Joder, Yuri…… ¿elefante?

Abel Ortiz

Cuando a uno le piden credenciales tiende a sentirse como frente a un guardia o un tribunal; culpable. No se estudia en ninguna universidad pero en la calle se tiene por saber comprobable que quien escupe al cielo en la cara le cae. Llama un oyente a la radio para citar a Marañón y la conocida frase sobre el silencio que habría en España si cada uno hablara de lo que sabe. Oportuno consejo. Sobre todo teniendo en cuenta que Marañón nunca dijo tal cosa. La cita es de Azaña. Silencio atronador. Hablar tiene estas cosas, que uno se equivoca y no falta un alma caritativa para señalar el error.

Es de buena educación pedir permiso para hablar y de mala mandar callar, aunque sea uno Borbón. Yuri, otro oyente, se refiere, señalando con el dedo a la insolvencia en la opinión de quien suscribe y propone los expertos en general, y los del instituto Elcano en particular, para que los oyentes no pierdan el tiempo. Enternecedora preocupación por esos a los que nosotros, en nuestra zafiedad de desinformados, maltratamos con nuestros desatinos.

Fabulamos porque no somos expertos. Hablamos al tun tun, si sale con barba San Antón y si no, la purísima concepción. Dale alegría a tu cuerpo Macarena.

Las cosas no son así, amigo Yuri. Uno opina, como todo el mundo. Pero si además tiene que hablar a una audiencia conviene fundar la opinión en algo sólido. Te explico o, como dicen ahora los comerciales cinco minutos antes de apuñalarte, te comento. A partir de una edad uno es responsable de su cara y de lo que dice. Exponerse a una audiencia de decenas de miles de personas que pueden corregirte, contradecirte, insultarte o alabarte, es un juego complicado.

Pedir currículo es muy socorrido. Se elimina bastante gente. Las opciones se reducen. Para hablar de Ucrania necesitamos un experto. Lo normal, quien no tiene en su círculo de amistades, además de electricistas o auxiliares sanitarios, a politólogos especializados en repúblicas ex soviéticas.

Casualmente Carlos Taibo, colaborador ocasional de la radio, da el perfil. No solamente es uno de los mayores expertos en la antigua Unión Soviética sino que además ha publicado varios libros sobre el tema que algunos, pardillos sin duda, nos hemos tomado la molestia, el placer, de leer.

Leyendo se entera uno de muchas cosas, amigo Yuri. Y si se quiere, o pretende, entender algo de Rusia, o de Ucrania, mucho antes de acudir al Instituto Elcano, se debería empezar por, es un decir, Chejov o, ya que hablamos de una radio libertaria, Tolstoi. El instituto Elcano, que no está entre mis referencias, de hecho consideraría más fiable la escopeta de una feria, es lo más parecido a eso que durante el franquismo llamaban Instituto de estudios políticos, otro grupo de expertos que elaboraba una revista para la élite del régimen. En los dos tienen un Lamo de Espinosa. Sabían mucho. Fraga fue el director. Por ahí rondan, en librerías de viejo, aquellos trabajos supuestamente eruditos que servían como autoridad absoluta. Una birria autojustificatoria.

Amigo Yuri, cada uno tiene sus referencias, la tuya es el instituto Elcano. Estás en tu derecho, faltaría más. La mía no. Prefiero consultar otras fuentes, te señalaré algunas. Displicente dices que no se puede hablar por haber leído un artículo de Frederick Forsyth en El País. Deduzco que al ser el País un periódico masivo y Forsyth un autor de best sellers Yuri considera la cita vulgar, de mala calidad, insuficiente. Es una opinión. Sin embargo insisto en que era un artículo en el que quedaba absolutamente clara la actitud oficial de occidente sobre todo por la utilización que han hecho los servicios secretos israelíes y británicos de los textos de Forsyth, en los cuales se cuelan mensajes de contrainteligencia, como explica Simón Wiesenthal y seguro que Yuri sabía.

El perseguidor de criminales nazis convenció al escritor para que en su novela Odessa, incluyera un pasaje real, ligeramente intoxicado, sobre la ruta de las ratas, el camino que, pasando por el Vaticano, seguían los alemanes huidos para escapar de Europa. Era una trampa dedicada a un posible lector. Funcionó. Dicho de otra manera, el mensaje de Forsyth es, para mí, y probablemente también para el Elcano, el mensaje oficial masivo, el relato del poder occidental.

Pero, amigo Yuri, quería yo hablarle de Dostoievski. O, del tirón, de Bakunín o Kropotkín, de Archinoff o Néstor Macno. Rusos y ucranianos. Libertarios, que, entre otras cosas, aplicaron en la Ucrania de los años veinte las teorías de Ferrer i guardia; la escuela libre. Probablemente uno de los escasísimos casos de contacto entre nuestro país y Ucrania, a lo largo de la historia, y que pocos expertos han mencionado.

La idea extendida sobre los expertos tiene una base real. Las personas suelen ir al mecánico cuando falla el coche, dejar a sus hijos en manos de pedagogos profesionales, acudir al dentista si tienen dolor de muelas. La conclusión no puede ser que los maestros no puedan opinar sobre los empastes que llevan, ni que los dentistas no puedan manifestar su desacuerdo con el hecho de que, después de haber pagado la factura, el ruidillo sigue ahí. Es más, el ser dentista no es óbice para pasar las noches leyendo a Maiakovski con Rachmaninoff de fondo o ser suscriptor de Popular Mecánics.

En los primeros noventa, por razones bastante disparatadas que no vienen al caso ni tienen tinte político, tuve la suerte de pasar unas semanas alojado en la universidad de Moscú. De atravesar Bielorrusia. De pasear por Brest, Terespol o Varsovia. De ahí vino mi interés por las cosas de Rusia y del este en general. De ahí vinieron Bulgakov y Nabokov, la caballería roja y los cuentos de Odessa, de Isaak Babel, los libros de los rusos sobre la guerra civil, abundantes, incluso los textos olorientos de los kremlinólogos. Y por ahí.

Experto no, ni mucho menos. Pero no está bien negar el derecho a tener una opinión y expresarla en público. Hay muchas maneras de perder el tiempo. Una es escribiendo…….Joder Yuri….. ¿qué elefante?

Un comentario sobre “Joder, Yuri…… ¿elefante?

  • el 16 marzo 2014 a las 22:51
    Permalink

    Muchos hablan o hablamos algunas veces o muchas veces sin saber del tema. Es lo que yo llamo el INSTINTO DE CONVERSACIÓN; conversar por conversar, antes muerto que dejar de emitir gratuitas opiniones, consejos, etc.

    Muchos opinan y quieren sentar cátedra sobre los catalanes, los vascos, los ucranianos, los andaluces, etc. y apenas han salido de su barrio o de su pueblo. La cosa da bastante grima.

    En fin, contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano, decían los antiguos griegos.

    En cada uno está el mandar a la mierda a estos sujetos molestos, etc.

    SALUD.

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