Joder, Mike….veo sombras chinescas

Abel Ortiz

Las posiciones están cerradas. Cada cual a su tronera, quien la tenga. Los argumentos ya no se escuchan, guerra de trincheras. La opinión pública, campo de batalla mundial, creadora de poder, se fabrica y se manifiesta en el discurso apabullante. Todas las cabeceras informativas de occidente, a la búlgara, unánimemente, coinciden, en capitales y en provincias, por radio, televisión y prensa escrita.

Desde el nacimiento del cine hasta la actual civilización de las cinco pantallas se han producido imágenes sin parar. Cada vez más, cada vez técnicamente mejores. Nuestra realidad, más allá de los pocos kilómetros cuadrados que podemos abarcar físicamente, viene a través de las pantallas. No somos testigos, somos espectadores.

El anticomunismo es un pegamento que ha demostrado su eficacia a la hora de mantener gobiernos. Fue primordial, sustancial, decisivo, para que Franco muriera en la cama; su seguro de vida. Los guerrilleros del monte en los cuarenta, los exiliados que derrotaron a Hitler, lo saben bien. Como lo ha sido y lo es para la supervivencia de la monarquía marroquí. El anticomunismo es, solamente, la razón de ser de la OTAN. Viejos fantasmas neblinosos y solanescos en el check- point Charlie.

Anticomunismo sin comunistas, un delirio. Expertos equiparan rusos a comunistas. Hay que ser brutos, si los rusos fueran comunistas no habría caído el régimen hace veinticinco años. Enhebrando llegamos a Stalin que no era ruso, pero tiene mucho tirón simbólico. Tanto como Hitler.

Las cámaras en la plaza Maidán convierten a las personas en figurantes. Las personas lo siguen siendo, no pierden sus facultades, sienten y padecen, mantienen las constantes vitales y la lucidez. Pero cuando se enciende el piloto rojo los actores con frase salen al escenario, aparecen los secundarios, los característicos, los especialistas, los protagonistas elegidos por el productor. Se activa el protocolo de propaganda. Máxima potencia. Abucharar al discrepante. Aislar al disidente. Minimizar las críticas. Cargar el bombo y arremeter con los platillos.

El relato, según el Washington Post o Las Provincias, la SER o la Razón, Le Monde o The Guardian, Clarín o El Espectador, es unidireccional, como es lógico.
La gente protestaba en la plaza. La policía reprimía. Hubo asesinatos, cayó el gobierno. La plaza eligió ministros a mano alzada y Putín invadió Crimea.
Impecable, con gancho, ágil y dinámico. La iconografía hace el resto. De fondo, un gran retrato de Stalin. Tanques invadiendo Praga. Las hambrunas de los años veinte. Los sótanos de la NKVD. Las torturas de Beria, el gulag, los trabajos forzados, las deportaciones. Un flash back en toda regla.

Moraleja, como Putin es comunista porque era del KGB, el gobierno de Kiev, reconocido por Occidente, siempre atento para ayudar a los pueblos que luchan contra las tiranías, decide pedir el rescate al FMI. Con lo que las elecciones que puedan celebrarse y que ha prometido el gobierno aplaudido por Soros, ese Jesús Gil con idiomas, y han celebrado en el tea-party como si fueran del mismísimo Kiev, estarán marcadas de antemano al aceptar un camino económico preestablecido que implica una deriva social inevitable, avalada y firmada con sangre; adaptarse a la blanquitud capitalista.

En esa escalera rizomática de género, raza, posición económica y situación física, un varón ucraniano joven, caucásico como dicen en los hospitales, por ejemplo, puede encontrar un lugar al sol. Puede encontrar mujeres u hombres más morenos, o más pobres, a los que transmitir el testigo de la explotación para que estos a su vez continúen la escalera hacia la miseria máxima.

Putin, el de Chechenia. Putin el de Beslán. Putin el del polonio. Putin el criminal. Ya tenemos supervillano. Que llamen a Supermán. Y de paso como Crimea es Ucrania, según la legalidad derrocada, y estáis, de entrada si, endeudados hasta las cejas aprovechamos para volver a 1885 cuando los rusos fueron a la guerra por la península contra franceses, ingleses y turcos.

La población actual de Crimea no tiene opinión. Es población maqueta, descendientes de Stalin, producto de la ingeniería social. De manera que sus aspiraciones o sus escepticismos no valen. Son no-personas. Es mejor no preguntarles. Es mejor no preguntar más allá de la plaza. En la plaza todo cuadra. Francotiradores que se dejan fotografiar. Ninjas con mira telescópica. Angels Barceló. Sopa. No hacía falta, la vida era absolutamente normal en Kiev, fuera de la plaza, fuera de las cámaras, a cinco minutos de las barricadas. La suerte de un país de cuarenta y cinco millones de personas se decidió en Maidán, en prime time. Una revolución televisada no es una revolución, es una teleserie.

Las revoluciones de fuego y barricada, las de la verdad historiográfica, las que abolen la propiedad privada, dan tierra o reconocen derechos, no van a repetirse en sagas, secuelas y remakes. Aprenden, mutan, para ser más eficaces, para defenderse mejor de la reacción.

Seguir las rutas de las plazas levantadas contra el régimen, qué régimen no importa, es digno de una sala de mapas. Los mapas de los militares que hablan de invasión. Extraña invasión. Sin protestas, sin pegar un tiro, sin humo ni fuego, sin refugiados que huyen perseguidos, sin huelgas ni detenciones en masa, sin apagón informativo, con los periodistas sin un tanque que fotografiar. Extraña invasión sin víctimas. Ni antes ni después de los sucesos de Kiev.

Todo producto de la paranoia conspirativa, claro. Hay que ser muy mal pensado, o un estalinista pertinaz, o peor, un socialdemócrata, para ver alguna relación entre la gente en la calle en Ucrania con la gente en la calle en Venezuela. Que tendrá que ver.

En Maydán no estaba la izquierda. O estaba pero les engañaron. O pactó. O era prorrusa. O se fueron con los tiros. O, simplemente, como millones de personas en todo el mundo, salieron a protestar con sus vecinos contra el gobierno. Alguien encendió el pilotito rojo. En la siguiente escena los soldados rusos de Crimea son fuerzas ocupantes y la izquierda protestona aliada del imperialismo ruso. La magia del cine. Joder, Mike…..¿nos lo jugamos a los chinos?

Un comentario sobre “Joder, Mike….veo sombras chinescas

  • el 8 marzo 2014 a las 16:27
    Permalink

    En toda guerra o conflicto la primera víctima es la verdad.

    Listos vamos si esperamos que los medios de aborregamiento de masas de vigente sistema capitalista-terrorista-usurpador-genocida nos vengan a contar verdades, etc.

    EN FIN.

    SALUD.

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