Rototom Sunsplash 2014 y los procesos constituyentes: No es una Revolución, es una Revelación

por Carlos Monty

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Esperar que el mundo de la música traiga verdadera transformación social por sí mismo, es una utopía superada generalmente desde los años 60 y especialmente rechazada por los colectivos sociales de mayor implicación en la lucha revolucionaria. Si en pleno 2014 además ha de esperarse de una organización italiana como la del Festival de Benicassim, el ya popular Rototom (en su 5ª edición en España), dedicado mayoritariamente a la música jamaicana, la utopía roza prácticamente el absurdo, por más que la música “reggae” (que no “riggui”) conserve aún el marchamo de música rebelde desde los tiempos de Bob Marley.

Por más que los organizadores promuevan el compromiso social y ecológicamente sostenible (“Foro Social”, “Reggae University”), la reivindicación africanista (“African Village”) o los talleres alternativos (“Vivir la Energía”), y mantengan un discurso oficial integrador y altermundista, su abuso del voluntarismo, el maltrato continuado a la escena local tanto de músicos como pequeños hosteleros, el uso de reclamos puramente comerciales en el cartel, solo a efectos de hacer taquilla (este año Lauryn Hill y Sean Paul –el mismo que colabora con Enrique Iglesias en el truño del verano “Bailando”-) y contradicciones tan flagrantes como boicotear la venta de Coca-Cola mientras permiten el acondicionamiento publicitario de toda la zona Vip y Prensa por la elitista Red Bull, arroja una sombra de hipocresía difícilmente compatible con los postulados que oficialmente se predican por los participantes en su festival. Todo el mundo lo sabe, y todo el mundo lo calla en público.

Sin embargo, el efecto llamada de esta presentación tan aparentemente “alternativa”, revela la ingenuidad de muchas organizaciones y figuras destacadas de la política y la acción social como Juan Carlos Monedero (Podemos), quien nada más aparecer en el “Foro Social” de este año, empezó diciendo que este “Punto de Encuentro” sólo era posible en un Festival como el “Rototom”, a diferencia del resto de Festivales, refiriéndose a “otro mundo es posible” y que incluso un día el reggae llegaría a ser “feminista” (¡?). La grandilocuencia es patrimonio de los políticos, aunque no sólo. La presencia de 75 nacionalidades distintas en el Festival y la afluencia más numerosa que nunca de todo tipo de ONG’s y organizaciones acreditadas (incluso un equipo de abogados especialistas en inmigración), confirma que este Festival se está convirtiendo más allá de la música en un imán para toda clase de organizaciones, generando un especie de crisol que en determinados actos y por momentos recordaba ciertas asambleas del 15-M, pero sin un criterio coherente.

Pero lo más curioso es que hasta la fecha, la actividad “política” había corrido completamente al margen de las actividades meramente culturales-musicales de componente jamaicano. Este año NO. No por una convergencia interesada o programada. Sino porque parece ser el signo de los tiempos en todas partes del mundo. Desde Kingston a Barcelona pasando por Nairobi o Montevideo, todos parecemos preguntarnos lo mismo en todas partes: ¿Qué hacer para acabar con este Capitalismo Caníbal insoportable por más tiempo?.

Política y Rastafari. Dos conceptos que históricamente casan mal, porque tradicionalmente “Rastafari Nah Vote” (“el rasta no vota”, lo que lo emparenta con los postulados libertarios frente a la política oficial de partidos, al margen de la inspiración religiosa, más una referencia de identidad cultural que un verdadero adoctrinamiento bíblico en la actualidad). Pero en todo caso una mezcla insólita y emocionante. Omnipresente entre distintos stands, una iniciativa muy militante de la organización local ACR (Asociación Cultural del Reggae): “Reggae is a Mission (not a Competition)” dando sentido de transformación política y social a lo que hasta ahora sólo era una actividad lúdica o cultural.

