La lucha por la laicidad

Marc Cabanilles

Marc Cabanilles

Muchos quienes luchamos por la laicidad, entre ellos los ateos, estamos cansados y aburridos. ¿por qué?

No por políticas que en materia de laicidad llevan a cabo partidos conservadores, contra los que estamos acostumbrados a oponernos, a que nos ninguneen. Es por la ausencia de políticas contrarias por parte de los partidos progresistas.

Es preciso ser sordo del alma, ciego de piel o esclavo de ideas para ignorar que vivimos tiempos de una cruel y persistente inquisición (social, religiosa, política), que no tolera ninguna manifestación fuera de sus cánones preestablecidos, con resultado de una sociedad cada vez más habituada a obedecer, sin capacidad de asombro, sin tiempo para reflexionar, y sin ningún propósito de actuar. Romper con lo establecido, impuesto como la única forma de vida, debería darnos oxígeno para intentar conseguir aquello que hoy nos asemeja imposible, pero de lo que depende que haya una sociedad más justa, libre, abierta, más respetuosa, más culta.

El ateísmo que llevamos en nuestro corazón es demasiado grande como para ignorar el riesgo de un choque frontal con el monstruo de la autoridad, siempre dispuesta a defender privilegios, pero al mismo tiempo, fortalece nuestra conciencia y determinación de seguir adelante.

Los ateos, siempre estaremos ahí, tras los estantes en librerías, paseando por los parques, investigando en las universidades, agitando lugares de trabajo, o anónimos entre las sombras, … intentando evitar tanta injusticia. Intentando responder a la pregunta de por qué la gran mayoría de quienes dicen querer cambiar las cosas, no se dedican a cambiarlas, con el resultado de caer en la pasividad, en la melancolía, en la desilusión.

No sólo hay que buscar lo mediático. Lo interesante y más difícil, es actuar. Actuar es más importante que hablar. Actuar es más importante que encerrarnos en nuestros espacios. Actuar es mucho más importante que estar sentados como espectadores admirando y alabando las luchas que otros llevan a cabo en espacios y tiempos distintos al nuestro, mientras desacreditamos a quienes actúan a nuestro lado.

La vida no sirve de nada si no se puede vivir libre, si sólo se vive para respirar, trabajar y gastar. La vida hay que vivirla luchando contra las injusticias y las supercherías que la arruinan. La vida no es tal si se vive con el puñal de la libertad, guardado en el cajón de la comodidad. Estamos consiguiendo que el silencio y el olvido por un lado, y la contramarcha por otro, sepulten muchas luchas, entre ellas la de la laicidad. No somos los únicos que denunciamos esto, pero somos pocos los dispuestos a seguir la lucha, y parece que todavía son menos los dispuestos a escuchar.

En cualquier lucha, también por la laicidad, no hay que separar el pensamiento de la acción. Porque luego vienen las lágrimas por recordar lo perdido. Las llamas se propagan mientras haya combustible, y las acciones son el combustible que alimenta esas llamas. Sólo en aquellos momentos en que la tensión por la libertad se reúne con la práctica, es cuando verdaderamente se avanza. Una lucha hecha con honesta entrega, contra unas maquinaria estatales, religiosas, mediáticas, donde la posibilidad de no ser oído es muy alta y el posible fracaso, muy probable.

Encaminarse hacia un estado laico es fundamental, porque las tan cacareadas libertad, igualdad, fraternidad, son pilares de convivencia, y que como tales, deben estar bien cimentados, siendo la laicidad uno de esos cimientos fundamentales. Y cuando a pesar de las incomprensiones, se ama lo que se hace por que es de justicia, el desánimo frente al retroceso no impide que nos mantengamos firmes en la defensa de esa laicidad, que es garantía de respeto mutuo, igualdad de todas las creencias (incluido el derecho a no creer) y la neutralidad del espacio público.

