De ortodoxias y heterodoxias

La Veranda de Rafa Rius

imgres-1 … o uno de esos juegos/ donde la nada en la que
desemboca el tiempo/ es lo único que nos queda.
John Burnside

En todos los aspectos y momentos de la vida siempre suelen haber como poco y con todos sus matices, dos opciones de abordar una determinada cuestión: desde la convicción inquebrantable y el dogma o desde la relatividad y la duda. Hay quien necesita saber siempre el terreno que pisa y creerse constantemente seguro de cada paso que da y hay en cambio quien camina entre las brumas de lo incierto en la dirección que en ese momento considera correcta pero sin saber nunca donde irá a parar.

Esta dualidad de puntos de vista, afecta tanto a los múltiples aspectos de nuestra cotidianeidad como a nuestra concepción del mundo y a nuestra forma de afrontar el hecho de estar vivos. Frente a la convicción sin fisuras, habita la indeterminación y la sospecha acerca de las propias certidumbres. Frente a quien “lo tiene todo claro”, quien tiene sólo unas pocas cosas claras y aun éstas, de manera provisional y controvertible.

Esta situación se hace especialmente patente en el ámbito de lo libertario, para aquellas personas que decimos amar la anarquía. Porque, que un cristiano o un marxista-leninista necesiten sus dogmas de fe es hasta cierto punto lógico y comprensible pero que le resulte imprescindible esa fe a alguien que dice pensar desde la acracia ya es más cuestionable. Si el pensamiento anárquico debiera tener algún dogma sería precisamente la ausencia de ellos. El continuo cuestionamiento de los propios supuestos, el carácter histórico y por tanto temporal de sus análisis. La necesidad de contextualizar en cada momento y lugar una determinada visión del asunto a tratar dentro de unas coordenadas libertarias siempre cuestionables y revisables, y eso sí, sin caer en la absoluta indefinición del “todo vale”.

No puede existir una anarquía ortodoxa porque entonces, será ortodoxa pero no anarquía. Si la anarquía siempre ha concitado tantas simpatías en ámbitos tan diversos es porque se ha movido dentro de la más amplia heterodoxia, uniendo en un territorio común y plural, anarcosindicalismos, feminismos, radios libres, ateneos, movimientos LGTBQ, okupas, ecologistas, antimilitaristas, punkis del “no future”… y todo tipo de variopintos espacios sociales de contestación al inicuo sistema vigente.

El pensar desde la libertad, sin gurús ni catecismos a seguir, sin líderes ni doctrinas incuestionables, es difícil y arriesgado; exige valor y determinación, el valor y la determinación de plantarnos de cara a nuestra propia muerte, instalados en lo efímero, sin por ello renunciar a luchar por lo que consideramos justo, para intentar dejar un mundo algo mejor a los que vendrán después.

Pero eso sí, ya digo, desde la heterodoxia de lo permanentemente cuestionable.

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