Xenofobia, maldita xenofobia

La Veranda de Rafa Rius

Cuando las personas que amamos la anarquía abominamos de las fronteras no lo hacemos por una cuestión teórica o perteneciente a cualquier tipo de superestructura ideológica, lo hacemos por una cuestión visceral al tiempo que racional, tras una larga constatación histórica de todos los ríos de sangre y dolor que han causado.

Desde la más lejana prehistoria los humanos han realizado lentas y dilatadas migraciones. Mujeres y hombres que han atravesado las aguas heladas del estrecho de Bering, descendiendo hacia el Sur a través de decenas de miles de kilómetros hasta llegar a la Tierra del Fuego; cruzado el Bósforo procedentes de Mesopotamia, Gibraltar viniendo de África o el Mar de China hasta llegar a Japón. A través de la Historia, pocas veces se ha entendido que la conservación del territorio, el mantenimiento de un espacio vital, no implica necesariamente la creación de barreras defensivas ni el rechazo paranoico de las personas procedentes de otros lugares. No hemos comprendido que, como nos han recordado diferentes pueblos de los que de manera condescendiente llamamos primitivos, la tierra no nos pertenece sino que somos nosotros los que pertenecemos a la tierra. De la misma manera que tampoco hemos comprendido que la cooperación y la mutua ayuda son siempre más fructíferas que el rechazo o el enfrentamiento. El mestizaje con otras etnias y otras culturas, no sólo es enriquecedor y en gran medida deseable, sino además, absolutamente inevitable como hemos tenido sobradas veces ocasión de comprobar a lo largo de los tiempos.

A pesar de todo ello, nos obstinamos en levantar todo tipo de barreras, tanto físicas como burocráticas, a mayor gloria de la ola de xenofobia galopante que recorre el mundo. Desde el vergonzoso e inútil muro que un plutócrata descerebrado quiere erigir en la frontera con México -“Make América great again” como si los otros 34 países del continente no fueran también América- hasta los más de 30 años de campamentos de refugiados somalíes en Kenia o los 40 que llevan sobreviviendo los saharauis en un rincón perdido del desierto argelino.

Entre tanto, en la muy civilizada Europa los partidos xenófobos nacen y medran como setas tras la lluvia, aprestándose a tomar el poder mientras cientos de miles de migrantes y refugiados malviven y resisten el crudo invierno (los que no mueren de hipotermia) en campos de prisioneros precarios e insalubres o vagan perdidos por las ciudades y los campos de la Europa del respeto a los Derechos Humanos en medio de la indiferencia casi generalizada y el ninguneo de los medios deformativos.

¿Y qué decir de eso que llaman España, ese lugar donde “yo no soy racista, pero…”, donde los migrantes vienen a quitarnos el trabajo que honrados empresarios les pagan a 2€ la hora?. Aquí, desde siempre, han proliferado, desde los tópicos más anecdóticos pero no por ello menos significativos: “los andaluces son unos vagos, los valencianos unos superficiales, los catalanes unos tacaños, los madrileños unos chulos, los vascos unos brutos o los gallegos unos taimados” hasta el rechazo directo a todos los gitanos, “moros”, subsaharianos … siempre que no tengan dinero, claro, porque no olvidemos que la xenofobia tiene un claro componente económico y un jugador de fútbol millonario, nunca será un africano aunque su piel sea más negra que el betún.

Así que, aunque sea insistir una vez más en lo obvio y predicar en el desierto, tenemos el deber moral de denunciar denodadamente todo tipo de fronteras y de luchar por el derecho inalienable de toda persona a circular libremente por el ancho mundo, sea cual sea su lugar de procedencia, su lengua o el color de su piel. Y de paso, no estaría de más recordar que si están aquí es porque los gobiernos que nuestros conciudadanos han elegido, los han expulsado de sus casas arrasadas, con su militarismo desaforado y sin fronteras, porque, eso sí, para los ejércitos y los traficantes de armas, para esos sí que no hay fronteras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies