Venezuela: El culpable absoluto siempre es el otro

La Veranda de Rafa Rius

En política, en mala política, el culpable no solamente es el otro, sino sólo el otro. Yo y los míos nada tenemos que ver en lo tocante a responsabilidades. Los que están de mi lado son los buenos sin mácula y el resto los malos malísimos, y punto pelota. Para que vamos a andarnos con más análisis ni sutilezas. La autocrítica está terminantemente prohibida y todo aquel que ose ponerle la más mínima pega a mi gestión será un gusano enemigo, merecedor del más absoluto desprecio. Eso que en el campo de las opciones más reaccionarias es comprensible y hasta previsible, cuando procede de sectores que se autocalifican de izquierdas y defensores de los intereses de la mayoría más desposeída, se hace difícil de digerir. Al parecer, están en posesión de la verdad absoluta y su ideología es inamovible y eterna. Su reformulación para adaptarse a un contexto histórico cambiante, siempre es rechazada y suele evaluarse en términos de traición a unos principios sagrados e inmutables. Esta idílica situación ya la habíamos vivido en Cuba y ahora la estamos viviendo con más fuerza si cabe y de manera más trágica en Venezuela. Todos aquellos que pensamos que la única posible salida a una situación insostenible se sitúa en una crítica a todo aquello que se ha hecho mal para intentar corregirlo, resulta que le hacemos el juego a la reacción y somos unos vendidos al capitalismo imperialista. Aquí no hay matices, la simpleza del pensamiento binario se impone. O conmigo o contra mí. Si te quedas en medio a intentas razonar sin ataduras ni apriorismos, te dan por los dos lados como a un muñeco tentetieso.

Que Maduro no está ni mucho menos maduro para el cargo que ocupa, se hace más evidente cada día que pasa. Que el chavismo bolivariano anda necesitando de un replanteamiento de su teoría y su praxis, se pone cada vez más de manifiesto. Por otra parte, que la llamada oposición está a lo que está, es decir a defender los intereses empresariales y transnacionales, incluyendo prácticas de chantaje, boicot y sabotaje, que sus intenciones son cualquier cosa menos inocentes y benefactoras y que los servicios de inteligencia yanquis, una vez más no son ajenos a lo que está pasando, eso a nadie puede extrañar y lo sabe cualquiera que analice de manera mínimamente ecuánime la situación.

Así las cosas, lo único que parece claro es que la actual situación social en Venezuela resulta insoportable a corto plazo. El capitalismo es por naturaleza depredador y la ética no se encuentra entre sus prioridades. Si para forzar una situación en su beneficio tiene que llevar a las capas más precarias de la población a unos niveles de sufrimiento intolerables, no hay mayor problema. Frente a eso, un gobierno que declara estar al servicio del pueblo venezolano, no puede permitir que la situación social se degrade hasta los extremos en que lo está haciendo.

Por mucho que gran parte de la responsabilidad recaiga en los oscuros intereses de los grupos opositores, 50 muertos en las calles, uno de los más altos índices de criminalidad de América Latina, el endémico desabastecimiento de productos básicos; en un país que es cualquier cosa menos pobre en recursos, no es en ningún caso admisible. El gobierno bolivariano tendrá que implementar medidas urgentes, radicales e imaginativas o su futuro inmediato se presenta repleto de densos nubarrones. Y lo que es peor, el del pueblo venezolano también.

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