Ahora si que si….¡Viva quien vence¡

franjademieres

Desde la franja de Mieres. Abel Ortiz.

Con Pedro Sánchez en la Moncloa y Hillary Clinton en la Casa Blanca dormiría más tranquilo. Eso me convierte en un social-demócrata de mierda, de esos que son iguales que los peperos. Po bueno, po fale, po malegro. Las ruedas de molino para el que tenga estómago de hierro.

En Mieres del Camino, año 1934, ochobre, murió mucha gente en la revolución. Salieron hacía el futuro con armas precarias en las manos; el cargamento de Indalecio Prieto, escopetas y dinamita. En la mayor parte del país no pasó nada y hasta los más bocazas desaparecieron.

La alianza obrera se levantó contra un gobierno republicano dispuesto a nombrar ministros de la CEDA, lo más parecido al fascismo antes del nacimiento de la falange. Nótese que falange es una formación militar romana y que el “fascio” original, el musoliniano, era “di combattimento”. Armas de guerra. Preparando el 36.

Pocos años después millones de personas pasaron por debajo de las palabras mágicas forjadas en hierro del Ruhr. “Arbeit macht frei”;
El trabajo os hará libres. Libres como el humo. Trabajo para todos.

Del “pauper ante festum”, pobre ante el festín, que abandona el campo miserable y se presenta con lo puesto en las ciudades industriales para convertirse en el proletariado estudiado por Marx, al obrero esclavizado en las fábricas de Speer, o en las minas del Congo, más o menos belga, hay una gradación.

El pueblo no existe, el coche del pueblo si. En eso consistía el fordismo, eso es la volks-wagen. El partido popular es del pueblo o, más concretamente, el pueblo es del partido popular. Si alguien tiene dudas bastará para disiparlas con acudir al registro de la propiedad. Los partidos fascistas europeos se llaman partidos del pueblo. El pueblo austríaco, el pueblo holandés, el pueblo danés, el pueblo francés, el pueblo alemán. Del pueblo a la patria hay un paso.
De la patria a la guerra, combattimento, medio.

El lenguaje se utiliza como arma cuando el objetivo es fijar un enemigo.
El dialecto risible de Rajoy, al que bastan dos palabras, España y españoles, patria y pueblo, para llenar de contenido sus parrafadas voluntariamente indescifrables, ha sido suficiente para desguazar a una izquierda vapuleada por la historia. Una izquierda culpable, dicen los escolásticos, más o menos de Chicago, de Frankfurt o de Hipona.

El derrotado culpable; ya podemos dictar sentencias. La social-democracia, como todo el mundo sabe, es culpable de alta traición y responsable de la llegada de los ultras. Un meme. Con el mismo rigor de quienes dicen que el comunismo causó cientos de millones de muertos o que el anarquismo es sinónimo de terrorismo.

Tranquiliza las conciencias, y descarga las mochilas, encontrar un malo. Todos buscamos alguno. Igual tenemos razón, o por lo menos cada uno la nuestra, y todos somos malos para alguien.

Los rojos eran, para los fascistas, simplemente eso. Comunistas, socialistas, anarquistas, demócratas o del Bierzo, la diferencia carecía de interés. Todos llenaron las cárceles, fueron ejecutados, o sobrevivieron en la dictadura hundidos en el miedo; Hubo topos hasta finales de los años sesenta. El frío, el hambre, las humillaciones y torturas se las repartieron.

Hoy no es diferente. Obama y Hillary Clinton son lo mismo que Bush y Trump como la república de Weimar y el nacional socialismo eran iguales para algunos. La república de Weimar fue criminal y asesinó a Rosa de Luxemburgo, a Liebknecht y otros. El nacional socialismo organizó el asesinato a escala industrial.

¿Dónde queda la revolución? La tenemos delante. Y es inequivocamente fascista.

Aún así debemos estar contentos. Nos hemos quitado de encima a los Clinton, a los socialistas, a la social democracia. Ahora ya, desaparecidos los causantes de todos los males, viene la revolución social

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