Populismo? what populismo?

La Veranda de Rafa Rius

Steven Pinker, catedràtico de Harvard, miembro conspicuo del think tank socialdemócrata neoliberal -valga el aparente oxímoron- y gurú de cabecera de Bill Gates (por ahí podemos empezar a ver por donde van los tiros) aparecía en una entrevista perdida entre la publicidad de los papeles de colores del semanal del diario cabecera del grupo PRISA, declarando a toda portada – y de manera nada inocente: “Los populistas están en el lado oscuro de la historia”. ¿Dónde se ubica ese enigmático y confuso “lado oscuro de la historia”. Y, sobre todo, a partir de ahí, se nos plantea de nuevo la maldita pregunta: a saber, ¿de qué demonios nos hablan cuando hablan de populismo? ¿defienden lo mismo Beppe Grillo o Pablo Iglesias, Maduro o Salvini, Trump o Kim Jong Un, por citar algunos de los más habituales portadores del estigma de populistas? ¿Se trata de otro concepto de los que transitan por los cenagosos y confusos territorios de la posverdad? ¿Es populismo todo aquello que se mueve a través de los márgenes del sistema, venga de donde venga? ¿O simplemente es una forma de descalificar aquello que no respeta el statu quo imperante en la sociedad capitalista ultraliberal?

Una de las primeras estrategias de dominación y control en el entorno político del mercado es la colonización del lenguaje. Se trataría de que, al modo del Humpty Dumpty de Lewis Carroll, las palabras quieran decir lo que interesa a quien manda. A quien manda sobre el conjunto de recursos económicos y políticos y por tanto sobre el lenguaje que los nombra y cuyos privilegios defiende. En cada momento es preciso acomodar el contexto semántico del discurso a las necesidades de cada situación sociopolítica y económica para así vender mejor la vieja burra de siempre: maximizar beneficios a costa de lo que sea. Así pues, ¿Qué diablos querrá decir eso del populismo? Pues querrá decir lo que más convenga. Ambigüedad, polisemia, indefinición, ausencia de matices… dentro de los estrechos márgenes que proporciona la simpleza del discurso binario -lo políticamente correcto frente al populismo- todo vale para intentar convencernos de que vivimos en el menos malo de los mundos posibles.

Sostenía en la citada entrevista Steven Pinker, como parte de la campaña de promoción de su último libro “En defensa de la Ilustración”: la experiencia de la Gran Recesión nos mostró que se debe evitar el caos de los mercados desregulados ( )hay que recordar el poder de los mercados para mejorar la vida. El mayor descenso en la pobreza de la historia de la humanidad se ha dado probablemente en China y se ha logrado no mediante la redistribución masiva de riqueza desde los países occidentales, sino por el desarrollo de instituciones de mercado”. Respecto a China, Pinker que, quizás debido a su apellido, tal vez tenga cierta tendencia a verlo todo de color de rosa, olvida que existe una cierta brecha social… según cifras del propio gobierno “comunista”, hay 82 millones de ciudadanos en situación de extrema pobreza mientras existe más de un millón de multimillonarios y las marcas de lujo han hecho actualmente de China su principal mercado. Por lo que se refiere a la regulación de los mercados, Pinker transita a través de lo altamente improbable. Wall Street siempre ha levantado un muro frente a cualquier intento de control gubernamental y ha insistido en que los mercados se regulan a si mismos y los tímidos intentos de intervención de Obama, cuando la crisis-estafa demostró lo que entendían por autoregularse, se vieron condenados al más absoluto fracaso. Efectivamente, Mr. Pinker, los mercados mejoran la vida… de quien los controla.

No basta con ser anti Trump y portar el estandarte de lo políticamente correcto, encarnado por políticos como Trudeau o Macron, en el seno de un Estado capitalista dominado por los mercados, por muy ilustrado que sea. El progreso –sea ello lo que fuere- y la globalización –sólo de los capitales- han demostrado sobradamente no ser las panaceas que todo lo curan. No se trata de caer en el pesimismo autocomplaciente sino de denunciar todas las atrocidades que hacen de este planeta un mundo insoportable para gran parte de sus habitantes.

No caigamos en la trampa, sigamos luchando en la calle por mejorar las condiciones de vida de las personas más precarizadas y dejémonos de utilizar estúpidos conceptos como “populismo” que sólo confunden churras con merinas y nada dicen de provecho.

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