El curita y la alcaldesa; durante toda tu vida, hijo de puta…

francisco_camps_rita_barberaAbel Ortiz

En el puerto de Altea, en un yate, a cinco minutos de la casa de Zaplana, a siete del chalet de Alvarito, aparecen pruebas contundentes. Contabilidades en Alicante y Barcelona; fichas de la gran partida que sirven lo mismo para negociar con interior que para tumbar a un juez. En la diócesis de Orihuela el periódico quema. Hacen falta más cortafuegos. Radio Liberty llamando a Cartagena. Marchando una de michirones.

Costa, de los Costa ministeriales, se ajusta el cuello de la camisa, frente al espejo, tarareando merengue. Reloj de submarinista, traje de vicepresidente, calzoncillos de neopreno y móvil cargado, arranca el cuatro por cuatro con la radio puesta. Acepta la dimisión de mentirijillas y pondrá cara contrita con un rictus retador. Canal nou dale que dale, toma que toma. Pajaritos por aquí, pajaritos por allá. Pajaritos trileros.

En mercadona vigilan, despiden, acosan y publicitan el gran milagro. La piedra filosofal, el santo grial de las ofertas, el paraíso del trabajador. ¿Quién no ha soñado alguna vez con currar en mercadona, carrefour o prica? De los barracones a la nómina de Roig. Y agradecidos. Ajo, agua y resina. Bolonia.

Las basuras de Alacant, como las de Nápoles, como casi todas, huelen mucho mejor que el aliento de alguno de los que cobran por manejar presupuestos. En el supremo, como en el constitucional, también manejan deshechos. Fantasmas falangistas; el estatut de Catalunya, desde los años treinta, la corrupción intrínseca del movimiento y del postmovimiento. Por la correa sale el ovillo.

La alcaldesa y el president pasean sus elegantes esqueletos en un deportivo rojo. Valencia, convertida en un fondo de videojuego, sim city, se privatiza. Se viaja mucho al vaticano, se reciben sabios consejos. Los alquimistas de lo electoral se ponen el mandil. El president y la alcaldesa sonríen a la luna desde todos los balcones, alquilables o no. Los derribadores del Cabanyal, los abogados de cofrentes, los negacionistas de las fosas, los clientes de Orange market, los habituales de fitur, muestran su felicidad sobreactuada siguiendo la doctrina Pantoja.

A los periodistas no se les contesta, ni a la oposición, por su bien. Hay cosas que no se pueden contar, son para mayores. Como las fiestas de Alvarito.

¿A cuanto está el gramo de caviar? ¿Y el kilo de mujer del este?

(CONTINUARÁ)

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