¿En qué estaría pensando yo?

La Veranda de Rafa Rius

Llegó el verano: esperemos a ver que nos cuelan esta vez. Teniendo en cuenta que Nessi, el simpático monstruo del loch escocés, ya está bastante demodé y lo han paseado tantos veranos que ya no asusta ni a los peces y, considerando la larga tradición en nuestros gobernantes de guardarse la promulgación de las medidas más impopulares para cuando andamos más distraídos y relajados -oseasé en verano- la única incógnita es ver que nos tienen reservado para ayudarnos a pasar “el caloret”.

Decía Chomski en su texto “Armas silenciosas para guerras tranquilas” que uno de los elementos fundamentales del control social es la estrategia de la distracción: “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales”. Ahora que el trabajo o su búsqueda y el fútbol –dos de los ingredientes básicos para nuestra sociedad en las estrategias de alienación- se han tomado unas merecidas vacaciones, algo habrá que diseñar para que los sustituya durante un mes y medio, no vaya a ser que, llevada por la molicie y la indolencia estival, a la gente, mientras se pone morena, le dé por pensar y empiece a darle vueltas a todos los engaños trileros con los que nos han estado “distrayendo” durante el resto del año.

Menos mal que todavía les queda la televisión, una televisión que durante estos meses y aunque parezca imposible, bate sus propios records de fetidez, inundando de basura nauseabunda todas las pantallas. Esas mismas pantallas que, según encuestas, captan nuestra atención durante al menos cinco horas al día. Estúpidos concursos, inacabables series de spots publicitarios, telefilms de violencia inusitada en un supuesto “horario infantil”, noticiarios ausentes de noticias, con imágenes de muchedumbres abarrotando playas y piscinas, y declaraciones de gente de orden denunciando indignadas que han visto personas bañarse desnudas en zonas “familiares”, ¡Ohhh, sielos!… programas de cotilleos inanes en los que manadas de memos con carnet de periodista se dedican a pelar full time las vidas privadas de famosos y famosetes… en fin, para que seguir.

Y en medio de este aparente desbarajuste estival perfectamente programado, aquellas personas que dirigen y planifican nuestro destino, preparan sus planes de actuación y afilan sus artimañas de marketing de cara a un otoño ”caliente” sólo para sus bolsillos.

Por si todo esto fuera poco, la estrategia de dominación se complementaría con otro de los aspectos analizados por Chomsky en el texto citado: el hecho de utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Según Chomsky, se trataría de causar un cortocircuito en el análisis racional y el sentido crítico de los individuos para, utilizando el componente emocional, abrir la puerta de acceso al inconsciente y así, implantar ideas, deseos, temores, compulsiones y, en último extremo, inducir comportamientos.

Este recurso ha quedado patente en uno de los escasos temas de cierta enjundia que ocupan las noticias del verano. Se trata del proceso independentista catalán. Por parte catalana pero sobre todo por parte del llamado Estado Español, rara vez entre las que se han acercado al tema, lo han hecho de manera racional, aportando argumentos, razonamientos, datos objetivables… antes bien, por una y otra parte han apelado a elementos de orden sentimental como la sagrada unidad de la patria (planteamiento ahistórico que no se sabe muy bien en que consiste, como si España como tal hubiera existido desde la Prehistoria) o los derechos emanados de los cuatro ríos de sangre marcados en la roca por Wifredo el Velloso. La táctica de Rajoy de crear un vacío conceptual y verlas venir mientras espera a que pase la tormenta o la de Puigdemont basada en un obvio –para cualquiera que reflexione sin apriorismos- derecho a decidir, que no entienda que con tener la razón no basta si esa razón no se acompaña de razones de aproximación al tema desde otros ángulos, no van a ninguna parte que no lleve al enfrentamiento y la frustración. Las emociones son importantes, pero sin pasar por el filtro de la razón pueden resultar peligrosas e inhibidoras. Como también señalaba Chomsky, si el individuo, llevado por sus emociones se autoinculpa de la situación en lugar de rebelarse contra el sistema económico responsable de esa situación, eso genera en él un estado depresivo que inhibe su acción y, sin acción, no hay revolución que valga.

Chomsky dixit y yo me apunto.

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