Marc Cabanilles

Presidente Associació Valenciana d’Ateus i Lliurepensadors (AVALL)

Un comentario sobre “La lucha por la laicidad

  • el 16 junio 2018 a las 22:49
    Permalink

    No es de recibo el cuestionar al sistema argumentando su carencia de tolerancia. Las gentes del común no son simpáticas al Sistema, pero como muy bien dice el articulista es tolerante con estas, pues todavía les permite respirar. Decir o hablar de derechos humanos y no decir absolutamente nada es todo lo mismo. Cómo se puede concebir a un Estado y a su vez que sea este el valedor de los derechos de quienes dice representar. En cuanto a la religión o religiones se refiere, hay mucha tela que cortar, pues el concepto de Estado no deja de ser un concepto religioso siempre, por mucha laicidad que predique. En el campo del libre pensamiento no escasean los fundamentalismos a doc., amparados estos en una supuesta “razón”, como dijo Antonio Machado, tu verdad no es la verdad, solo es tu verdad y hay verdades muy sospechosas de ser pura cohetería, para meter de matute conceptos tramposos a más no poder…
    Para empezar hay que definir que es la Libertad, concepto muy poco o nada definido por sus generalidades abstractas. Después habría que enunciar quien o quienes son los usuarios de esa Libertad. Dicha libertad como usufructo de la humanidad, no es concebible sin hacer una definición del hombre, ¿Qué es el hombre? y vuelve a tener plena vigencia la respuesta que les dio Lenin los anarquistas españoles en los debates de la tercera internacional, Libertad “para qué” . En el caso concreto del comunismo soviético o el comunismo en general, se puede afirmar sin lugar a error que el comunismo leninista no dio lugar a ningún ejercicio de la libertad y hasta día de hoy continuamos sin encontrar la respuesta, por la sencilla razón de no haber definido que es la libertad en unos parámetros medianamente razonables. Pero a su vez, no se puede responder a la pregunta si no nos planteamos qué es el hombre. Es esta una pregunta que desde los tiempos de los pre- socráticos no ha encontrado una respuesta meridianamente satisfactoria, pasado por la escuela de Platón e incluso en Aristóteles. Las religiones si han dado respuesta habida cuenta a un esquema predeterminado (los suyos) de qué es el hombre, pero claro, una respuesta convincente y que responda a día de hoy a lo que exige nuestro tiempo pues sigue sin haberla. El concepto antropológico que dan los teóricos del evolucionismo al uso, no deja de ser un argumento poco fiable por su reduccionismo que deja la evolución en manos del azar, omitiendo que la evolución se manifiesta siempre bajo o sujetas a condiciones objetivas favorables siempre. Desde este punto de partida, la evolución darwiniana no es otra cosa que una nueva religión laica en plena confrontación con el concepto deísta de la “Creación”. Aparte de que la evolución no es lineal, Darwin al igual que la antropología al uso, nos habla de infinidad de cosas sobre hombre, pero no da una definición del mismo. Por ello queda sin resolver la eterna pregunta de qué es el hombre.
    El hablar de libertad, igualdad y de la frailuna fraternidad no es suficiente argumentación, como para conjugar dichos deseos con ese artefacto llamado Estado. De igual modo el hablar de derechos humanos a partir del consabido Estado, (¿Cuál Estado, el Español, el Alemán, francés o el Catalán?). Las prerrogativas de los Estados están y estarán al margen de los intereses objetivos de los pueblos, sea su régimen político de naturaleza autoritaria, claramente teocrática o dictatorial, se defina democrática y plural. La historia nos ha dado más que suficientes lecciones desde la aparición de los Imperios, pasando por la creación de las naciones modernas, a partir del final de la Edad Media y a su vez la reinvención de los Estados en el sentido que los conocemos hoy en Europa. Pero ojo, no es como se dice o afirma en el articulo que la cultura nos hará más libres, hoy la cultura se concibe como el bálsamo que todo lo cura, cuando la cultura puede ser también un instrumento de alineación también, máxime cuando en nuestros días todo es cultura: hay un Ministerio de cultura del Estado con sus correspondientes delegaciones territoriales, a través del cual se canaliza y dicta el Canon a seguir en un sin número de materias, como son la enseñanza, las artes o la comunicación. Hoy todo es cultura, cualquier mamarracho puede ser un Gurú de la misma y ejercer de sumo sacerdote en esos menesteres. La servidumbre hacia esos mitos creados con la perversa intención de idiotizar al personal, hasta el punto de crear unas corrientes de opinión que por sus inoperancias, pues no son operativas en el sentido positivo del término. Hace que el estado anímico del personal sea de lo más decadente que se pueda imaginar. Pero tranquilos; Los nuevos bárbaros no tardaran en aparecer el la decadente España, o la imposible Europa. El reinventarse está absolutamente proscrito, pues no es políticamente correcto. Se vive a expensas de la desafortunada frase de Unamuno “Que invente otros” haciendo dejación de la tan celebrada del Maqui Navaja, “lo que nos sobra es ciencia y lo que no se tiene se inventa” .

    Emili Justicia

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