Viaje a la memoria histórica libertaria: Casas Viejas, enero de 1933

La Veranda de Rafa Rius

Si viajamos desde la ciudad de Cádiz hacia el NE, a unos 30 Km. en las hermosas y fértiles estribaciones de la sierra gaditana, secular feudo de la nobleza terrateniente de Medina–Sidonia y Medinaceli, en la vertiente que domina el valle del río Barbate y la laguna de La Janda, nos encontraremos con la población de Benalup–Casas Viejas.

Allí, el 11 de enero de 2013 se cumplen 80 años de la insurrección de un grupo de campesinos de la CNT y la matanza de más de 20 de ellos a manos de un destacamento de guardias civiles y guardias de asalto al mando del capitán Rojas. Como memoria y homenaje a todos los que lucharos y cayeron en defensa de sus ideales libertarios intentaremos recordar brevemente lo sucedido, a la luz de las últimas investigaciones y descubrimientos de documentos sobre el tema que nos ocupa.

Los hechos habría que situarlos en el contexto de la 2ª República Española en 1933, con un Gobierno Republicano-Socialista presidido por Manuel Azaña, claramente enfrentado a la CNT y al conjunto del movimiento libertario. Decía a la sazón Azaña: “Nosotros, este Gobierno, cualquier Gobierno, ¿Hemos sembrado en España el anarquismo? ¿Hemos fundado nosotros la FAI? ¿Hemos amparado de alguna manera los manejos de los agitadores que van sembrando por los pueblos este lema del comunismo libertario?”

Por lo que se refiere a la CNT, el Comité de Defensa Regional de Cataluña había retomado la idea de una Huelga General a propuesta de Joan García Oliver, dispuesto a poner en práctica la “gimnasia revolucionaria”, que consistiría en una acción insurreccional que impidiera la consolidación de la “República Burguesa”. La fecha elegida fue el 8 de enero de 1933. Al parecer, la insurrección no tuvo un seguimiento generalizado. El Ejército y la Guardia Civil tomaron posiciones estratégicas en los lugares donde se preveían desordenes y los dirigentes sindicales fueron detenidos. En algunas barriadas de Barcelona hubo choques entre anarquistas y fuerzas de orden público. Hubo huelgas, incidentes con explosivos y proclamaciones del comunismo libertario en algunas poblaciones de Aragón, como Robres y Bellver de Cinca, y Valencia, como Bugarra, Ribarroja, Bétera, Benaguacil, Utiel y Pedralba. En Pedralba murieron un guardia civil y un guardia de asalto durante la insurrección; cuando la Guardia Civil restableció la situación, pasó por las armas a diez paisanos.

Con respecto a Casas Viejas, un resumen de los hechos, con voluntad de ecuanimidad pero siempre revisable, podría ser este:

En la noche del 10 de enero y en la madrugada del 11, un grupo de jornaleros afiliados a la CNT, reunidos en el Ateneo Libertario -donde muchos de ellos habían aprendido a leer, escribir y luchar y desconociendo su aislamiento y el fracaso de la insurrección en otras localidades cercanas- había iniciado una insurrección. Proclamaron el comunismo libertario estableciendo la posesión comunal de la tierra, quemando el Archivo Municipal con los títulos de propiedad, repartiendo comida y enfrentándose a la Guardia Civil de la localidad. Por la mañana destituyeron al alcalde y rodearon, armados con escopetas y algunas pistolas, el cuartel de la Guardia Civil, donde se encontraban tres guardias y un sargento, invitándolos a rendirse. Ante su negativa, se produjo un intercambio de disparos y el sargento y un guardia resultaron gravemente heridos (el primero moriría al día siguiente; el segundo dos días después)

A las dos de la tarde del 11 de enero, un grupo de doce guardias civiles al mando del sargento Anarte llegaron a Casas Viejas, liberaron a los compañeros que quedaban en el cuartel y ocuparon el pueblo. Temiendo las represalias, muchos vecinos huyeron y otros se encerraron en sus casas.

Tres horas después llegó un nuevo grupo de fuerzas policiales al mando del teniente Gregorio Fernández Artal compuesto por cuatro guardias civiles y doce guardias de asalto. Inmediatamente comenzaron a detener a los presuntos responsables del ataque al cuartel de la Guardia Civil, dos de los cuales, después de ser torturados, acusaron a dos hijos y al yerno de Francisco Cruz Gutiérrez, apodado “Seisdedos”, un carbonero de setenta y dos años del sindicato de la CNT, y que se había refugiado en su casa, una choza de barro y piedra, junto a su familia. Al intentar forzar la puerta de la casa de “Seisdedos”, un guardia de asalto cayó muerto en la entrada y otro resultó herido. A las diez de la noche, empezó el asalto a la choza sin éxito.

