Feminazis, gafapastas, perroflautas y fariseos

Abel Ortiz

Los prestidigitadores del lenguaje, los dueños de las palabras, del código y del emisor, conocen bien las trampas más básicas para envenenar conceptos convencionales y ponerlos a producir beneficio. Evidencia empírica: Cuando se repite un significante junto a otro por sistema los significados se contaminan.

El inapelable efecto funcional del desplazamiento semántico es fácil de comprobar en los ejemplos sencillos que explicaba Sánchez Ferlosio señalando estereotipos que, afirma el escritor, ocultan concepciones ideológicas fosilizadas. Merecido descanso, sana alegría, honesto esparcimiento, expresiones machaconas y muy habituales no hace tanto, inmediatamente sugieren, y no hay nada arbitrario en ello, que hay descanso inmerecido, alegría insana o esparcimiento deshonesto. En esas muletillas aparentemente inocentes encuentra Ferlosio “Todo un programa pedagógico de los patronos para sus obreros”.

Muchas expresiones actuales también ocultan concepciones ideológicas al servicio de los patronos. Feminazis es un ejemplo palmario de palabra marcada, de insulto a la inteligencia. El objetivo está claro, el feminismo. El arma no es casual, el nazismo. La relación forzada entre los dos significados pretende estigmatizar a las mujeres reivindicativas, aislarlas, establecer a su alrededor un cordón sanitario que impida su expansión. No es sólo un insulto, hace una labor; Minar el lenguaje con el que piensa una sociedad.
La cultura, eso que sabemos entre todos, la herramienta que habría de servirnos para defendernos de semejante agresión, es también un objetivo. Un enemigo desarmado es mucho más fácil de someter.
Es viejo el pleito entre la cultura y las pistolas. Por eso hay que desacreditarla, neutralizarla, volverla risible e inoperante.

La música, la literatura, las artes plásticas, el baile, el teatro o el cine son algunos de los mejores medios que ha encontrado la humanidad para transmitir conocimiento. Atacar a la cultura no es más que otra variante de autolesión. Para ridiculizarla y, otra vez, estigmatizar, se inventan palabras; gafapasta. El significado es chicloso y de amplio espectro según quien utilice el neologismo, encharcando a todo aquel que haya visto tres películas más que su interlocutor. Aquel que conozca los padrinos y sepa quién era Marlon Brando es un gafapasta contumaz desde la perspectiva de un fan de Chuck Norris. El miedo invisible a no formar parte del grupo, a ser excluido, a ser señalado, funciona, va carcomiendo. Para que uno se piense muy mucho lo que dice y calle lo que conviene. No vaya a ser que sea un traidor, un gafapasta, y le guste el cine francés.

Más cruel y despreciativo es el palabro perroflauta en el que ni siquiera hay persona, volviéndola invisible. Hay perro y hay flauta. El individuo es prescindible, es nada, es nadie, es no. No es. Es el lenguaje del éxito, el de los ganadores, los amos, los señoritos. Es el código de los Santos Inocentes. Milana bonita.

El despliegue de las baterías que escupen palabras envenenadas sirve para dividir. Pijoprogre, anarcojipi, comeflores, comepiedras, canis y chonis….
No significan nada pues no existe ninguna convención en su significado. Lo único en lo que podemos convenir es en que son marcadamente acusatorias, inquisitoriales, clasistas. En el más benévolo de los casos, peyorativas.

Quienes apuntan contra el feminismo, la cultura, el progresismo, las clases populares, el antimilitarismo, el anarquismo y la protesta tienen un nombre históricamente establecido con entrada en todas las enciclopedias del mundo.

Me sé todos los cuentos decía León Felipe. También sabemos, en eso consiste la cultura, el catálogo de explicaciones fraudulentas para dar carta de naturaleza a la ofensiva del lenguaje. No se refieren al feminismo bueno, el de la sección femenina, sino a una mujer de no sé dónde que dijo una vez no sé qué. No se refieren al anarquismo chipén sino a uno que fuma porros y produce poco. Chonis y Canis, vistos desde el barrio Salamanca, que gracioso, son quienes llenan los suburbios obreros.

Utilizar este lenguaje tiene muchos beneficios, por eso corre deprisa. Te sitúa inmediatamente en el bando ganador. Es el lenguaje de los fariseos: Te doy gracias señor porque no soy como los demás hombres, no soy como esos publicanos..

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