Los contextos de la desobediencia

Abel Ortiz. Pensament en lluita.

enlluita

Aunque el plural sea más lógico, y más preciso, al referirse a significantes tan interpretables como contexto y desobediencia, por el azaroso fenómeno de la asociación automática podemos llegar al singular.

Igual que otros al escuchar la palabra cultura sacan la pistola, la sola mención de la palabra contexto me lleva a una grandísima novela corta titulada exactamente así: El contexto.

Leonardo Sciascia eligió un país innominado para colocar sus reflexiones sobre el mundo contemporáneo, repartir un reguero premonitorio de jueces muertos y remachar una de sus ideas fuerza; Sicilia es el mundo, el mundo es Sicilia. Ese es el contexto.

Sciascia, siciliano, cuando habla de Sicilia, el mundo, sabe lo que dice. Pocos sistemas de señales del poder, o del contrapoder, se expresan más crudamente, más escuetos, que los códigos mafiosos. Los secretos del poder, o de los dioses mayores y menores, codificados, transmiten un saber. Una información con valor en el mercado. Un saber que el escriba, sentado en la mesa del amo, puede, si quiere, a la manera de Prometeo, robar. El que entiende algo puede explicarlo, transmitir ese saber para que llegue a los otros, los demás, o puede utilizarlo. Entramos en el contexto de la desobediencia.

Desobedecer sale caro. La estructura de poder, de cualquier poder, más o menos sofisticado, se asienta en la obediencia; de grado o por la fuerza. El desobediente se convierte en enemigo. Si hay enemigo hay guerra.

La guerra es el contexto en Palermo, con vuelo diario a Nueva York, o en Gaza, aislada del mundo. Los vencedores imponen la ley. Los derrotados obedecen. En Sicilia y en Singapur, en la antigua Roma y en la Ucrania actual. La pistola de la Gestapo, los aviones de la OTAN o los militares africanistas, como fuente de poder. Con el arma todavía caliente se justifica el crimen. Ahí suele aparecer dios, o la historia, o las grandes y pequeñas construcciones mentales para señalar a las víctimas como culpables; se lo merecían.

Pero…..¿Quién es el asesino? Coge el hilo de Sciascia su gran amigo Manuel Vázquez Montalbán: “El asesino es la historia, la guerra sucia. El pasado. El pasado es el lugar donde están las causas, es decir, los culpables. Por eso los culpables insisten tanto en la inutilidad del pasado. Quieren un mundo sin culpables y cuando resulta imposible, cuando el pasado resucita la culpa, los culpables vuelven a matar, vuelven a ser lo que siempre fueron. Asesinos.”

El contexto del poder es el asesinato, la escopeta siciliana, la bebida envenenada de los papas, el cuchillo de degollar infieles, los drones.

El contexto de la desobediencia es la huida, la resistencia, el castigo, la derrota. La desobediencia puede pagarse con una regañina menor o con aceite hirviendo en la cara. El contexto, los contextos.

En Sicilia, en el mundo, falsifican el pasado, entierran las pistas que explican lo que ocurrió, las que señalan a los vencedores como criminales, escriben, literalmente, la historia. En “El archivo de Egipto” otra vez Sciascia, nos cuenta como el poder realmente existente cocina el pasado justificatorio a su voluntad, encuentra oportunos textos antiguos que certifican una propiedad en disputa, falsifica legajos, inventa documentos, acomoda los acontecimientos a sus intereses, al relato. Cuentos.

Cuando los estadounidenses desembarcaron en Sicilia, la segunda guerra mundial, buscaron un interlocutor. No quisieron hablar con los partisanos de influencia comunista. No se fiaron de la iglesia de Roma, en dudosa posición respecto al nazismo. No consideraron viable buscar en la Italia fascista demócratas homologados. Llamaron, claro, a Don Vito.

Don Vito, como el vino que vende Asunción, no es blanco, ni tinto, ni tiene color. Don Vito puede, sin pestañear, y lo que es más asombroso sin que pestañee nadie, cambiar la bandera fascista de la Italia mussoliniana por la de las barras y estrellas en el balcón de su casa y en el del ayuntamiento. Ya puede salir a recibir a los “libertadores”. Todo el pueblo sabe lo que tiene que hacer. Don Vito; viva quien vence. Ese es el contexto.

¿Y nosotros? Como espectadores de Tele Sicilia, como peatones de la historia, humillados u ofendidos, con las toneladas de sangre, sudor y lágrimas que nos prometió Churchill a nuestras espaldas, podemos, debemos, festejar nuestra supervivencia. Romper la lógica capitalista del mafioso y la lógica mafiosa del capitalista. Construir un barco con los restos del naufragio y abandonar la isla, Sicilia, el mundo de Don Vito, el contexto de los vencedores. No caer en la tentación Robinsoniana de acomodarnos en la isla, considerarnos autosuficientes, instalarnos en la complacencia. Al mar. A navegar por los contextos y las desobediencias. Al abordaje con la memoria por bandera.

Un verso de Cernuda sobre la guerra civil, un verso para todas las memorias, las desobediencias y los contextos, nos señala imperativo;
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

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