Y es que mientras en el “Foro Social” se daban cita destacados representantes del proceso de cambio del momento en una Mesa Redonda bajo el reclamo de “Procesos Constituyentes. Acción Política y Ciudadanía”, donde en otros momentos del Festival de este año pasaron conferencias tan interesantes como “El Tercer Sector, un Canal de Participación Social y de Crecimiento Personal”, “Otra Justicia, Otras Prisiones” (con el sacerdote militante Javier Baeza) o “Trabajadores sin Derechos” (con la presencia de Diego Cañamero); en la carpa del al lado, la presencia continuada durante todo el festival de nuevos valores en alza entre los jóvenes talentos musicales jamaicanos, en lo que se ha venido en llamar el movimiento del “Reggae Revival”, aseguraba en la “Reggae University”, un continuo debate desde Jamaica entre las trampas del marketing internacional y la necesidad de impulsar un verdadero proceso de emancipación mental más allá de los hábitos consumistas de la juventud pobre y con reivindicación panafricanista y rastafari, algo que suena totalmente revolucionario en estos días en un Caribe absolutamente mercantilizado por el dólar, donde figuras como Bob Marley o Marcus Garvey parecen haber quedado reducidos a merchandising, como en su día ya ocurrió con el Ché Guevara.

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Jamaica, igual que ocurre con España, es un permanente laboratorio político, económico y social desde los años 70, cuyos hilos son manejados al margen de la población local. Jamaica como España ha tenido gobiernos revolucionarios, duramente reprimidos después por la involución. Jamaica, como España, ha sido intervenida y los servicios públicos durísimamente agredidos por el FMI. Así que el paralelismo observado este año en el Festival en las dos órbitas de debate no resulta tan extraño.

Con un éxito de público que sobrepasó toda expectativa, la conferencia sobre Procesos Constituyentes mostró que, con los debidos reclamos, todos estos jóvenes que solo parecen beber cerveza, fumar porros y vivir la vida sin compromiso, están más que interesados en el momento político actual. Como ocurrió con el 15-M, hasta aquellos que desconfían genéticamente de los partidos y organizaciones políticas se acercaron en algún momento para enterarse de que se cuece desde “la izquierda”. Para júbilo de todos los no-catalanistas (y para los catalanistas de buena fe también) un respetuoso con la identidad española, David Fernández (CUP), nacido en Zamora, recordó en la lengua de Machado y Lorca (como dijo él mismo) que su interesante formación pide la independencia de Cataluña, pero no solo del Estado Español, sino también de los mercados financieros, y de su propia oligarquía catalana, tan responsable de los males de España y Cataluña como los nacionalistas españoles. De una honestidad poco escuchada en el debate independentista.

Muy preocupado por el hachazo al municipalismo que pretende la reforma del PP de la Ley Electoral, salió también al paso del exagerado triunfalismo de Monedero por Podemos, quien atribuyó sin sonrojo a su éxito electoral la dimisión del Rey y de Rubalcaba, o los problemas internos de Rosa Díaz en UPyD. “Pues vaya éxitos revolucionarios”, le contestó con cierto hartazgo Fernández, ante la exagerada aclamación populista al líder de Podemos. Sin inmutarse, un crecido Monedero, continuó con su proclama de sus famosas fases del proceso de Cambio, de las que según él aún estamos en la primera (“Destituyente”) y terminó metiéndose en un jardín cuando trató de explicar su idea de incorporar al proceso al Ejército y a la Policía, al ser inquirido desde el público sobre cómo puede ejecutarse tal pretensión con el adoctrinamiento contra el pueblo que reciben permanentemente las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Para alguien que reclama con tanta vehemencia la recuperación de las palabras, secuestradas por el neoliberalismo, no dejó de resultar chocante que cada vez que Monedero se refería al entorno pronunciara “riggui” en lugar de “régue” (reggae), cuando ese término “riggui” es una mercantilización paleta de esa música rebelde impuesta por el libro de estilo de El País, que hace un flaco favor a una escena que tanto le llama la atención, empezando por su principal Festival.

