Robert Mugabe, el Viejo Dictador

La Veranda de Rafa Rius

Es bien sabido que las miserias del colonialismo no se acaban con el fin del colonialismo. El continente africano es una buena muestra de ello. En el Siglo XIX, la revolución industrial y el auge económico y político de la burguesía estuvieron cimentados en buena medida en la ruina y el despojo de unas colonias ricas en recursos naturales y en situación de ser esquilmadas por la codicia de los gobiernos y las clases dirigentes de los Estados europeos. La situación continuó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial tras la cual, los economistas del capitalismo postbélico, descubrieron que era mucho más útil y rentable conceder la independencia política a las colonias y seguir controlando su economía para continuar el saqueo a través de sus empresas trasnacionales y contando con la connivencia de las élites corruptas locales, adecuadamente sobornadas con las migajas del despojo.

En el SE del continente africano, Zimbabue, la antigua Rodhesia, da nombre a un territorio con numerosos elementos míticos para los europeos, lleno de oro, marfil y otras riquezas y cuyo poblamiento se remonta a los albores de la humanidad, con numerosos vestigios arqueológicos de algunas de las poblaciones humanas más antiguas de toda la Tierra.

En cualquier caso, su historia reciente es un poco especial, ya que el Reino Unido consiguió mantener su colonia, con distintas alternativas políticas y una importante minoría dirigente de colonos blancos, hasta 1980, año en el que la guerrilla del ZANU (Unión Nacional Africana de Zimbabue) ganó las elecciones y su líder Robert Mugabe subió al poder. Proclamó una república socialista muy sui generis, con partido único, sufragio universal y un sistema de recuento electoral en permanente sospecha de fraude. Y así hasta ahora.
En 1990 decretó la expropiación de tierras a los colonos blancos que poseían el 70% de terreno cultivable, aunque algunos observadores denunciaron la corrupción en el posterior reparto de tierras y el favorecimiento de individuos conectados al partido dirigente. A partir de ese momento, se produjo una fuerte caída en la producción agrícola y las exportaciones. El gobierno respondió imprimiendo billetes y el resultado fue una hiperinflación que llego a alcanzar una tasa de 231 millones %. Zimbabue debió abandonar su propia moneda cuando el dólar zimbabuense se cotizó a una paridad de 35 cuatrillones (35 mil millones de millones) por cada dólar estadounidense. Zimbabue pasó de ser uno de los países más prósperos de África a uno de los más pobres y actualmente se encuentra en un callejón político y en una profunda crisis económica y social. Tres cuartas partes de la población viven con menos de 5 $ al día y el resto con menos de 2 $.

El resto de indicadores tampoco son mejores. La esperanza de vida, de un promedio de 61,6 años en 1986 pasó a 43,1 años en 2003. Un 13,5% de la población adulta de Zimbabue, cerca de 1,3 millones de personas, viven con VIH/Sida, según datos de ONUSIDA de 2016. Las estimaciones de desempleo varían mucho según las fuentes, no obstante, los sindicatos locales hablan de una tasa de paro de hasta un 90%.

Sin embargo, hay que destacar que a pesar de la crisis económica, el gobierno invirtió mucho en educación desde la independencia y Zimbabue tiene una tasa de alfabetización de 89%. Por otra parte, solo un 43% de los hogares tiene una radio, un 37% un televisor y un 10% un ordenador, pero, eso sí, el 81% de sus habitantes posee un teléfono móvil.

Así las cosas, en estos momentos, una vez depuesto Mugabe, Mnangagwa el exvicepresidente, es el principal aspirante a sustituirlo en la presidencia y el nuevo candidato oficialista para las elecciones presidenciales de 2018 tras ser nombrado líder del partido gobernante en sustitución de Mugabe. Y ello a pesar de que fue destituido el 6 de noviembre, por iniciativa de la primera dama, Grace Mugabe, con la que competía para suceder al presidente. Su expulsión provocó la intervención de las Fuerzas Armadas, que, de momento, controlan el país.

Junto a la expulsión de Mugabe, el ZANU-PF ha llevado a cabo otra aún más efectiva: la de su esposa Grace Mugabe, que ha sido asimismo retirada del liderazgo de la Liga de Mujeres del partido “por promover divisionismo y discursos de odio”. Ella es, en realidad, la verdadera rival de Mnangagwa en la carrera para la presidencia. Apoyada por la nueva generación del partido, la llamada Generación 40 (G40), Grace Mugabe, de 52 años, se estaba abriendo paso con el apoyo de su marido.
Aunque la situación es confusa, la gerontocracia del ZANU-PF. Al parecer, se ha desecho de sus adversarios en el partido. Junto al matrimonio Mugabe, otros miembros de la formación, nombres fuertes del G40, el grupo de Grace, han sido neutralizados por el Comité Central. Grace Mugabe y otros miembros podrían ser procesados por la justicia.
Ha sido la cuenta atrás final para el presidente más anciano del mundo. El ministro del Interior, Obert Mpofu, definía los acontecimientos como “revolucionarios”, pero el levantamiento actual en Zimbabue está lejos de ser una revolución. Tanto la cúpula del Ejército que ha tomado el control del país, con Constantino Chiwenga a la cabeza, como el núcleo duro del partido, liderado por Mnangagwa, son los viejos camaradas de Mugabe y los mismos pilares del régimen bajo el que Zimbabue ha vivido los 37 años de Independencia y dictadura. Es el statu quo luchando para mantener sus privilegios. Una versión del viejo aserto lampedusiano: cambiar a alguien para que nada cambie. Robert Mugabe, católico fundamentalista con numerosos crímenes a sus espaldas y que opina que los homosexuales “son peores que los cerdos” (sic), quería batir records de longevidad personal y política y flirtear con la eternidad. Parece ser que no lo ha logrado.

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