos estelares como el centenario de la Revolución Rusa, el medio siglo de la revolución de Mayo del 68, el ya citado bicentenario del nacimiento de Carlos Marx. Importa el presente pugnante, la víspera es olvido. También es la causa remota de que en la España del Régimen del 78 sea tan difícil revisar críticamente la Transición, no interesa más que a los recalcitrantes. Y sobre ese caldo de cultivo emerge la “nueva política” como regresión que imita a la “vieja política” sin pasar por la aduana crítica de reproducirse como farsa. Con el añadido de que el sistema dominante, alimentado de servidumbre voluntaria y obediencia debida, favorece la amnesia sobre la que llegan los nuevos bárbaros. Es la corrupción de las conciencias, la madre de todas las corrupciones. El gran poeta griego Kavafis lo vio venir:

-¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñendo su corona?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
Y el emperador espera para dar
a su jefe la acogida. Incluso preparó,
para entregárselo, un pergamino. En él
muchos títulos y dignidades hay escritos.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron
hoy con rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;
por qué empuñan hoy preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?
Porque hoy llegarán los bárbaros;
y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

-¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores
a echar sus discursos y decir sus cosas?
Porque hoy llegarán los bárbaros y
les fastidian la elocuencia y los discursos.

-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

Frente a eso, y mal que les pese a los más recalcitrantes, como decía Carlos Taibo en un reciente artículo denunciando la marejada represiva contra raperos, libros y obras de arte, nos queda “la UE, que, con sus constantes admoniciones contra nuestros gobernantes, es hoy por hoy la última trinchera de resistencia frente a la barbarie. A nadie se le escapa”

(Nota. Este artículo se ha publicado en el número de Julio de Rojo y Negro)

2 comentarios sobre “La historia no se repite, se reproduce en 140 caracteres

  • el 26 julio 2018 a las 22:04
    Permalink

    Seguramente estamos condenados a repetir las barbaridades históricas del comunismo y del nazional socialismo, somos como decía Paco Quevedo cerrados de mollera y cortos de memoria. Tiene razón Rafa Cid poniendo en solfa a todos estos desnortados “Anti-sistema”, pues el darle o concederle un valor que no tiene a un tipo como Ernesto Laclau, cuyo “genio” se centra en maridar marxismo y peronismo, cuando ambos son basura intelectual, digerida por un vulgo ignorante con pretensiones emancipatorias a través de ideas torcidas, es decir; pura ideología. Ese es el panorama de la actualidad social en este desolado Solar… ( hoy no voy a extenderme mucho. Quiero perderme unas cuantas horas en la obra de Cervantes, o Miqalet Sirvent, como les gusta de reivindicar a todos los Nacionalistas catalanes) Hegel y Carl Schmitt, no Smith, nuevos Guadiana ideológicos de la izquierda perdida, hacen de su discurso puro veneno, dirigido a una ciudadanía embrutecida por la falta o ausencia de la capacidad de razonar de esta. no es de extrañar que los ectoplasmas de estas aberraciones tomen de nuevo carta de naturaleza. El espiritismo y las prácticas espiritistas nunca fueron ajenas a la izquierda. Razón de sobra tenía Kavafis: ¡ No esperemos que los bárbaros vengan de afuera!, es desde siempre que los tenemos dentro, e incluso en nosotros mismos.

    En cuanto a la afirmación de Carlos Taibo, estaría de acuerdo con sus primeras afirmaciones, las puedo suscribir. No así la tercera. El meterse en el terreno del arte es meterse en un terreno cenagoso del que se puede salir mas mal que bien y encenagado de lodo pestilente. Cuando nos pronunciamos sobre una cuestión determinada, como mínimo hay que tener clara la definición de lo que queremos decir o criticar. ¿De verdad tiene la izquierda una somera idea sobre el arte?. La derecha la tiene, pero es interesada y se mide en euros o dólares, pero insisto; ¿tiene la izquierda alguna idea de que es y que no es arte? Estoy seguro que no la tiene, a la izquierda le pasa algo parecido de lo que le pasa a la derecha. Lo que para una es todo dinero, para la otra todo puede ser arte, aunque lo que se juzgue como tal sea un pedo desafinado y con una cierta dosis de mierda.

    El arte es la conjugación de la técnica, cualquier técnica, con la expresión, siempre a través de la materia, sea la música, arquitectura, escultura, pintura etc. El genio y el ingenio ( Para los que desconocen la naturaleza del ingenio, aclaro que el ingenio es el genio en acción, por tanto, el ingenio en reposo es lo que conocemos como genio) En arte se puede someterse al canon, o saltárselo a las bravas, pero siempre tiene que haber mucho ingenio, mucho… Y si todo esto se sintetiza con la belleza y el riesgo, la obra maestra está servida. por estas mismas razones es la obra de Cervantes el culmen de la literatura Universal. Los Nacionalistas lo saben y hacen lo imposible en catalanizar la obra Cervantina, pues su irónica naturaleza literaria nos hace y da que pensar como ninguna lo hizo.

    Emili Justicia

  • el 11 agosto 2018 a las 12:06
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    Repasando este comentario eché en falta una afirmación de muchos pretendidos artistas, de la que me atrevo a ironizar e incluso poner en ridículo. Es costumbre en estos diletantes del arte el calificarse así mismos como creadores, sustantivo tomado de la religión, de ese Dios monista y todopoderoso. Vosotros qué vais a ser creadores, creadores de qué. Sois todos unos mamarrachos del peor jaez. Solo se puede crear a partir de la nada y eso vale también para el pretendido Dios al que pretendéis emular. De la nada, nada puede salir, es una ley física y Universal.

    Mucho mas ingenioso fue el renacentista Michelangelo Buonarroti, que solía afirmar con cierta sorna, que cuando se ponía a trabajar en un bloque de mármol blanco, la figura que tenía en mente estaba ya potencialmente dentro del bloque de mármol. De igual manera ocurre en pintura o en otras disciplinas, lo que se quiere representar está ya potencialmente representado en la mente y en cierta manera esbozado en el lienzo el pentagrama, solo falta un detalle, ¡¡¡Ponerse a trabajar!!!.

    Mas Emili Justicia

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