El TSJ confirma que todos los sindicatos no son iguales

Artículos Perecederos

Antonio Pérez Collado. CGT PV

El pasado 25 de mayo el diario Levante-EMV se hacía eco de una noticia sobre tribunales, en la que se informaba de la sentencia por la cual el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana desestimaba el recurso de cuatro sindicatos contra una ley de la Generalitat que destina 5´2 millones a repartir entre UGT, CCOO y la patronal cada año, en virtud de una ambigua participación institucional de tales organizaciones. Como es de imaginar no es ésta la única subvención pública de sindicatos y empresarios con pedigrí, puesto que también les cae algo, bastante, bajo las fórmulas ampulosas de planes de formación, fomento del empleo, prevención de riesgos, etc. Desde luego no tanto como hace años, de ahí los problemas financieros del sindicalismo protegido.

La CGT, que no está entra las centrales que han planteado la demanda, ya dijo en su día que no aspiraba a recibir su parte del pastel, sino que proponía que tales partidas se destinaran a servicios sociales, para los que parece ser siempre hay falta de recursos de las administraciones. Algún otro sindicato también solicitó judicialmente una solución similar. En ambos casos la respuesta ha sido continuar con estos pagos, ahora ratificados por segunda vez por los tribunales.

Con estas prácticas discriminatorias, por muy bendecidas que estén por el poder judicial, se pone de manifiesto el error de aquellas voces -de la calle o de las tertulias televisivas- que desafiando a la realidad afirman eso tan tópico de que “todos los sindicatos son iguales”. Pues no, no son iguales. O si hacemos caso a George Orwell, el autor de Rebelión en la granja, “unos son más iguales que otros”. Unos han recibido desde siempre todo tipo de ayudas y facilidades para sacar más delegados y aparecer permanentemente en los medios de difusión como “los sindicatos” y otros, también desde siempre y entre los que destaca el anarcosindicalismo, a los que se persigue, reprime e ignora con el claro objetivo de que no puedan alcanzar esa condición de mayoritarios.

Puede entenderse que la patronal no quiera que se desarrollen sindicatos reivindicativos e insobornables, puesto que el capital nunca ve con buenos ojos eso de la libertad sindical y la mejora de los derechos de los trabajadores. Del Estado y sus diferentes compartimentos tampoco nos debe extrañar su coincidencia con los empresarios; sobre todo si se trata de los muy ricos y poderosos. Pero, al menos, se deberían guardar las formas cuando de invertir los dineros de todos se trata.

Lo que no admite dudas es la existencia de más de una clase de sindicalismo, aunque casi todo el sindicalismo se reclame de clase: está el de las subvenciones, las reformas laborales, los ERE sin ton ni son, los recortes y las renuncias, y está también el otro, el que no sale en la TV, que lucha en las empresas y en la calle, que denuncia y presiona, que incluso moviliza a miles de personas como en las recientes Marchas de la Dignidad del 27M.

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