La CNT, Amor Nuño y la revisión de la historia : Las acusaciones de Martínez Reverte y las ejecuciones de Paracuellos

Jesús Salgado

Las acusaciones de Martinez Reverte sobre Paracuellos no se sostienen. El periodista, novelista e historiador Jorge Martínez Reverte ha escrito un libro, un artículo y ha concedido varias entrevistas tratando el tema de la defensa de Madrid durante la guerra civil y los asesinatos de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz. El artículo, recordando las ejecuciones, fue publicado por El País el 5 de Noviembre de 2006, domingo, día de máxima difusión del periódico. La tesis central del libro y del artículo, aunque hay contradicciones entre ambos, es que los asesinatos fueron responsabilidad de la Federación Local de Madrid de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y de su secretario en aquellos momentos, Amor Nuño, quién en la tarde-noche del 7 de Noviembre de 1936, en una reunión secreta celebrada después de la constitución de la Junta de Defensa de Madrid, habría pactado la eliminación de los presos con los responsables de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) que detentaban la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid (es decir, Santiago Carrillo y su suplente José Cazorla). En diferentes páginas, Martínez Reverte atribuye directamente la responsabilidad de las muertes a Amor Nuño. Sin embargo, los hechos son tozudos y niegan la acusación de Martínez Reverte.

Multitud de documentos han mostrado hasta la saciedad la responsabilidad en estos asesinatos de las fuerzas comunistas y de las Juventudes Socialistas Unificadas y sus dirigentes. Hasta el presente, ningún libro o documento inculpaba a los anarquistas y a la CNT. Se sabe, por ejemplo, que las sacas de presos comenzaron en la noche del 6 al 7 de Noviembre y que la matanza de Paracuellos del Jarama comenzó antes de las 8 de la mañana del 7 de Noviembre de 1936. Ni la CNT ni las Juventudes Libertarias pertenecían todavía a la Junta de Defensa de Madrid, ya que se incorporaron a la misma en la tarde del día 7, como se demuestra en las actas de la Junta y, por lo tanto, no pudieron participar en las ejecuciones, puesto que se habían realizado antes de la supuesta reunión entre los anarquistas y los miembros de las JSU. Pero esto trae sin cuidado a Martínez Reverte, quien elabora una conjetura histórica y trata de adaptar los documentos y los hechos a tal conjetura, sin importarle la veracidad de los mismos. Tanto el libro como el artículo están plagados de errores históricos y tergiversaciones. Un simple ejemplo es que en el libro (pag. 246) dice correctamente que las Milicias de Etapas – que tenían asignados los controles de salida e Madrid- estaban al mando de la Consejería de Orden Público o de la de Guerra (la primera de la JSU y la segunda del PCE), pero en el artículo escribe “los comunistas necesitan a los libertarios porque estos controlan las Milicias de Etapas”. Con este cambio, la conjetura y la acusación parecen más robustas.

