El curita y la alcaldesa; folletín de pornoterror por capítulos

francisco_camps_rita_barberaAbel Ortiz

En los amenes del zaplanismo, barra libre de cemento hipotecario y hormigón crediticio, economía de dieciséis válvulas, algunos confesionarios piramidales vendían sellos de juguete a la feligresía más confiada mientras otros, imperiales, cocinaban bodas escurialenses con invitados del gran mundo; el rey, Berlusconi, Blair, Pedro José, Zaplana, Correa, Alvarito. La piel de Rouco Varela brilla en el altar como un jueves santo. Refulge Aznar, antes de la vigorexia, más que el gallo de la pasión. Algo parecido a un intento de sonrisa se atasca en el mecanismo gástrico cardenalicio al cruzar la mirada con el padrino. Poder contra poder. Los amigos del novio, con bula parrandera, simpatiquean con las más altas y decrépitas aristócratas del solar ibérico.
El monasterio revive nostalgias de Flandes. Una boda como dios manda; sin líos de manzanas.

Se prepara, en Valencia, el advenimiento de un nuevo president sobre la gran ola de la Aznaridad. Se divisa, desde la cresta, un futuro de doradas cúpulas futuristas.
El mundo, algún día, con el diseño inteligente de las constructoras y la financiación creativa del la CAM, será Marina d’Or a precio de Calatrava. Castelló, Dodge City, al fin, tendrá aeropuerto para que puedan huir los jueces. Alacant será Hollywood, Benidorm, Miami, Valencia, Mónaco. Pedirán, también, dos huevos duros, uno de ellos de oca.

De momento, cuando estaban por llegar rolex, buittones, ferraris y caviares, la alcaldesa ya ejercía de faraona y los cristoperiodistas avillanaban páginas a destajo; patria, municipio y bicarbonato. A toda máquina canal nou va volviéndose lisérgico cuando no trasuda cocaína. En el puerto de Valencia todavía no aparecen alijos en las cajas de plátanos ni funciona telecoca en los pisos del centro.

Los alumnos de los colegios públicos van de excursión a Terra Mítica, un muestrario de rotondas, donde necesitan figurantes, maquilladores de números y, para la dirección, un fakir, un ventrílocuo y un kamikaze. Encontrarán de todo que de todo hay. El terreno original, pinares, ardió, un día tonto, a cinco minutos de la casa de Zaplana. Podía ver El Dorado desde la terraza. Tierra quemada.

El desembarco en Valencia del régimen, los papás, fue contundente. El Levante feliz, tierra de promisión, daba para grandes negocios. Capital de la república, hasta el final, todo era botín de guerra. Todo. Llegan primero los falangistas, a pasar cuentas, e inundan de fosas comunes el cementerio de Valencia. Como motivo de la muerte de muchos de los represaliados se utiliza una palabra terrible: Caquexia. Matan a los presos de hambre. Setenta años después la alcaldesa pizpireta pretende tapar las pruebas; las excavadoras ocultan el pasado. Los huesos se resisten, salen a la luz.

Tras las banderas victoriosas llegaron las cruces, las procesiones y, algo después, los tecnócratas del opus. Fraga, figurín de bañadores, abre las playas y baja la bandera del taxímetro. Del chiringuito iniciático al hotel Bali, pasa Zaplana como de las chanclas a los martinelli. Llega el esplendor, por mercadona hacia dios. Transmutada en California, según sus gobernantes, en Valencia acaba la ruta del bacalao. El dinero desaparece por las narices. Las pastillas se venden solas. Alguien hace caja. Un día, y otro, y otro….

(Continuará)

Abel Ortiz

Un comentario sobre “El curita y la alcaldesa; folletín de pornoterror por capítulos

  • el 9 abril 2011 a las 0:24
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    Como podemos votar para presidente de España a un señor que apoya la corrupción, Rajoy ha perdido el norte al aprobar las listas de Valencia. Ahora resulta que cuando se le pregunta por Ricardito Acosta, no sabe quien és. Muy divertido Marianito; pero en la realidad no tiene gracia ninguna , se rien ustedes de los españoles antes de llegar a la Moncloa, despues será descojonante, ENHORABUENA ESPAÑOLES .

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