El asno de Buridán o un pollo sin cabeza

Desde la franja de Mieres. Abel Ortiz

La sujetividad, último reducto inalienable. La modernidad no capitalista, como propuesta lejana al romanticismo, más o menos alemán, más o menos dieciochesco, y al idealismo, más o menos alemán, más o menos Hegeliano, es imaginable desde lo material, lo realmente existente; los bienes y la ferramienta o neotécnica.

Los valores, como su propio nombre indica, no valen nada, papel, literatura, realidades bajo palabra de honor. Cuánto vale una patria? Valor de uso o valor de cambio? El valor del Cid, o de John Wayne, el valor que se revaloriza; la teoría del valor. La tacha medieval del menos valer, antecedente simétrico del plusvalor.

El valor y la guerra. La madre y el soldado. El valor valentía. Los valientes muertos por los valores contra los que lucharon otros valientes muertos. La guerra creadora del derecho. Valores que se pagan con sangre en la guerra, que se extraen en el trabajo vivo. Reproducción de formas de uso y consumo. Acto religioso de compra y venta.

No puede existir modernidad sin capitalismo, primer dogma a desmontar por la derecha y por la izquierda. Bolívar Echeverría nos lo explica; desde Marx, Adorno y Horkheimer, Walter Benjamin y toda una tradición de marxismo crítico que nunca convalidó la ortodoxia soviética. Si el axioma fuera cierto el capitalismo permitiría una huída hacia atrás, a formas precapitalistas, arcaicas. Anuncian a toda plana: Si renunciamos al capitalismo debemos renunciar a la técnica, a la modernidad, y retornar a la lucha contra la naturaleza; volver a ser hijos del arroz, del maíz, el trigo o la patata.

El reparto del excedente, que da lugar al nacimiento de las ciudades, sigue siendo la manera de condicionar las formas y usos que se pretenden reproducir.

Si cultivo critico de la identidad es la definición más seductora de cultura quedan por acotar los tres conceptos clave: Cultivo, crítica e identidad. Las dos primeras son materiales; Se rinde culto, se trabaja, de una forma o manera puesta a prueba para ser mejorada; comprobable y verificable. Lo de la identidad es otro cantar, es un valor. Es por tanto vaporoso, evanescente, líquido, postmoderno, eurocéntrico. La blanquitud; la configuración protestante del capitalismo.

Otros teóricos, de otras tradiciones, susceptibles a su vez de crítica y cultivo, introducen hallazgos, miradores desde los que asomarnos, hombros a los que subirnos. Todos, o casi todos, acaban apelando a la imaginación; a los poetas.

Los poetas y el materialismo o como acabar con las certezas absolutas sin llegar a la desconexión sideral. Los jesuitas lo llamaban fe y razón. Los chinos ying y yang. Los rusos paz y tierra, los mejicanos tierra y libertad. Los anarquistas ni dios, ni amo. La síntesis. Podemos imaginar una modernidad no capitalista sin dioses ni amos?

Los dioses y amos en la modernidad capitalista, lo sagrado y la propiedad, están subordinados. El monoteísmo permanece, el dinero es dios. El dios que nos ve y nos juzga. Sin patrón oro el dinero no es más que papel. Un valor. El valor.

En cuanto aquellos que repelen, o son repelidos, por cualquier comentario aparentemente teórico e inmediatamente reclaman acción, recordarles que Marx, la bicha para algunos libertarios que han olvidado a García Rúa, explicita la obligación de transformar la sociedad más allá de su estudio. La oposición teoría, práctica, es un camelo.

Ni el asno de Buridán, ni un pollo sin cabeza.

Un comentario sobre “El asno de Buridán o un pollo sin cabeza

  • el 9 Julio 2017 a las 1:15
    Permalink

    La sujetidad, de sujeto….

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