En los dos últimos años, en el libro y el artículo mencionados, Martínez Reverte implica a la CNT en tales asesinatos, basándose en un documento que dice haber encontrado en los archivos del Comité Nacional de la CNT que se encuentran en la Fundación de Estudios Libertarios `Anselmo Lorenzo’ de Madrid, (desafortunadamente, no indica ningún código de referencia de microfilm para poder cotejarlo). En determinados momentos de sus escritos, la implicación que quiere hacer Martínez Reverte va más allá del mero consentimiento de los anarquistas, hasta responsabilizar a la CNT de dichos asesinatos y decir que los anarquistas son los instigadores, descargando a las JSU de la responsabilidad de los mismos. Y para hacer esta labor acusatoria, Martínez Reverte se centra en la persona de Amor Nuño, joven de veinte años a la sazón y secretario de la Federación Local de Sindicatos Únicos de Madrid de la CNT durante los seis últimos meses del año 1936, con quien se ensaña. Según Martínez Reverte, Nuño sería el auténtico responsable de los asesinatos y a lo largo del libro y en los artículos le dedica todos los calificativos más denigrantes que puede conseguir. Lo califica como “anarquista de actitudes viscerales”, “mentiroso”, “cobarde”, “traidor”, “rodeado de hombres duros y violentos”, “desarbolador de controles”, “imberbe”, “poco cauto”, “imprudente” e, implícitamente, `asesino’. Para acabar de deshonrarle, afirma que Amor Nuño fue expulsado de la CNT y del movimiento libertario en Diciembre de 1936 acusado de traidor y fascista y que desapareció sin dejar rastro y sin que se haya sabido nada de él desde entonces debido al miedo que tenía por los asesinatos de Paracuellos. Siendo lo más curioso del asunto, que tal documento, que dice haber hallado Martínez Reverte y que transcribe en su libro, no contiene ni una sola prueba acusatoria contra Amor Nuño, ni siquiera menciona su nombre, y todo se basa en los supuestos que hace Martínez Reverte al leer el acta de la CNT : (1) identificar Federación Local (FL) con Nuño y (2) que el informe que está realizando el representante de la FL (no Amor Nuño) se refiere a un pacto secreto y no al informe sobre la reunión de la Junta de Defensa de Madrid que se había celebrado 8 horas antes. Además, no aporta ni una sola prueba de que militantes anarquistas participaran en las ejecuciones, pero esto no lo detiene en su afán difamatorio y revisionista.

La tergiversación de Martínez Reverte ha tenido ya efectos perversos. Por ejemplo, basándose en la obra de Martínez Reverte, el historiador Anthony Beevor, en su obra La Guerra Civil Española, menciona que la decisión de fusilar a los presos en Paracuellos se tomó el día 8 de noviembre, a las 10.30 horas, durante una reunión entre representantes de la Juventud Socialista Unificada y de la federación local de la CNT para llegar a un acuerdo sobre lo que había que hacer con los presos. Otros periodistas, como German Yanke (ABC, 12 Noviembre 2006) e historiadores como Javier Cervera (Época 24, 31 Diciembre 2006) han aceptado con algunas matizaciones la afirmación de Martínez Reverte, aunque a diferencia de éste no afirman que Amor Nuño sea el autor del acuerdo de la CNT con las JSU, ya que no aparece su nombre entre los asistentes, cosa que Martínez Reverte se empeña en afirmar. Incluso el periodista Rafael Cid, aun cuando menciona algunos elementos de crítica y contextuación, concede a Martínez Reverte el beneficio de la duda al afirmar que “siempre se ha caracterizado por el rigor y la profesionalidad de sus trabajos y del que personalmente tengo la mejor opinión”.

El interés de Martínez Reverte para trata de manipular los documentos, reescribir la historia e implicar a la CNT es desconocido en este momento, pero se parece en mucho a la fórmula de Agit-Prop durante la guerra civil, amparado en una aparente imparcialidad y objetividad. Lo de Beevor, al ser un historiador profesional, es muy grave ya que indica que no se ha tomado el tiempo necesario para examinar detenida y cuidadosamente las afirmaciones esparcidas por Martínez Reverte a lo largo del libro, poniendo al mismo nivel trabajos concienzudos como el del libro de Ian Gibson y trabajos descuidados como el de Martínez Reverte.

