El dinero, imbéciles

Abel Ortiz

Que estamos hablando de pasta gansa se puede disimular de muchas maneras. Mareando con el fútbol, truculentos asesinatos, ETA, o la última novela del reportero Tribuelete, se consigue un centrifugado; una vez desnortada la perdiz, volvemos al puesto de salida.

El dinero es la cuestión. Lo demás es literatura. Lo sabían Marx, y Bakunin, lo sabían Voltaire y Rousseau, lo sabían Hansel y Gretel, lo sabían Ortega y Gasset y, nunca tuvieron la más mínima duda, ni siquiera metódica, los parias de la tierra que siempre se han comido los mocos a cucharadas soperas viendo pelar langostinos a la duquesa de Alba, los de la boda del Escorial, los Bonos de la Mancha o similares seres superiores, todos ellos filántropos y pedagogos con Nóbel, honoris causa y lo que haga falta.

Sin dinero han salido a la calle millones de personas en todo el mundo. Sin marcas comerciales, sin fundaciones, sin créditos, sin subvenciones. Ni un duro. Ni un puto euro. Sin dinero se ha desafiado, educadamente, al capitalismo mundial. Sin dinero, sin presupuestos, sin tesoreros, se planta cara a los teóricos, todos forrados, de la miseria colectiva como único medio para mantener su estatus. El poder del dinero no es dudoso. Lo compra todo. O casi. Por ese casi, se llena el planeta de revolucionarios.

Estos revolucionarios no tienen rizados los pelos de los cojones, esa exigencia del régimen franquista y sus abducidos para dar categoría de enemigo a quienes despreciaban por no haber nacido con un cartucho en la boca. Ahora los pelos de los cojones, o los del coño, son de colores, las ingles, brasileñas. Estos revolucionarios tímidos se acabarán enfadando. Entonces les llegarán las hostias llovidas del cielo, mucho más que hasta ahora, como dios manda, con eso que Quino llamaba el palito de abollar ideologías.

Y volverá la moda de las permanentes.

Exigen, los del bunker Aznar-Girón, para enfrentarse a esta patulea de organizaciones económico-mafiosas, certificado de héroe. Hay que estar dispuesto a todo, a echarse al monte, a la tortura, a la cárcel. De otra manera no eres más que un nini, un despreciable perroflauta. Interesa desmontar esta patraña. Para estar harto de la situación actual solo hace falta tener dos dedos de frente, no un currículo de haber estado con el Che en Bolivia o con Durruti en Bujaraloz. El hecho de robar dinero al público, pues eso y no otra cosa son los recortes, para tapar los agujeros negros de los estrategas de Washington y de los gurús de la escuela de Chicago, está muy feo.

Y pretender cobrar a la gente lo que exigen bancos y gobiernos para cuadrar sus delirios es pura extorsión. Esto lo sabe hasta el cerebro más derretido, barroso o no, de sur a norte, de este a oeste.

La gran pregunta retórica que repiten los estafadores, los militares, los curas, los políticos, los medios y los mediopolíticos es ¿Qué quieren estas gentes? ¿Qué piden? La respuesta ya la conocen. El dinero, imbéciles.

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4 pensamientos en “El dinero, imbéciles

  1. Xusa

    Me encanta volver a disfrutar de tu filosofía. Te echo de menos en la radio.
    Espero que te vaya todo lo mejor posible.
    Salud.

  2. perritrombón

    jeje, me encanta, estoy hablando con Abel Ortiz, eres un crack en términos de furbol que es lo que la peña entiende y me gusta tu lógica, y lo claro que me lo haces ver, te has convertido en mi dios (junto con berto romero) y que sepas que estuve buscando tu pista durante largos meses y que me moló mucho oirte de nuevo esta semana presentado por manolo y que además dijese lo que yo intuía, que había preguntado peña por tí, que la visión del día sin tí, como diría alejandro sanz desde su paraíso fiscal, no es lo mismo. un beso sin mariconadas y fuerza para este año y como decís vosotros, salud y si puede ser forsa al canut, y leña al mono, camps la pasta de los trajeeeeesss. chao

  3. Abel

    jejeje, un perritrombón nada menos….¡mi especie favorita¡
    Que sepas que aquí, en el Olimpo’s, tengo a Berto Romero de pareja de mus. Te advierto que ser dios ya no es lo que era. Ahora no te queda ni paro. A kiss is just a kiss, cantaba Sam. Salud.

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