Con la presencia más testimonial y entrañable que otra cosa de Arcadi Oliveres, quien recordó que casi todos los símbolos de la identidad catalana (empezando por la Sardana) son nacidos o inspirados en otros lugares del mundo, Héctor Illueca insistió en que la clave para que la casta mantenga su poder o lo pierda es “el paso del tiempo”, urgiendo de esta forma a dar los siguientes pasos en el proceso de cambio iniciado. Una forma sutil de incitar al voto.

¿Dónde estaban representados los postulados abstencionistas en este proceso de cambio?: No estaban. Tal vez, sus voces no tienen el protagonismo mediático de otros, y por tanto, los organizadores no contemplan su capacidad de convocatoria como suficiente, porque me temo que de eso se trata en realidad en estos eventos, para medir su éxito: de números y trascendencia mediática que se proyecte en mayor taquilla, aunque también se programen debates y protagonistas más minoritarios, que contribuyen a rellenar programación. En nuestra serpiente multicolor de Festivales de Verano, por más que se vistan de contracultura, los axiomas son siempre los mismos: más es mejor, incluyendo más público, más oferta, más televisiones, más prensa, y por supuesto, más alcohol. Y el público, tanto especializado como generalista, parece adorar la fórmula, a juzgar por las casi 250.000 personas que este año visitaron el evento.

Lejos del ruido local, o tal vez no tanto, los jóvenes concienciados de Jamaica, sobre los que tanto la prensa como el público internacional han levantado grandes expectativas de redención cultural y artística, iban desfilando por conferencias y stands hasta el escenario principal. En España, como en Jamaica, la escena musical del reggae no se teledirige desde despachos de empresas multinacionales, no hay grandes sellos discográficos detrás. Es la propia iniciativa privada de productores y artistas la que alimenta el mercado, a veces por mero amor a la música, y otras (sobre todo en Jamaica) por amor al dólar.

Salvo contadas excepciones, el interés de los grandes patrones del negocio discográfico ha decaído progresivamente desde la muerte de Bob Marley por esta música, actualmente trufada de excentricidades e histrionismos, cuando no ininteligible para el gran público o cargada de mensajes agresivos y políticamente incorrectos, difícilmente gobernables, que la hacen poco interesante como negocio para los grandes mercaderes mundiales del negocio.

Sin embargo desde los años 70 la pequeña Isla de Jamaica y sobre todo las expresiones culturales y musicales que salen de sus guetos marcan tendencia en todo el mundo: en la música (desde el tecno y el dance europeo a través del dub, o el hip-hop americano a través del dancehall, hasta la India con el banghramuffin), pero sobre todo en la danza y en la moda (fueron los guetos jamaicanos los que acabaron con la moda USA de los pantalones anchos y caídos, imponiendo los pantalones estrechos o pitillo actuales, por poner un ejemplo). De ahí que publicistas, analistas de mercado y caníbales culturales occidentales en general, no quiten el ojo de lo que pasa en los patios traseros (“yards”) de Kingston.

Dolarizada, deprimida y abandonada a su suerte turística, como todo el Caribe, Jamaica cuenta sin embargo con un acervo cultural único e irreductible: la evocación rastafari. Aunque en la actualidad, y a diferencia de épocas pasadas, las organizaciones (órdenes) rastafaris tienen una presencia en la vida pública, más testimonial que otra cosa, su simbología y enseñanzas de resistencia civil permanecen en la sabiduría popular.

Tal vez por eso (y por muchas otras razones, como la saturación del efectismo y mercantilismo sin medida de su música), en la era de internet y las redes sociales, desde 2012 se observa una llamada de vuelta a las raíces rastafaris en buena parte de los jóvenes talentos que van surgiendo, en lo que se conoce internacionalmente como Reggae Revival.

