Cuentas pendientes (la otra memoria histórica)

La Veranda de Rafa Rius

“Qui perd la memòria perd la identitat” – Raimón Pelejero

Hace algo más de un mes la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Argentina, solicitó a la jueza Servini, encargada del caso de la denuncia por crímenes contra la humanidad, que se trasladara a España para tomar declaración a los testigos de la masacre franquista. Es altamente improbable que ningún gobierno español autorice semejante atentado contra la llamada soberanía nacional, aunque sí permitieran en cambio las acciones judiciales contra Pinochet o la dictadura militar argentina. Incongruencias como ésta, a las que tan acostumbrados nos tienen nuestros políticos, no pueden ocultar la denodada realidad de las cifras frías: 113. 000 desaparecidos, 30. 000 niños robados, 2. 500 fosas comunes por abrir, están ahí para impedir el olvido y recordarnos a todos que mientras esa iniquidad persista, el franquismo seguirá entre nosotros a pesar de algunos intentos apresurados e hipócritas de maquillar la realidad:

A última hora y con las elecciones perdidas por goleada, a los compañeros socialistas les entraron las prisas. ”¿Qué hacemos con la momia de Franco? Habría que sacarla de la cripta y endilgársela a su familia. Deberíamos convertir El Valle de los Caídos en un centro de interpretación de la memoria histórica y de recuerdo a los muertos de ambos bandos…”

Pero ¿Què caídos ni que hostias? Semejante mamotreto kitsch nunca podrá ser otra cosa que un monumento a mayor gloria de los sublevados fascistas que no merece un mejor destino, en aras de la justicia histórica y el buen gusto arquitectónico, que la piqueta y la dinamita.

Los decrépitos barracones del campo de Auswitch nos recuerdan el horror y la iniquidad del holocausto nazi para que nunca más. En cambio, el adefesio levantado en medio de la sierra de Guadarrama con el sudor y la sangre de los perdedores esclavizados, siempre será un recordatorio de la victoria del fascismo en España y su pervivencia hasta nuestros días.

Y de ambos bandos nada, en el maldito Valle nunca podrá descansar en paz ningún luchador antifascista por mucho que nos vengan con el cuento del perdón y la reconciliación.

Parece que el viejo dictador asesino, como El Cid, sigue ganando batallas después de muerto.

En un contexto tal que así, hablar de memoria histórica resulta poco más que un chiste patético. La memoria histórica es bastante más que un montón de pedruscos de granito manchados con la sangre de tantos obreros torturados.

Por otra parte, más allá de tanta muerte, hay muchas memorias históricas que tal parece que hayan sido pasto del olvido…

“¿Dónde están las nieves de antaño” “la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores?” “¿Quién me ha robado el mes de abril?”… y el de mayo, y el de junio, y el de julio… sobre todo el de julio, con sus noches breves e inacabables de panochas y amores asados a las brasas… Porque la memoria histórica es también la de tantas y tantas memorias personales, es mi memoria histórica, y la tuya, y la de ella.

¿Adónde fueron a parar todos los besos robados a golpe de tijera, tantos pecados inventados por curas miserables de sotana parda y caricias obscenas, tantos pecados de entrepierna, tolerados comprensivamente en los hombres y fuente de escarnio público y hasta prisión para las mujeres? ¿Qué se hizo de la Ley de Vagos y Maleantes aplicada con sadismo vergonzante a las personas que amaban personas de su mismo sexo? ¿Qué se hizo de la Formación del Espíritu Nacional, la Sección Femenina, La Organización Juvenil Española, la asquerosa leche en polvo yanqui y el amarillento queso de sebo en las mañanas escolares de escarcha, en posición de firmes, ateridos y con el brazo tieso al frente, cantando el Cara al Sol mientras levantaban la inmunda bandera? ¿Dónde se habrá metido la señora Francis y su apestoso consultorio sentimental, dónde el Diario Hablado de Radio Nazional de España con sus sartas de mentiras de obligado cumplimiento? ¿Qué se hizo de tantas películas, y tantos libros, tantos programas radiofónicos y televisivos ahogados en océanos de caspa?

Piezas innumerables de un mosaico macabro del que no se suele hablar en los sesudos libros que pretenden analizar la Historia.

Porque una dictadura tan sangrienta como la que nos tocó vivir tiene antes que nada, cuentas pendientes con sus miles y miles de asesinados, torturados, represaliados, exiliados… Pero también tiene cuentas y cuentos pendientes con tantos niños y adolescentes a los que nos amargó la vida, una vida que marcó e hipotecó para el resto de nuestros días y eso no hay Ley de Memoria Histórica que lo remedie.

Que a estas alturas, unos cuantos políticos arbitrariamente autocalificados como demócratas quieran lavar su mala conciencia con una pomposamente denominada Ley de Memoria Histórica, que no va más allá de intentar poner nombre a los restos de unas cuantas víctimas del terror franquista enterradas en fosas comunes, y que los neofascistas demócratas de toda la vida –los mismos perros con distintos collares- se nieguen alegando la necesidad de mirar hacia delante y olvidar un pasado que los retrata, no pasa de ser un patético sarcasmo que merecería otro tipo de respuesta más contundente si nos quedara una gota de roja sangre en las venas.

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