Es fácil demostrar que Martínez Reverte falsea la historia en los tres aspectos esenciales que hemos mencionado : (1) expulsión de Amor Nuño y huida de éste ; (2) su presencia en la reunión de la CNT y (3) la existencia de un pacto secreto. Por lo que se refiere a la primera acusación, es totalmente falso que Amor Nuño hubiera sido expulsado del movimiento libertario en Diciembre de 1936 acusado de fascista y traidor y que, como escribe Martínez Reverte “desaparecerá sin dejar rastro una vez abandonada su responsabilidad de la Junta Delegada de Defensa. Su enfermedad real es el miedo. Un miedo muy razonable.” Por ejemplo, en abril de 1937 fue elegido (por la Regional Centro) para el secretariado de la Federación Nacional de la Industria de Transportes y el 4 de Mayo de 1937 fue detenido en Barcelona junto con otros militantes de la CNT durante las famosas “Jornadas de Mayo”. Por tanto, Nuño seguía teniendo puestos de responsabilidad en la CNT en 1937. En Marzo de 1939 se encuentra en el puerto de Alicante con miles de cenetistas, de donde fue llevado al campo de concentración de los Almendros y al de Albatera, junto con el secretario de las Juventudes Libertarias y el director del periódico “Castilla Libre”, entre otros. Es verdad que desparecerá a finales de Junio de 1939, pero por ser asesinado, destrozado mediante palizas, por las fuerzas franquistas en el Ministerio de la Gobernación en Madrid. Tanto Eduardo de Guzmán en su libro `Nosotros los asesinos’ como José Leiva en el suyo titulado “Memorias de un condenado a muerte” dan cuenta de la muerte de Amor Nuño en Gobernación. Por tanto, ni Amor Nuño era un cobarde, ni fue expulsado del movimiento libertario ni huyó sin dejar rastro, simplemente ocurre que Martínez Reverte está indocumentado. No ha leído el libro de De Guzmán, ni el de Leiva, ni tampoco las memorias de García Oliver, relevantes para el presente caso, por ser el ministro de Justicia en aquellas fechas o las de Cipriano Mera, también importantes en este asunto.

Con respecto a la segunda acusación -la presencia de Amor Nuño en la reunión del Comité Nacional de la CNT- tal acusación carece de fundamento, aunque a Martínez Reverte le sea indiferente. El análisis del acta de la reunión del Comité Nacional de la CNT indica que participaron once personas en la misma, cuyos nombres van apareciendo desgranados a lo largo de la misma, pudiéndose identificar fácilmente las representaciones que ostentaban en la reunión, si uno se toma la molestia de leer detenidamente y con cuidado. El nombre de Amor Nuño no aparece en el acta porque, simplemente, no participó en dicha reunión. La representación de la Federación Local en aquella reunión la llevaba Enrique García. A pesar de esto, Martínez Reverte insiste en la presencia de Amor Nuño

Con respecto a la tercera acusación, antes de demostrar su falsedad, es preciso señalar que la reunión secreta no se celebró, que sólo es una creación de la mente de Martínez Reverte. Hay dos libros que muestran que a la hora en que según Martínez Reverte se produjo la reunión secreta, Carrillo estaba en una entrevista con el diplomático Felix Schlayer, quien lo cuenta en sus memorias publicadas en 1938 (tampoco consultadas por Martínez Reverte) y es primera persona que puso al descubierto los asesinatos de Paracuellos, y que Amor Nuño estaba en una reunión con Gregorio Gallego, quien ya en el año 1976 lo contó en su libro “Madrid, corazón que se desangra”. Es otra indicación de la falta de documentación de Martínez Reverte. El análisis del contenido del acta de la reunión de la CNT junto con las informaciones aportadas por Aróstegui y Martínez sobre el contenido de los temas tratados en la reunión de la Junta de Defensa que se realizó en la noche del 7 al 8 de Diciembre, posterior a la de constitución de la Junta de Defensa, permiten identificar claramente que lo que estaba haciendo el representante de la Federación Local en la reunión del Comité Nacional de la CNT era presentar el informe de la reunión de la Junta de Defensa de Madrid que había finalizado ocho horas antes del comienzo de la reunión cenetista. Por tanto, la información aportada en esta última reunión era concerniente a las propuestas realizadas en la Junta de Defensa presidida por el general Miaja y en la que estaban presentes los partidos Izquierda Republicana, Unión Republicana, PSOE, Partido Sindicalista, Partido Comunista y Juventudes Socialistas Unificadas y las organizaciones UGT, CNT y Juventudes Libertarias (la FAI no estaba representada en la Junta de Defensa). Que todos los partidos y grupos eran conocedores de esta información lo demuestra el hecho de que tres días después -en el acta de la Junta de Defensa del día 11 de Noviembre de 1936- Caminero, el representante del Partido Sindicalista, pregunta a Carrillo si ya se han evacuado los presos y Enrique García (CNT) propone que se trasladen con seguridad exterior. Así pues, no hay ningún acuerdo privado y secreto entre CNT, Juventudes Libertarias y JSU como quiere ver Martínez Reverte. Además, como ya se ha indicado, las matanzas de Paracuellos ya se habían efectuado, incluso antes de la supuesta reunión “secreta”.

