Capitalismo rosa: “El negocio del orgullo es nuestro”

La Veranda de Rafa Rius

Ya sabíamos de la existencia de un capitalismo verde y ecologista como el de las grandes empresas energéticas. Estos días estamos viviendo la aparición en escena de un capitalismo rosa y gay. Es de sobras conocido el apetito voraz del sistema capitalista a la hora de recuperar y fagocitar todo aquello susceptible de ser objeto de negocio y el movimiento LGTBQI era difícil que pudiera sustraerse a sus instintos devoradores enmascarados en multicolores oropeles de seducción interesada. Lo que había venido siendo desde la noche de los tiempos franquistas de la Ley de Peligrosidad Social, una acción directa netamente reivindicativa del derecho a una sexualidad libre y sin barreras legales, ha devenido en buena parte en un carrusel publicitario patrocinado por grandes marcas comerciales que lo aprovechan para promocionar sus productos de cara a un mercado en auge.

Venimos de una situación en que la represión de la diversidad sexual se sustentaba en tres patas: para el Estado era un delito perseguible judicialmente; para la mafia médico-psiquiátrica, una enfermedad y para las diferentes Iglesias, un pecado. De semejantes aberraciones, hemos pasado en la actualidad a una situación en la que todos los partidos del espectro político institucional -en Madrid hemos podido ver a Manuela Carmena y Cristina Cifuentes- así como grandes cadenas de TV y otros medios desinformativos, apoyar ufanos el Día del Orgullo Gay –coincidencia, convivencia y connivencia que ya de por sí resultarían sospechosas de denotar ocultos intereses.

Afortunadamente, desde hace una década, viene trabajando una corriente dentro del movimiento LGTBQI que ha detectado el problema y bajo el nombre de Orgullo Crítico, mantiene una postura radical y nítidamente anticapitalista de denuncia de la manipulación y la utilización mercantilista de sus reivindicaciones.

Porque, entre otras consideraciones, sería bueno no olvidar en buena lógica internacionalista, que estamos hablando desde la perspectiva de eso que llaman España, donde, aunque lamentablemente aún se den demasiados casos de homofobia, no resiste la comparación con los 72 países del mundo que todavía criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, incluidos los que mantienen la pena de muerte para ellas –Irán, Yemen, Arabia Saudí, Sudán, Somalia, Chechenia…

En un contexto tal que así, en los países en los que tras muchos años de lucha se ha conseguido comenzar a dignificar la situación de las personas con prácticas LGTBQI, sería bueno no permitir que la coyuntura derive hacia un triunfalismo improcedente repleto de anuncios de colores y vacío de contenido reivindicativo.

Porque las grandes empresas lo tienen claro: el lema del movimiento LGTBQI “el orgullo es nuestro” no les preocupa mientras el negocio siga siendo suyo…

Un comentario sobre “Capitalismo rosa: “El negocio del orgullo es nuestro”

  • el 7 julio 2017 a las 14:15
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    Es que no semos machos, pero somos muchos. Otra cosa distinta es el eterno problema del rebaño y los pastores…

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