Salvar al soldado Méndez

 

La voz de alarma la dieron hace unos meses los medios más perspicaces: los dos sindicatos mimados por el Poder (incluyendo al llamado cuarto poder) no sólo pierden a chorro la credibilidad entre la clase a la que dicen representar, sino que también sufren un fuerte descenso de representantes y afiliados. La reacción de todo el sistema neoliberal no tardó en ponerse en marcha; los columnistas más centrados publicaron sesudos análisis para demostrar la necesidad del sindicalismo de concertación,  al tiempo que la propia patronal reconocía en sus apariciones públicas el gran papel que UGT y CCOO han jugado en la consolidación de esta democracia que disfrutamos (ellos más que nosotros, claro) y en el exitoso pacto social –reeditado sucesivamente desde los lejanos pactos de la Moncloa al vigente acuerdo para la negociación colectiva- que ha hecho posible la mundialmente envidiada Transición.

Inspirándose en la famosa película de  Steven Spielberg “Salvar al soldado Ryan” y siguiendo con su sagrada misión de formar -más que de informar- a la opinión pública, desde las direcciones de los medios afines al IBEX35 se ordenó el rodaje de “Salvar al soldado Méndez”, una costosa superproducción con la que levantar la menguante parroquia de los aparatos sindicales en que estos dos galardonados protagonistas alcanzaron la cumbre de la interpretación. Si la cartelera no exigiese títulos cortos y pegadizos habría resultado más justo y explícito añadir también “y lavar la imagen del excombatiente Fidalgo”, un agente ejemplar que víctima de una versión dura del síndrome de Estocolmo no sólo acabó identificándose con los ideales del enemigo, sino que se cambió completamente de bando.

A partir del estreno de esta tópica comedia no han faltado columnas ni reportajes, tanto en medios progres como carcas, donde se ensalce el talante conciliador y moderador de sus  amados agentes sociales.

El momento cumbre de esta campaña de socorro a las huestes comandadas ahora por Álvarez y Toxo, se ha vivido con motivo de la celebración del 1º de Mayo; histórica jornada de luchas obreras en todo el mundo. Para abrir boca, el Gobierno del PP (en funciones según el asunto a tratar) concedía a los dos históricos y televisados sindicalistas en la reserva la medalla al Mérito en el Trabajo. Bueno, no sólo a ellos; también recibieron el reconocimiento por su larga vida en el tajo un catedrático y un lote de conocidos y ricos empresarios encabezados por Juan Roig, dueño de Mercadona y magnánimo con sus 61.000 empleados, como todo el mundo ha sido informado.

La segunda parte (ninguna fue buena) tuvo un guion mucho más burdo todavía y se pasó por todas las pantallas de televisión el mismo día en que entraba mayo. A grandes rasgos el argumento venía a decir que en ochenta ciudades españolas se había realizado una “sola y grande” manifestación, convocada -lógicamente- por UGT y CCOO, en la que muchos miles de trabajadores (mejor no decir cuántos, para no reconocer que cada año baja la cifra que mueven) habían salido a la calle para (según los guionistas) pedir que los obreros se dejen de tonterías y llenen las urnas de votos en pro de un “gobierno del cambio”, que es como dejar un final abierto, a la espera de una tercera parte.

Hasta aquí y tratándose de nuestro país, todo parece muy normal, pero lo asombroso del asunto es la actitud de la crítica; sobre todo la considerada de izquierdas, que suele ser un poco más exigente. Ni los medios de derechas se han molestado con que se den medallas a dos responsables de sindicatos de clase e implicados en presuntas corruptelas como los casos ERE o Bankia, ni los situados a la izquierda han dicho algo en contra de que no se haya premiado a trabajadores de verdad, de los que se caen del andamio o doblan la espalda de sol a sol, y se burlen de la clase obrera condecorando a conocidos explotadores.

Respecto al tratamiento mediático de la jornada del 1º de Mayo no cabe ninguna duda de que el silencio con que se han querido ignorar otras tantas manifestaciones alternativas (curiosamente y peligrosamente con mayor participación cada año) del sindicalismo combativo, en las que se reclamó el fin de las reformas y recortes, salarios y pensiones dignas, el cierre de los CIE y el derecho de asilo para los refugiados, etc. es una línea editorial que viene muy de arriba, pero que si se está por la libertad de prensa real hay que saltarse en ocasiones tan claras de censura.

Afortunadamente hoy el monopolio informativo se ve impotente para controlar la verdad, que aparece inoportuna y desafiante por las muchas grietas y ventanas que abren la prensa, las radios y televisiones libres, así como las redes sociales. Por eso cada vez más gente se informa en estas fuentes, mientras los medios del sistema pierden seguidores y credibilidad.

Y es que, sin lucha, sin compromiso, sin desobediencia, sin organización… no será posible conquistar una sociedad verdaderamente libre y justa.

Antonio Pérez Collado

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