En conclusión, el acta que encontró Martínez Reverte, de la reunión mantenida por el Comité Nacional de la CNT con los miembros de la FL de Madrid y de la Regional Centro, aporta una información histórica valiosa sobre el contenido de los temas tratados en la segunda sesión de la reunión de la Junta de Defensa de Madrid del día 7 de Noviembre y que finalizó a las dos y media de la madrugada del día 8 de Noviembre. Decían en 1984 los historiadores Aróstegui y Martínez que de tales acuerdos no había constancia. Ahora, gracias a los archivos de la CNT se sabe algo más del contenido de los mismos, aunque falta también información complementaria importante, por ejemplo la referida a cómo la Junta iba a proceder a las ejecuciones de los presos fascistas y peligrosos, si sabían que ya se habían producido ejecuciones masivas (es de suponer que no lo sabía la mayoría de las organizaciones entre ellas la CNT, habida cuenta del nombramiento de Melchor Rodríguez y sus reacciones, aunque sí las JSU y Miaja por haber sido informados por Felix Schlayer), o si delegaron en la Consejería de Orden Público la selección de los presos.

En cualquier caso, queda demostrado que, en contra de lo sostenido por Martínez Reverte, la CNT no participó ni activa ni pasivamente en tales ejecuciones, que Amor Nuño no hizo ninguna reunión secreta con los delegados de las JSU, que Amor Nuño no fue expulsado del movimiento libertario, sino considerado uno de los miembros más destacados en la región centro hasta el final de la guerra y que Amor Nuño no fue ningún cobarde que huyó sin dejar rastro, sino que fue asesinado en los calabozos del Ministerio de la Gobernación en Junio de 1939, a la edad de veintitrés años. Así pues, la labor revisionista de Martínez Reverte, como otras de distinto signo, es insostenible documentalmente.

Llama poderosamente la atención que Martínez Reverte, afirmando que se celebró tal reunión secreta, no haya entrevistado en todos estos años al único superviviente de dicha Junta de Defensa e hipotético participante en la reunión entre las JSU y la CNT : Santiago Carrillo. Es inexplicable tanto desde el punto de vista periodístico como desde el punto de vista de historiador que no haya preguntado a Carrillo si se celebró tal reunión y cómo interpreta la información que aparece en las actas del Comité Nacional de la CNT. Sin esa entrevista, debió matizar mucho sus acusaciones.

Como coda final, creo que en el trabajo de Martín Reverte falta la lectura y análisis de importante documentación histórica, en especial la que proviene del movimiento libertario, y que sobran las licencias literarias que se permite en relación con la CNT y los anarquistas (véase, por ejemplo la pagina segunda de su libro donde dice literalmente que “los cafés de Madrid están servidos por dirigentes de la CNT emboscados desde hace años como camareros de esmoquin y frecuentados por putas de tres al cuarto que quieren contar que son milicianas y que vienen a pelear contra los requetés de Mola que presionan en la Sierra”). Dada la labor de deshonra que ha hecho sobre Amor Nuño, una rehabilitación pública, por su parte, de la figura de Nuño sería especialmente recomendable, sobre todo si se piensa en la loa que Martínez Reverte dirige a Santiago Carrillo, de quien dice “él [Santiago Carrillo] y el comunista Fernando Claudín se han convertido en dos piezas esenciales de la resistencia contra el asalto de los franquistas”. ¿Será posible unas rectificación ? Es difícil responder.