Pasada la medianoche, llegó a Casas Viejas una unidad compuesta por cuarenta guardias de asalto, al mando del capitán Rojas, que había recibido la orden del Director General de Seguridad en Madrid, Arturo Menéndez, para que se trasladara desde Jerez y acabara con la insurrección, abriendo fuego “sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas”

El capitán Rojas dio orden de disparar con rifles y ametralladoras hacia la choza y después ordenó que la incendiaran. Dos de sus ocupantes, un hombre y una mujer, fueron acribillados cuando salieron huyendo del fuego. Seis personas quedaron calcinadas dentro de la choza entre ellos “Seisdedos”, sus dos hijos, su yerno y su nuera. La única superviviente fue la nieta de “Seisdedos”, María Silva Cruz, conocida como “la Libertaria”.

Hacia las cuatro de la madrugada del día 12, Rojas ordenó a tres patrullas que recorrieran el pueblo y detuvieran a los militantes más destacados, dándoles instrucciones para que dispararan ante cualquier mínima resistencia. Mataron al anciano Antonio Barberán Castellar, de setenta y cuatro años, detuvieron a doce personas y las condujeron esposadas a la choza calcinada de “Seisdedos”. Allí, en un pequeño corral, el capitán Rojas y sus guardias los asesinaron a sangre fría.

Poco después abandonaron el pueblo. La masacre había concluido. Diecinueve hombres, dos mujeres y un niño murieron. Tres guardias corrieron la misma suerte. Como consecuencia de los hechos numerosos vecinos sufrieron posteriormente torturas y encarcelamientos totalmente arbitrarios. La última víctima fue María Silva “La Libertaria”, nieta de Seisdedos y única superviviente de la matanza: en julio de 1936 la zona había quedado en manos de los sublevados fascistas, María vivía en Paterna, un pueblo cercano. Hasta allí fueron a buscarla, se la llevaron y la asesinaron. Hasta aquí los hechos.

Como en tantos otros casos acaecidos en un momento histórico tan convulso de la historia de España, existe una notable variedad de versiones e interpretaciones sobre lo ocurrido, algunas de ellas claramente contradictorias y elaboradas desde posiciones ideológicas apriorísticas que intentan que los hechos cuadren con lo que previamente ya se había decidido creer.

Un caso paradigmático de todo ello es el papel que jugó Azaña, presidente a la sazón de la coalición de gobierno en Madrid. Siendo sin ningún género de dudas el principal responsable político de la matanza, parece en cambio que no se enteró de la magnitud de lo sucedido hasta meses después de los sucesos, según se desprende no sólo de sus memorias, previsiblemente autocomplacientes, sino de las actas del juicio contra el capitán Rojas en la Audiencia Provincial de Cádiz, recientemente descubiertas. A pesar de las dudas fundadas de la autoría por parte de Azaña de la famosa frase: “Ni heridos ni prisioneros. Los tiros, a la barriga” lo que si que parece más que claro es su convencimiento a posteriori de que se había hecho lo correcto: “ No se encontrará un atisbo de responsabilidad en el gobierno. En Casas Viejas no ha ocurrido, que sepamos, sino lo que tenía que ocurrir. ( ) se levantan unas docenas de hombres enarbolando esa bandera del comunismo libertario, y se hacen fuertes, y agreden a la Guardia Civil, y causan víctimas a la Guardia Civil. ¿Qué iba a hacer el Gobierno?”

En el juicio subsiguiente fueron condenados a penas de prisión los principales responsables directos, no así ningún responsable político empezando por Azaña, que salió sin culpa pero muy erosionado políticamente. Posteriormente y de manera previsible, el capitán Rojas y el resto de los catorce asesinos condenados en Cádiz, fueron liberados por los sublevados fascistas en el 36 y lucharon desde el principio contra la República. En cualquier caso, en lo que coinciden distintos historiadores desde ópticas muy diversas, es en la importancia de los sucesos de Casas Viejas en el devenir de la 2ª República y en que supuso un punto de inflexión que denotaba de manera flagrante las contradicciones que la llevarían a su trágico final.

Hoy en día, casi todos los edificios de Casas Viejas son casas nuevas. En el lugar donde se levantaba la choza de Seisdedos, han edificado un hotel de lujo al que querían poner de nombre La Libertaria y que al final ha acabado llamándose Hotel Utopía. En el pueblo hay un pequeño pero muy interesante museo de la Prehistoria gaditana. Rubén, el amable joven que lo lleva, es también el encargado de hacer un recorrido por los lugares donde ocurrió la masacre de 1933. Los únicos edificios que quedan en pie de la época de los sucesos son la iglesia y junto a ella, el cuartel de la guardia civil. En la esquina de éste abre hoy sus puertas una pizzería.

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