Pero como predicar a través de la música esa clase de mensajes aparentemente anticuados, con la digitalización que todo lo homogeiniza hoy día, resulta como poco sospechoso de no ser más que un camelo en forma de marketing, esos jóvenes se ven obligados a explicarse: “Sí, en parte es marketing, pero lo que vende es algo hoy día revolucionario: Jah Over Evil” (el bien sobre el mal, la eterna batalla del ser humano).

“No es el dinero, ni los intereses, ni la fama, lo que mueve la música reggae. Es hit-making, el hacer éxitos. Es el negocio. Es sobrevivir a la pobreza”, explican. Entonces, lo único que estos jóvenes concienciados le piden al resto de jóvenes músicos es calidad, porque si lo hacen con calidad, están honrando su propia historia de Rebel Music, están afianzando su propia dignidad. Argumento incontestable rematado por el más luminoso de todos estos nuevos talentos, Chronixx, al recordar que “Rasta Nah Vote”, para explicar porque no se implican con las organizaciones rastafaris tradicionales para pasar de las palabras a los hechos de forma colectiva, mientras reclama el empoderamiento de los ciudadanos al margen de los políticos a los que reforzamos con nuestros votos cada vez que hay elecciones.

Por momentos parecíamos estar en una asamblea multitudinaria del 15 M en vez de en un taller de música jamaicana, sino fuera porque otro de estos jóvenes se encargó de recordar el componente de inspiración rastafari de esta pretendida emancipación mental colectiva actual a través de su música. Mensajes sobre la repatriación, el retorno a Africa de Marcus Garvey y la necesidad de unidad de los oprimidos que sonarían ingenuos en la boca de meros músicos, sino fuera por la determinación con que la defienden artistas de esta generación (todos menos de 25 años) como la cantante Jah-9, cuando se conoce que, efectivamente, su pasado de gloriosa música revolucionaria hubo una época en que ponía y quitaba gobiernos en su Isla.

Como ocurrió en España con el 15-M, esperar que estos jóvenes de los guetos tengan la receta mágica para pasar de las ideas y las palabras a los hechos concretos que transformen definitivamente la corrupta realidad social, sería un abuso y pedir más de lo que unos simples músicos pueden dar, pero al menos han contribuido a que este año en todo el Festival “alternativo” del Rototom, se hablara seriamente de cambio y de propuestas para llevarlo a cabo de manera global, y no sólo de tal o cual concierto o tal o cual artista. Es el signo de los tiempos. Ahora está por verse nuestra capacidad e inteligencia colectiva para instrumentar toda esa energía en acciones concretas, más allá de aventureros y visionarios. Las mentes ya están conectadas de un lado a otro del globo. Lo acabamos de comprobar contra pronóstico en el Rototom de este año .

Primera foto: De izda. a dcha. en el Foro Social Rototom 2014: Arcadi Oliveres (Procés Constituient), Héctor Illueca (Frente Cívico Somos Mayoría), Juan Carlos Monedero (Podemos), David Fernández (Diputat CUP)
Segunda foto: De izda. a dcha. en la Reggae University – Rototom Sunsplash 2014: Chronixx, Micah Shemaiah, Infinite y Exile Di Brave (jovenes músicos jamaicanos del movimiento “Reggae Revival”)

2 comentarios sobre “Rototom Sunsplash 2014 y los procesos constituyentes: No es una Revolución, es una Revelación

  • el 28 agosto 2014 a las 17:11
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    No, efectivamente, “el mundo de la música no va a traer por si mismo una verdadera transformación social”.

    Una verdadera transformación social no la va a traer, por sí mismo, ni el mundo de la música, ni el mundo de Espinete, ni el mundo de los falsos “representantes” políticos, sindicales, etc., etc., etc., ni el mundo de Macario o de Naranajito.

    Ningún mundo va a traer por sí mismo ninguna verdadera transformación social.

    SALUD.

  • el 16 agosto 2016 a las 0:46
    Permalink

    Esta simpático el festival capitalista éste de reague.

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