5 comentarios sobre “La CNT, Amor Nuño y la revisión de la historia : Las acusaciones de Martínez Reverte y las ejecuciones de Paracuellos

  • el 2 octubre 2012 a las 14:02
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    PARACUELLOS:TEXTO Y CONTEXTO

    Estimado Jesús:

    Ante todo felicitarte por tu artículo contra los errores, inexactitudes, falacias e intoxicaciones históricas que contienen los trabajos de Jorge Martínez Reverte sobre el “caso Paracuellos”.

    No obstante, permite que discrepe del sesgo que de una cita mía al respecto se hace en él, y que estimo no sólo fuera de contexto sino que puede dar pábulo a una falsa interpretación de lo que ha sido siempre mi postura pública ante esos textos insidiosos, como puede comprobarse tanto en la “hemeroteca como en la fonoteca” de Radio Klara. Posición que desde el primer momento también fue de denuncia y refutación documentada de esa teoría negacionista sobre la responsabilidad de Santigo Carrillo, Fernando Claudín y Serrano Poncela en la matanza de Paracuellos el 7 de noviembre de 1936. Me consta que te consta.

    No necesito recordar que, quizás, fui yo una de los primeras personas que a los pocos días de aparecer el artículo de Martínez Reverte en El País, en noviembre de 2006 (no semanas, ni meses, ni años después), publicó un trabajo de respuesta (al que luego siguieron otros más) con abundantes datos y referencias (Eduardo de Guzmán, Claudín, Gregorio Gallego, etc.) mostrando la inconsistencia del argumento del novelista metido a historiador y antiguo destacado militante del PCE Martinez Reverte. Es más, en ellos hice notar la incongruencia de que, siendo como había sido el autor de esas falaces acusaciones amigo íntimo hasta su fallecimiento de Fernando Claudín, el alter ego de Carrillo en la Junta de Defensa, no hubiera en su escrito-revelación ni una palabra sobre la experiencia de Claudin al respecto (seguramente por la omertá que Carrillo siempre urdió sobre los que como él habían formado parte de aparato de eliminación de opositores durante la guerra y de sus propios camaradas que luchaban en el interior contra Franco cuando ambos estaban acogidos a la “hospitalidad” de Stalin en la URSS)

    Por tanto, no confundamos. Uno cosa es que yo haya escrito que el Martínez Reverte que conocí y traté durante el franquismo y la transición se caracterizó hasta entonces por su profesionalidad como periodista y novelista, y otra muy distinta que esa frase previa, usada para mostrar el contraste entre un antes y un después, sacada fuera de contexto, pueda insinuar la mínima aceptación o condescendencia por mi parte con su peregrina y tendenciosa tesis. Mi postura ha sido siempre clara, rotunda, sin disimulos y radical. Pero eso no obsta para que nunca, ni en este ni en ningún otro asunto, se me pida que aparte del rechazo intelectual tenga que hacer una descalificación ad hominen, forzada y sobrevenida, de aquellos que ideológicamente considero adversarios. No es mi estilo ni lo será. La cita que recoges en tu bien documentado trabajo pretendía, en espíritu y letra, significar las hipotecas y prejuicios con que Martinez Reverte se había acercado al tema para, en línea con la hagiografia de la “modélica transición” que cultivan los sectores progresistas aliniados con el Grupo Prisa, contribuir a reescribir el oscuro pasado de Santiago Carrillo (como ha hecho El País hasta la levitación al glosar su reciente muerte)

    Termino. Paracuellos fue obra de Carrillo y de su séquito para mandar un “regalo de aniversario” a Stalin y sus comisionados en la guerra de España. Por eso la matanza se ejecutó ¡el 7 de noviembre, aniversario de la Revolución Rusa! Una práctica criminal que luego se repetiría por el PCE y entorno con Camilo Bernerí y Andres Nin en 1937, entre otros, y que persistió con macabra cadencia cuando Carrillo y sus secuaces sentaron plaza en Moscú, creando un auténtico aparato de exterminio y delación contra aquellos que no se sometían a sus dictados (Heriberto Quiñones, Gabriel León Trilla, Luis Montero “Sabugo”, Jesús Monzón, etc.). Por más que el diario El País, del que es colaborador habitual Martínez Reverte, haya intentado siempre blanquear esos siniestros antecedentes de uno de los “padres de la transición” en agradecimiento a los servicios prestados por Santiago Carrillo y toda la dirección del PCE en 1977, al apoyar el restablecimiento de la Monarquía del 18 de Julio en la persona del Rey designado por el dictador.

