El regreso de Aldo Moro

Desde la franja de Mieres. Abel Ortiz

Si hoy es martes, esto debe ser Bélgica. O la estación de Bolonia. Hay mucha gente, tanta como en la Oktoberfest. Los ciudadanos, idólatras o no, reciben imágenes amenazantes como pájaros simbólicos en las cinco pantallas. No son mudas. Las palabras ponen límites, las músicas condicionan; los sonidos tapan el ruido.

Imágenes y sonidos, desde la antorcha y la pintada, al cine o el cartel publicitario, licúan el miedo con la gaseosa del deseo para llegar al consumidor de la modernidad capitalista hoy, aquí.

El snuff del pornoterror sale de la misma factoría de quienes diseñaron unas masas como sustancia ametrallable.

El momento festivo, la interrupción de la producción, es para Bolivar Echevarría una mímesis de la revolución. Cuando se deconstruye una identidad para volverse a construir cultivando las formas de cantar, contar, dibujar, bailar, comer, soñar, disfrutar. Cultivar criticamente las formas identitarias; Cultura.

Interrumpida la cotidianeidad, configurada por la forma de producción, nos recordamos que somos seres libres en la fiesta.

Ametrallar masas, ametrallar fiestas, bodas en Kabul o fiestas de la cerveza en Munich, es liquidar identidades; formas diferentes de reproducción social no globalizables.

Palermo, en una de las que fueron dos Sicilias borbónicas, conoce los secretos, la fetichización de la mercancia, el plusvalor de la escopeta, la hegemonía del silencio. La cosa nostra. Lo nuestro. Nuestras formas, nuestra cultura, seamos quienes seamos nosotros.

Que yo no he sido. Ha sido Periquito. El zapato de Kruschev convertido en un corte epistemológico antes de la publicidad. Mímesis de la revolución en segundo grado; el arte. El entusiamo de las vanguardias artisticas, la revolución de los soviets, libres para trabajar con las formas, aplastado por bombas de papel moneda, realidades ametralladas; universos de devastación.

Aldo Moro, Arafat, Olof Palme. Niños de Palestina o Noruega. Refugiados sirios o españoles. Jóvenes de Irak o de París. Stay behind.

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