    Circunstancia esta que ha llegado hasta el límite del despropósito y la infamia en la tribuna de opinión firmada por Ángel Viñas, Paul Preston, Fernando Hernández y José Luis Ledesma (“Puntualizaciones sobre Paracuellos”), publicada el pasado 21 de septiembre por dicho periódico, donde se tildan las acusaciones contra Carrillo de “canon franquista”, se insiste en la complicidad de “los anarquistas más bien como auxiliares” en esos crímenes y se comete la canallada de nombrar a Juan Garcia Oliver, entonces ministro de Justicia, como “el expistolero cenetista”.

    Ha sido y es ese certero blindaje ex post del aparato tardofranquista a Carrillo lo que impide aún hoy conocer oficialmente aquellos terribles hechos. Pero no se pueden poner puertas al campo. Tuvo que ser precisamente otro de los intelectuales orgánicos de El País, Jorge Semprún, quien en una entrevista a ese medio semanas poco antes de fallecer rasgara el velo de la omertá carrillista y pusiera en su sitio la figura camaleónica del político mimado por Martín Villa y asociados. Transcribo las expresiones de Semprún que recogió El País el 19 de diciembre de 2010:
    “Le pregunto si ha cambiado su consideración hacia Carrillo. No hay titubeo. “Ha cambiado -afirma Semprún- en el sentido de que es todavía peor que antes. Todavía peor que cuando él era dirigente y nos enfrentamos. Carrillo tiene un problema con la historia. Es un dirigente inteligente; hoy es un padre de la patria, pero tiene un bloqueo de la memoria total. Hay una época, desde 1944 hasta 1948, de la que él no quiere hablar. Es la época en la que él, con otros, con Uribe y con Pasionaria, reconquista el poder en el PCE. Reconquistan el poder en el partido a base de la eliminación física o política de todos los que han dirigido el partido. Esos son los tres años de los cuales no se puede hablar con Carrillo”.

    Y hay un episodio que Semprún relata según le ha contado Carrillo: cuando en una reunión de este con Stalin, el dirigente soviético le sugiere que los comunistas creen en España lo que luego serían las Comisiones Obreras. “¿Dónde están las masas en España?, le pregunta Stalin. ‘En los sindicatos verticales obligatorios’. ‘Pues trabajen ahí…’. Stalin inventó la táctica de Comisiones Obreras… Y eso Carrillo no lo quiere recordar porque fue una iniciativa de Stalin que él no quiere reconocer por razones complejas, incluso por buenas razones, pero que le quitan a él protagonismo. La táctica no la inventó él, la inventó Stalin”.

    Un abrazo

    Rafael Cid

  • el 4 octubre 2012 a las 18:49
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    Los mataron porque eran SUBLEBADOS al orden constitucional y SOBRE TODO porque al entrar en la península los FASCISTAS SUBLEBADOS practicaron lo que se conoce como tierra quemada hasta el final de la guerra: asesinaban y violaban como si fueran putos perros -incluida la fuerza mora-. Aquí en Valencia hay una tumba con 26.000 almas -se dejo de asesinar cuando HITLER perdio la guerra- que la alcaldesa de Valencia dice que no existe. Yo hubiera hecho lo mismo que se hizo con los de paracuellos pero sin gastar balas, a deguello….

  • el 8 octubre 2012 a las 13:28
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    Lo que dice Ernesto me parece apología del genocidio. Y con ello tampoco justifico los desmanes del otro bando, ojo. Todas las barbaridades me parecen iguamente condenables, las haga quien las haga.

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